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27 julio 2021
Sergio Sarmiento
Columnas

SIN CONFINAMIENTO

“Son muchos los errores que se han cometido en el esfuerzo contra la enfermedad”.

Sí, estamos en una tercera ola. Las infecciones de Covid-19 se multiplican en México y en muchos lugares del mundo. Esto es en parte producto del surgimiento de nuevas cepas, pero también del hecho de que el coronavirus no desaparecerá como por arte de magia.

Es muy relevante que el subsecretario de Salud Hugo López-Gatell, el mismo que impulsó la Jornada Nacional de Sana Distancia que paralizó la economía en marzo y abril de 2020, reconozca que ya no es posible cerrar nuevamente el país. “Tenemos una sociedad cansada, fatigada de tener estos largos meses de epidemia —admitió—. Lo que uno le puede pedir a la sociedad en términos de reducción de movilidad no es lo mismo hoy que lo que era en febrero de 2020… No olvidemos que más de la mitad de la población de México vive en condiciones de pobreza y no podemos forzar las cosas y que la gente siga sufriendo la adversidad social y económica; tiene consecuencias económicas generales para el país y también no es conveniente forzarlo”.

Por supuesto que no es conveniente forzarlo. Esa debió haber sido la lección desde un principio. El gobierno de México, a instancias de López-Gatell, impuso un confinamiento estricto que se programó inicialmente por cuatro semanas pero se extendió por dos meses y continuó después, aunque matizado, al grado de que aún hoy se mantienen algunas restricciones.

Lo peor de todo es que ese confinamiento no sirvió para reducir la expansión o los daños del coronavirus. México ha tenido uno de los peores desempeños en el mundo en la lucha contra la pandemia.

Son muchos los errores que se han cometido en el esfuerzo contra la enfermedad tanto en México como en el mundo. Gastamos demasiado esfuerzo y recursos en soluciones sin sentido, como los tapetes desinfectantes. Si bien en un principio se pensó que el Covid se contagiaba por contacto, por ejemplo, de las manos, como la influenza, hoy sabemos que la mayor parte de las infecciones son por aire. Por eso las mascarillas han sido tan eficaces para frenar los contagios.

Aprender

Las vacunas se desarrollaron con una enorme rapidez, en parte porque las autoridades sanitarias estuvieron dispuestas a levantar temporalmente muchos de los obstáculos burocráticos para crearlas y producirlas. En nuestro país, a pesar de las dudas iniciales y las dificultades logísticas, se logró un buen sistema de vacunación.

Sin embargo la tercera ola recalca que esta pandemia no desaparecerá tan rápido como la de influenza AH1N1. Necesitamos aprender a vivir con ella. El que una persona haya tenido la enfermedad o haya sido vacunada no significa que no se vaya a contagiar en el futuro. Son cada vez más los casos de infección de quienes han padecido el Covid o han sido inoculados. Pero eso no significa que debamos cerrar nuevamente la economía, una acción que en el pasado destruyó recursos sin limitar la difusión de la enfermedad.

Tanto las vacunas como las mascarillas ayudan a bajar los contagios o a hacerlos más leves. Aunque hemos visto un incremento de las infecciones, las cifras de muertes son mucho más bajas que en las dos primeras olas. Con el tiempo los humanos desarrollaremos resistencia al coronavirus, como la hemos generado a otras enfermedades contagiosas en la historia. Hoy podemos seguir vacunándonos y usando mascarillas, pero no regresar al confinamiento forzado que tanto daño nos hizo en 2020.