CARLOS MONCADA: UNA VISIÓN CRÍTICA DE LA HISTORIA CULTURAL DE SONORA

“Además de ser un autor y reportero riguroso es un hombre curioso”.

Carlos Moncada
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Desde hace 72 años Carlos Moncada Ochoa (Ciudad Obregón, 1934) ejerce el periodismo. Su bibliografía ronda los 50 títulos, pero quizá su proyecto más ambicioso hasta ahora es La saga de la cultura sonorense 1831-2020 (Secretaría de Educación y Cultura/Instituto Sonorense de Cultura), magna obra que consta de doce libros agrupados en cuatro tomos.

Los títulos se presentaron el viernes 20 en el marco de la Feria Internacional del Palacio de Minería, que en esta edición tiene a Sonora como el estado invitado de honor.

“Es un proyecto que nació con naturalidad. Mi fuente siempre ha sido la cultura y debo decir que tuve ensayos previos. En 1997 publiqué Sonora bronco y culto, donde hablo de los avances en el área más o menos en el mismo lapso, pero de manera muy sintetizada”, explica en entrevista.

Otros antecedentes se ubican en investigaciones previas sobre ópera, teatro y escultura. Y es que Moncada Ochoa, además de ser un autor y reportero riguroso, es un hombre curioso. “Siempre he tenido la costumbre de ir a exposiciones, conciertos, funciones de teatro y danza, guardo todos los programas de mano. Además, escribía reseñas para los periódicos y guardé algunas. Para los periodos que no pude cubrir acudí a las fuentes hemerográficas”, agrega.

La razón por la que el punto de partida es 1831 obedece a que fue el año en que se concretó oficialmente la separación del entonces Estado de Occidente en dos nuevas entidades federativas: Sonora y Sinaloa.

Su revisión y análisis traza también una mirada panorámica sobre la historia social y política del estado a tal punto, que funciona, además, como una evaluación de los distintos mandatarios de la entidad. En este sentido, su repaso es crítico en la mayoría de los casos. “En cuestiones culturales al actual gobierno estatal le ha faltado mucho; es como la mayoría: cree que lo grandote es lo más importante”, apunta. Y puntualiza: “Aumentó a 250 mil pesos los montos del Concurso del Libro Sonorense, lo cual es un desacierto, porque si bien premia mejor a los escritores, descuidó a los bailarines, pintores o músicos”.

Cambio de panorama

La investigación deja ver cómo el desarrollo cultural ha ido de la mano con el progreso tecnológico. “Durante la segunda mitad del siglo XIX solo había una imprenta en el estado y era del gobierno. En 1842 un particular la compró y el panorama empezó a cambiar porque si bien en algunos municipios grupos se reunían a cantar o declamar, no había un desarrollo masivo de la cultura. Para principios del siglo XX los periódicos ya tenían linotipos y se convirtieron en diarios. A mitad del siglo XX había pocos novelistas; quizá nuestro escritor más famoso sea Edmundo Valadés, quien nació en Guaymas”.

Un punto de quiebre fue Luis Encinas, quien ocupó la gubernatura del estado de 1961 a 1967, después de haber sido rector de la Universidad de Sonora. “Su periodo fue importante porque aun desde la gubernatura continuó apoyando los programas culturales de su sucesor en la universidad. Encinas era un hombre culto. Al final de su sexenio contrató cuatro óperas y alcanzó a presentar dos. Su sucesor, Faustino Félix Serna, era el típico bronco sonorense, pero presentó las óperas pendientes y dio continuidad a la Orquesta Sinfónica del Noroeste”.

Cultura sonorense

Aquí Moncada abre un paréntesis para hablar del director de orquesta Luis Ximénez Caballero, a quien dedica buena parte del libro sobre música. “Fue un héroe; formó una orquesta que hacía temporadas en las dos Baja California, Sonora y Sinaloa; a cada estado nos tocaban dos temporadas. No había carretera de cuatro carriles, solo había dos y viajaba en camión de pasajeros”.

En su repaso sexenal hay quienes pasan con más pena que gloria, entre ellos Carlos Armando Biébrich, quien “estuvo 25 meses en el poder y su saldo en materia de cultura fue cero: estaba muy ocupado robando. Lo sustituyó Alejandro Carrillo Marcor, quien fundó la Casa de la Cultura y un kiosco del arte; hizo poco porque la situación no estaba para hacer mucho”.

No menos grises, precisa el periodista, fueron Guillermo Padrés Elías, quien “casi no hizo nada, acaso tuvo el vicio de cambiar las estatuas de lugar”, y Armando López Nogales, que “se echó al plato un programa de becas”.

Aciertos

Con mejor desempeño destaca Samuel Ocaña. “Tuvo una buena labor; con él nació el Festival Alfonso Ortiz Tirado en Álamos, que al principio era una velada y después subió a tres días de actividades. Creó Radio Sonora y programas de becas para jóvenes del estado”.

En la misma línea coloca a Manlio Fabio Beltrones, quien invitó al propio Carlos Moncada para la titularidad del Instituto Sonorense de Cultura. “Beltrones iba a los eventos como público, no para lucirse. Si no había presupuesto para alguna de mis propuestas, me asignaba los recursos que hicieran falta y gracias a eso conseguimos que el Festival Alfonso Ortiz Tirado se extendiera a nueve días. Claudia Pavlovich, quien contó con su apoyo, mantuvo lo que había”.

Luego de su análisis, Moncada Ochoa reconoce y ubica pendientes dentro del desarrollo cultural sonorense. “No se trata de inventar nada nuevo. Hay una Orquesta Filarmónica, hace falta mandarla de gira, buscar nuevos elementos. Fue creada por Eduardo Bours, quien además hizo MUSAS, Museo de Arte Sonorense, y un Museo de Historia en Ciudad Obregón. De la Universidad de Sonora salen cantantes, pintores y músicos. Arquitectura tiene su propia escuela aparte y Letras Hispánicas, departamento. Es decir, hay talento y artistas, pero falta apoyo por parte de los presidentes municipales, por ejemplo, encargar esculturas públicas a jóvenes”.

Concluye que es casi inevitable el uso político de la cultura y precisa que incluso no está mal, siempre que venga acompañado por una política pública. “No importa que se paren el cuello, mientras hagan cultura. Creo que a los gobernadores les falta rodearse de gente que realmente sepa de arte para afinar el desarrollo cultural”.

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