ColNal rinde homenaje a Jaime Sabines

Debido al centenario del natalicio del poeta chiapaneco

ColNal homenaje a Sabines
Foto: Cortesía
Cultura
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Ciudad de México, México, 23 de marzo. Jaime Sabines es un poeta que habita en cada uno de nosotros: de ello se muestra convencido el narrador y poeta Vicente Quirarte, miembro de El Colegio Nacional y coordinador de la mesa Jaime Sabines. Homenaje en el centenario de su nacimiento, celebrada en el Aula Mayor de la institución, donde aseguró que evocar al hombre y su poesía “es una obligación libre de cualquier duda”.

“Aunque Jaime Sabines no se halla de cuerpo presente, por ese sutil y misterioso mecanismo de transmigración de las almas que logran los poetas y los santos, está con nosotros: en otras palabras, vamos a hablar ahora del poeta Sabines que habita en cada uno de nosotros, porque pertenece a esa privilegiada y escasa categoría de poetas que carecen de primera persona y forman parte de nosotros”.

Con la lectura del también miembro de El Colegio Nacional, Alejandro Frank, Quirarte aseguró que el homenaje no es para el poeta chiapaneco y sí para nosotros, sus lectores “ese animal amargo que lo encuentra y lo acecha y lo devora”.

“El lector de Sabines nace, no se hace. Sus lugares de crianza son rincones de la ciudad antigua, cafés donde anidan los más tristes, cantinas, bastiones del valiente de quien nadie escribirá una biografía. Mira llegar a ese lector cautivo nimbado por el ángel oscuro, con un libro de versos bajo el brazo, el viejo y siempre nuevo recuento de poemas, donde todo parece subrayado, porque nada le sobra a la marimba, en los huesos nos toca la tarumba, la forma más exacta de decir Sandunga, esa palabra oscura que azuza, la tristeza y nos lava la sangre”.

Bajo esa mirada, el lector de Sabines nace joven y amargo y poderoso. Sus huesos y su carne son de vidrio; puede mirar su corazón en llamas, se le queman las sábanas: escribe el vuelo de los pájaros y “en el sexo amado traza la V de una victoria de la que él sólo rinde testimonio”.

Entonces, el lector de Sabines debe ser ingenuo, porque les habla a los puntos cardinales de nuestra sensibilidad más próxima: cuando su pluma toca, cuando arranca su garra, “es sal en la llaga; herida de los ojos abierta al alcohol del Sol: la Tía Chofi, Tarumba, el mayor Sabines, doña Luz... son testimonios nuestros del desastre de cada día que es vivir sabiéndose futuro de la muerte”.

Vicente Quirarte llamó a escuchar atentos la voz grabada de Sabines en el disco Voz viva “para sentir la carne del poeta, para asir la voz, grave, profunda, que más que de poeta es de sacerdote: sacerdote del verbo, creyente en la primera persona, oculta en el hipócrita en nosotros. El yo de Sabines es adánico y nombra todas las cosas en presente. Leemos, escuchamos, cogemos a Sabines y hay en nosotros la certeza de haberlo oído antes, de haberlo olido antes”.

Más allá, el colegiado señaló que, si llegan a ser “imperfectos, cojos, torpes los sonetos incluidos en Algo sobre la muerte del mayor Sabines, ¿qué importa la mutilación de la Venus de Milo si en esos senos y ese vientre está la gloria de Grecia, que es la gloria del mundo?”.

Parecería que Sabines es un poeta fácil, aunque más bien se trata de un “poeta” y para reconocerlo hay que “escucharlo leer sus poemas para percibir su amor a la cadencia, al verbo paladeado, a la emoción que, a punto de traicionarlo, se transforma en ironía”.

“El poeta es un seductor, en tanto que su trabajo ya no con el texto, sino con los probables lectores, consiste en hacerlos parte de su mundo, obligarnos a mirar con ojos de poeta. Hay poesías que nos seducen por la belleza o la originalidad: la seducción de Sabines es permanente, porque en su poesía nos muestra el matraz donde funde lágrimas, nuestras soledades de aquel, amores de aquella otra. Sabines es un poeta peligroso”, aseveró en su texto Vicente Quirarte.

Se trata, escribió, de un “poeta para heridos, esos que llevan bólidos de fuego, como larga cauda, la furia del mariachi”, si bien hay una virtud mayor que debemos asignarle a Sabines, “la de haber maleducado a la señorita casta y reprimida de nuestra poesía”.

Tras la emoción de un poeta
Antes de hacerse cargo de la lectura del texto de Vicente Quirarte, el físico Alejandro Frank, miembro de la institución, recordó que cuando vuelve a los poemas de Sabines, se genera en su interior algo muy particular: la certeza de que alguien está hablando con una sinceridad absoluta.

“Sin adornos, sin retórica, Sabines no escribe para demostrar erudición ni para impresionar a nadie. Escribe, porque necesita decir algo que nace directamente de la vida. Quizá por eso sigue siendo uno de los poetas más leídos de México. Su poesía habla de cosas que todos conocemos: el amor, la pérdida, el cuerpo, la enfermedad, la muerte. No hay distancia entre el poeta y la vida cotidiana; al contrario, la poesía surge de esa vida”.

Con una mirada más de lector que de especialista, el especialista en física nuclear y molecular tiene la certeza de que el poeta no se esconde detrás de las palabras, sino está allí, “vulnerable, a veces irónico, a veces desesperado, a veces profundamente amoroso. Esa honestidad es muy rara y es la razón por la que sus poemas no envejecen”.

Jamie Sabines nació en 1926, en Tuxla Gutiérrez, Chiapas, y no provenía de los grandes centros culturales ni de los círculos literarios de moda. Tal vez por eso su voz se formó con una libertad muy particular, un lenguaje directo, casi coloquial, “como el de un amigo que habla en voz baja en medio de la noche”.

“Pero detrás de esa aparente sencillez, hay algo muy profundo, una mirada lúcida y a veces despiadada sobre la condición humana”.

El padre de Jaime Sabines, el mayor Julio Sabines, era un hombre de origen libanés que llegó a México muy joven, se estableció en Chiapas, donde construyó su vida y su familia: “era un hombre querido en su comunidad. Y era para Jaime, mucho más que un padre, era una presencia moral, una figura de integridad silenciosa”.

“Cuando Julio Sabines enfermó gravemente, el poeta lo acompañó en ese proceso lento y devastador, que es ver morir a alguien que uno ama. De esa experiencia nació uno de los textos más conmovedores de la literatura mexicana, “Algo sobre la muerte del mayor Sabines”, un poema que no es solemne, ni ceremonioso; donde no hay gestos grandilocuentes ni consuelos fáciles, simplemente es el registro honesto de un hijo que ve a su padre desaparecer”.

En ese sentido, resaltó Alejandro Frank, sus poemas son profundamente personales, “pero al mismo tiempo pertenecen a todos”.

La poeta Maricela Guerrero se enfocó en un Sabines que se ha perdido entre tantas lecturas acerca de la eroticidad y del duelo, aun cuando no es menos vital ni menos sensual, al contrario: es un poeta que escribe desde lo cotidiano, desde la lucha de clases y desde este encuentro con lo natural y lo espiritual, por supuesto, atentísimo a la política y la historia”.

“El reencuentro con este Jaime Sabines me trajo el recuerdo de la joven que fui, de aquella que recibió estos versos en la Facultad de Arquitectura y que, tocada por la poesía, tuve que cambiarme a la carrera de Letras Hispánicas en la Facultad de Filosofía y Letras; me trajo también los rostros de amigos de quienes íbamos a las marchas, exigiendo justicia paz y dignidad, con quienes vi cine latinoamericano, con quienes nos inventábamos veladas para beber y cotorrear. Y, por ahí, leer versos de Sabines o de Cortázar en voz alta”.

Tras recordar el recital de Jaime Sabines en la Sala Nezahualcóyotl, del Centro Cultural Universitario, donde lo tuvo que escuchar en el estacionamiento debido a la gran cantidad de lectores que acudieron: un poeta que caló hondo en la clase trabajadora y los estudiantes, que puso en jaque a una visión de la poesía académica, “que observa con demasiada subordinación a la literatura anglosajona y europea”.
“Y que, en ciertas ocasiones, mira con desprecio a la lírica popular y a la tradición latinoamericana que para mí es tan importante y vital para esta poesía que se acerca a lo cotidiano; desde la poesía de Sabines que conmueve, hay una poesía en la que el verso vibra con sentimiento y con una conciencia de la finitud que, en la actualidad, es una poesía del cuerpo, auto-observación y conciencia del ser que solo puede ser en comunión, en compañía”.

En su texto, Maricela Guerrero igual habló de la necesidad de recordar al Sabines que “cuestiona los servidores públicos detrás de la masacre del 68”, a través de un poema que no se conoce tanto, “Tlatelolco 68”, como aquel que escribió su contemporánea y amiga, Rosario Castellanos.
El también poeta Luis Vicente de Aguinaga habló de la sinceridad en la obra del homenajeado, a partir de la cual configura su obra “construyen su obra con ese yo que, vemos como íntimamente suyo y llega a conmovernos profundamente”.

Su reflexión se centró en la idea del cuaderno en la que escribe el poeta, en la manera como Sabines hace de la libreta en que escribe del cuaderno el espacio, más allá, incluso, del poema, entendido como género literario convencional y “hace del cuaderno el espacio para erigir, para construir, elaborar esa subjetividad que, siendo literaria, es también la subjetividad humana del individuo que estamos leyendo”.

“De los cinco libros que Jaime Sabines publicó entre 1950 y 1961, el quinto —Diario semanario y poemas en prosa— es el más peculiar. Un año después, cuando apareció el recuento de poemas, el primero en la serie de los libros así llamados recuentos de poemas, en el 62, y Sabines hizo con él un primer corte de caja de su obra, la sección de Poemas sueltos, que formaba en la práctica un poemario nuevo en la obra del chiapaneco, confirmó el estilo desenvuelto, autobiográfico y hasta humorístico de Diario semanario”.

De acuerdo con Luis Vicente de Aguinaga, si dos de los primeros libros de Sabines, Horal y Adán y Eva comienzan con poemas alusivos al amanecer, Diario semanario y poemas en prosa se inicia con un anochecer, como respuesta a esos dos volúmenes, donde el poeta escribe acerca de sí mismo y de la libreta en la que va escribiéndose: “escribe sobre la rutina doméstica y el bullicio de los hijos en su departamento, y sobre los habitantes de la ciudad, en el día y en la noche”.

“También escribe a propósito de los Estados Unidos y su hostilidad contra la revolución cubana, en un apunte que parece más una entrada de diario que un poema y que puede leerse como si hubiera sido escrito ayer”.

Distribución de la poesía de Sabines
En representación del secretario de Educación de Chiapas, Roger Adrián Mandujano, la escritora Claudia Guillén rememoró el homenaje que recibiera Jaime Sabines en el Palacio de Bellas Artes, porque a ella le tocó organizarlo y acompañar al poeta durante el recorrido.

“Era apabullante ver la cantidad de gente que no sólo estaba en la Sala Principal, porque afuera había pantallas para que el público, que llegaba hasta a Alameda, viera el recital. Era una cosa francamente conmovedora, en especial al final, cuando le aplauden y dice: ‘estos aplausos duelen’”.

Chiapaneca como el poeta, definió a don Jaime como un poeta de a pie, un hombre totalmente sencillo: “él bien podía hablar, eso me consta, con don Octavio Paz, al que le tenía un profundo respeto, pero también le encantaba hablar con la gente de a pie”.
En la mesa, Claudia Guillén dio a conocer que, en el marco del centenario, se va a distribuir una antología de poemas de Jaime Sabines, la cual se distribuirá entre quienes están aprendiendo a leer y a escribir. Se pretende una edición de 120 mil ejemplares.

La mesa Jaime Sabines. Homenaje en el centenario de su nacimiento, coordinada por Vicente Quirarte se encuentra disponible en el Canal de YouTube de la institución: elcolegionacionalmx.

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