DAVID TOSCANA Y EL SENTIDO DE UN PREMIO

David Toscana
Share

¡Oh, los premios literarios! ¡Cuánto dicen de la industria editorial! En octubre pasado el español Juan del Val obtuvo el Premio Planeta con su novela Vera, una historia de amor. Con un monto de poco más de un millón de dólares el reconocimiento es el mejor pagado del mundo, incluso por encima del Nobel. No obstante, no es necesariamente el que goza de más respeto.

La entrega a Del Val abrió una vez más el debate sobre si debe premiarse a la literatura comercial o premeditadamente masiva, en lugar de autores con una propuesta estética más arriesgada y personal.

Otro de los grandes galardones del idioma es el Alfaguara, que otorga 175 mil dólares a quien lo conquista. Su vocación es menos condescendiente, aunque no por ella regular. Entre sus ganadores hay autores que pasan con más pena que gloria y, si somos sinceros, son pocos los títulos laureados que resisten el paso del tiempo.

Hace unos días se anunció al mexicano David Toscana como ganador de la edición XXIX del certamen por su novela El ejército ciego, una obra sobre el poder y el heroísmo con una dosis de humor negro; ah, y una cosa más: nació a partir de un párrafo del libro Skylitzes matritensis, del cronista bizantino Johannes Escilitzes.

El jurado del concurso estuvo conformado por los autores mexicanos Jorge Volpi (presidente) y Brenda Navarro; la argentina Agustina Bazterrica; la scout y programadora cultural Camila Enrich; el periodista Óscar López; y la directora editorial de Alfaguara, Pilar Reyes (con voz, pero sin voto).

¿El mercado manda?

Sobre Toscana hay que decir que es un autor respetado por la crítica mexicana. Ha ganado los principales reconocimientos nacionales para la ficción, pero fuera de nuestras fronteras no ha tenido el mismo impacto. Su escritura se aleja de las convenciones, modas y tendencias; es más, podríamos decir que el regiomontano debe más a los centroeuropeos que a la tradición estadunidense que tanto ha permeado entre los escritores mexicanos.

El reconocimiento para el autor de títulos como Santa María del Circo y El ejército iluminado, por supuesto, da gusto por el simple hecho de ser paisano. Pero también hay que mirar las letras pequeñas: ¿Dos mexicanos en el jurado inclinaron la balanza? ¿Qué dice la presencia de una cazatalentos en el jurado? Independientemente de la respuesta que cada quien pueda tener, lo cierto es que ambas dudas se pueden responder desde una perspectiva de mercado.

Con esto me refiero a que cuando se entrega un premio literario se valoran varias cosas, y una de ellas es el mercado y el posible potencial de venta del libro. Es verdad que nunca podríamos decir que Toscana es un autor comercial; nada más alejado que eso; en cambio, sí se puede advertir que el jurado apostó por el nada despreciable público mexicano para que en principio compre la novela. Y que también ve en él a un autor con una proyección internacional todavía por explotar.

El dictamen del Premio Alfaguara, al menos este año, marca además una distancia notable con la dirección que ha tomado el Premio Planeta: mientras el primero se atreve a galardonar a un autor poco conocido, el segundo se decanta por un comentarista de televisión. La distancia entre ambos es aparentemente, y al menos por ahora, abismal. ¿Usted a qué equipo le va?

×