La fiebre mundialista se planta en el Franz Mayer con la exposición Futbol: diseñando una pasión.
“El primer recuerdo que tengo del futbol son esos uniformes chirriantes que usó La Naranja Mecánica (Holanda) en el Mundial del ’74, cuando vencieron a Uruguay. Eran muy estridentes, como su estilo de juego, como la propia película años antes”, recordó Michel Bauer, CEO de Host City Ciudad de México, al inaugurar la exposición Futbol: diseñando una pasión, en el Museo Franz Mayer.
Curada por el doctor Kevin Moore, la muestra hace un recorrido por más de 200 objetos que han sido parte de la historia visual y material del deporte más apasionado de todos.
A través de carteles, souvenirs, balones, uniformes, fotos y hasta videos provenientes de diversos acervos, como la Colección Épica, del Museo MODO y del National Football Museum de Manchester, la exhibición en el Franz Mayer ofrece un recorrido por la identidad gráfica, visual y arquitectónica de las once copas mundiales que se han jugado en América Latina, desde la primera que se hizo en Uruguay, en 1930, hasta la que se hará este año en México, Canadá y Estados Unidos.
La exposición es parte del programa cultural Host City Ciudad de México, que busca volver a la capital un museo vivo, y estará disponible hasta el domingo 26 de agosto.
Lenguaje universal
La muestra, contó Giovana Jaspersen, directora del Museo Franz Mayer, se planeó para ser intergeneracional. “Queremos propiciar una conversación entre, por ejemplo, una persona de la tercera edad y su nieto, no de la historia del futbol sino sobre su propia historia vinculada con el juego”.
En este sentido, Nicolás Valencia, el escritor encargado de preparar el catálogo de la exhibición, abundó: “Si no saben nada de futbol, da lo mismo, porque la exposición habla de una época, el diseño no es neutral; y cuando vean los logos, los stickers o los uniformes quizá recuerden cosas que no tienen nada que ver con el juego”.
Sin embargo, también es una exposición para un público más especializado, pues los diseñadores disfrutarán ver los cambios de la tipografía entre un cartel y otro y apreciarán las diferentes calidades de las imágenes del primer mundial —totalmente pixeleadas—, contrastadas con la nitidez de las más actuales.
Para los verdaderos hinchas se destina lo mejor: podrán encontrar piezas de colección, como la camiseta maldita que Brasil dejó de utilizar a partir del maracanazo —palabra también inexistente hasta antes de la derrota 2-1 contra Uruguay en la Copa del Mundo de 1950—, o los botines que utilizó Pelé, sumados a un balón autografiado por Antonio la Tota Carbajal y hasta algunas bancas del Estadio Azteca, funcionales hasta antes de su remodelación.
Memoria visual
La exposición comienza con la primera Copa del Mundo, organizada en Uruguay en 1930 como una petición especial para celebrar el centenario de su Independencia y mostrarse como una nación moderna y progresista.
Como parte de los preparativos construyeron el Estadio Centenario, hasta ese momento el más grande del mundo, con capacidad de hasta 90 mil espectadores, y diseñaron un elegante cartel con un marcado estilo art déco —ángulos agudos y líneas diagonales y marcadas— donde se observa a un portero sosteniendo un balón en el aire.
La segunda Copa celebrada en Latinoamérica fue la de 1950, cuando la FIFA aceptó que Brasil fuera la sede, pues luego de la Segunda Guerra Mundial los países de Europa no estaban en condiciones de organizar un evento de tales condiciones.
Luego de que dos copas mundiales consecutivas tuvieron lugar en Europa, Chile fue el país elegido como anfitrión, y pese a que la logística sufrió obstáculos —cuatro de los ocho estadios seleccionados tuvieron que descartarse a causa de los daños causados por el terremoto de 1960—, el Mundial fue un éxito.
Destacan también la Copa de 1978, celebrada en Argentina, cuyo cartel fue el primero en no incluir un balón de futbol y que se recuerda por los dibujos y pancartas de protesta frente a la dictadura de Jorge Rafael Videla; y la Copa de 1994, organizada en Estados Unidos cuando el futbol entonces era un deporte que no contaba con una liga profesional en ese país, pero aun así rompió récords de asistencia con más de 23 millones de personas, una cifra que no ha sido superada.
A México la muestra le dedica cuatro espacios. El del Mundial de 1970, recordado por el ahora clásico balón con 32 paneles hexagonales blancos y negros, diseñado por Adidas, y por ser el primero en transmitirse por satélite a Europa a todo color; el de 1986, donde nació la famosa “ola” y cuya mascota, Pique, un chile jalapeño con sombrero de charro y bigote, quedó grabada en la memoria de varias generaciones; la Copa Mundial Sub-17, de 2011, donde el tricolor quedó campeón; y la Copa Mundial de Futbol Femenil de 1971, no reconocida por la FIFA, con porterías color rosa, una única opción de uniforme y unos tacos adaptados, pues los tenis para chicas salieron al mercado hace apenas diez años.
A menos de tres meses de que inicie el Mundial que promete ser el más grande del mundo, ¡qué esperas para visitar la exposición!

