Atrévete a descubrir parte del Bajío a través de flores, una hacienda milenaria y sombreros.
La Semana Santa se acerca y si quieres vivirla de una manera distinta en la capital de Guanajuato la llegada de las pascuas se anuncia el Viernes de Dolores, una semana previa al Domingo de Ramos, con el Día de las Flores.
Esta tradición es una de las más queridas por los habitantes guanajuatenses y tiene su origen en el siglo XVIII, cuando los mineros acudían a los templos para ofrecerle a la virgen de los Dolores, su patrona, ofrendas florales en su honor.
Con el paso del tiempo la festividad ganó popularidad y fue incorporando otros elementos que poco tienen que ver con la religiosidad, pero sí con la alegría, la cultura y la convivencia.
Así que, si no eres un acérrimo creyente, ¡también puedes ser parte de esta fiesta!
La celebración comienza a sentirse desde el jueves por la noche, cuando el hermoso Jardín de la Unión se convierte en un mercado donde los visitantes encontrarán una gran variedad de flores —rosas, claveles, margaritas, orquídeas y girasoles—, ya sea para asistir a la procesión del viernes o simplemente para regalarlas a algún ser querido, un acto que se ha vuelto tradición.
Al día siguiente cientos de flores de todo tipo colorean las calles mientras los habitantes y turistas acompañan las procesiones de la virgen de los Dolores portando velas y flores en un acto de fe y devoción.
Durante la fiesta, las casas, los templos y comercios se llenan de altares majestuosos y floridos, así que es una excelente oportunidad para ver las calles empedradas y los callejones de Guanajuato con otros ojos, así como disfrutar de la hospitalidad de la gente, que suele ofrecer agua y algunos alimentos simbólicos a los visitantes que se acercan.
Además de estas expresiones de religiosidad, la fiesta incluye actividades culturales como los bailes de las flores, donde locales y visitantes se reúnen para sacar sus mejores pasos acompañados de música en vivo, sin dejar de lado los ya clásicos museos, restaurantes y lugares emblemáticos que hacen de Guanajuato una ciudad Patrimonio de la Humanidad, según la UNESCO.
Congelado en el tiempo
Otro destino imperdible en Guanajuato para estos días calurosos es el Pueblo Mágico de Jalpa de Cánovas, ubicado a solo 20 minutos del municipio de Santa Purísima del Rincón. Ahí podrás disfrutar de calles adoquinadas, la sombra fresca de los fresnos y eucaliptos, aire limpio y una atmósfera tranquila, pues actualmente está habitado por menos de 700 personas.
Pero no siempre fue así. Durante el siglo XIX y principios del XX esa pequeña comunidad tuvo una extensión de casi 70 mil hectáreas, lo que la convirtió en la cuarta hacienda más grande de México, con un territorio que iba desde Irapuato hasta Puente Grande, Jalisco.
En ella se producía poco más de 80% de la harina de trigo del país, por lo que fue conocida como “El granero de México”.
La tranquilidad que encontrarás en Jalpa explica también que haya sido el lugar de descanso de Porfirio Díaz. Su cercanía con la hacienda era tanta, que llegó a ser el padrino de bodas de Guadalupe Cánovas y Óscar Braniff, los entonces dueños de la finca, a quienes otorgó como regalo de bodas 30 años de energía eléctrica gratis, convirtiendo a la hacienda en una de las primeras en gozar de este servicio.
Al general Díaz se le atribuye además haber dado la orden topográfica de desaparecer la comunidad del mapa durante más de 100 años.
Y fue gracias a ese mandato —aunque de manera casi accidental— que pudo conservarse arquitectónicamente, por lo que desde 2021 la ONU Turismo la incluyó como una de las cinco Best Tourism Villages a causa de su modelo de desarrollo rural, prácticas sostenibles y su inigualable conservación del patrimonio cultural y natural.
Aunque en la actualidad la hacienda no tiene ni la cuarta parte del territorio que gozó en sus mejores años, todavía quedan vestigios de su gloria, como el granero donde almacenaban toneladas de harina, el molino de trigo, el acueducto, la presa de Santa Eduviges, mejor conocida como la presa vieja, y la presa Santa Efigenia, o presa nueva, donde actualmente se ofrecen paseos en kayak para disfrutar del atardecer.
Otro atractivo para visitar es el casco de la hacienda, que actualmente es un museo y hotel boutique. El edificio conserva los muebles y espacios originales de la que fuera una de las haciendas más ricas de México, como el tocador francés con piezas de plata incluidas —también regalo de bodas de don Porfirio—, un piano neoyorkino que llegó en 1882, y hasta el segundo refrigerador que arribó a México, todavía funcional.
Además de visitar el museo puedes echarle un vistazo a la iglesia dedicada al Señor de la Misericordia, escuchar las leyendas que cuentan de esta escultura —se dice que el ídolo llegó solo, en un barco, envuelto en una caja de madera y que el templo lo mandó construir Oscar Braniff luego de que el santo le curó la ceguera— y apreciar su estilo neogótico a cargo del arquitecto Luis Long, así como disfrutar de su gastronomía rica en nueces y membrillo.
¡Ajúa!
Además de ser un destino que destaca por su inmensa producción de artículos de cuero de alta calidad, como botas, chaquetas, cinturones y bolsas, Guanajuato también es conocido por tener la capital mundial del sombrero.
A menos de 30 minutos de León está San Francisco del Rincón, un municipio que ha desarrollado una fuerte identidad vinculada a la fabricación de este accesorio desde hace más de cuatro siglos.
Su presencia en el mercado es tal, que en México ocho de cada diez sombreros que se venden se producen en San Francisco, incluidos los sombreros de charro más famosos, como los que se les entregaron a los últimos papas, desde Juan Pablo II.
Apenas llegues te darás cuenta, pues en cada esquina observarás una tienda de sombreros, algún puesto en medio de la calle, vendedores a pie y hasta camionetas 4x4 cargadas con cientos de sombreros y souvenirs con —¡otra vez!— temática sombreruda.
Los hay de todos tipos: sombreros de charro, tradicional en celebraciones ecuestres y en confirmaciones, primeras comuniones y hasta bodas, de ala ancha, diseñados en lana, pana, así como sombreros más texanos, ampliamente conocidos en el mundo vaquero, que pueden ser fabricados en varios materiales, según la necesidad del cliente.
Además del mercado nacional, cuyo sustento económico es innegable, gran parte de su producción llega a otros países, como Estados Unidos, Canadá, Brasil, Chile y Alemania, posicionándolos como un referente dentro del sector.
Actualmente el municipio aloja más de 150 empresas dedicadas a la fabricación, cuya red combina procesos industriales con trabajo especializado de artesanos, sobre todo de mujeres, quienes desde hace varias generaciones se encargan de bordar a mano —algunas mientras ven la televisión— los detalles de los sombreros de charro, por ejemplo, tan vistosos.
Esta actividad les permite ganar un dinero extra mientras se encargan de sus tareas domésticas.
Para disfrutar de los sombreros, uno de los eventos más representativos es la Feria Nacional del Sombrero (FENS), en la que productores, artesanos y empresas presentan sus creaciones al público.
En ella participan más de 200 fabricantes y 50 stands que exhiben y comercializan la tradición sombrerera durante la primera semana de junio.
Además, en el pueblo podrás visitar la Parroquia de San Francisco de Asís, donde cada enero se hace la tradicional quema de brujas, disfrutar de su gastronomía —cuyos pambazos rellenos de frijol y la cecina son los platillos estelares— y de la calidez de su gente.
¡Qué esperas para visitar Guanajuato!

