León-Portilla: el historiador más leído en México

Así lo aseguró Javier Garciadiego en una conferencia

Javier Garcíadiego
Foto: Cortesía
Cultura
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Ciudad de México, México, 17 de febrero. Miguel León-Portilla “hizo de nuestra historia prehispánica un completo campo académico, pero también un tema de interés público, sin fronteras geográficas o niveles intelectuales”, sostuvo el historiador Javier Garciadiego, miembro de El Colegio Nacional, durante la presentación del volumen Soy mi memoria, remembranzas del filósofo y nahuatlato, quien también fue integrante de la institución.

Publicado con motivo del centenario del natalicio del autor de Visión de los vencidos, el volumen “será el documento fundamental para conocer el nacimiento y la consolidación de la historia prehispánica como un tema académico y universitario”, agregó el colegiado.

Si bien ya existía una tradición de estudio que va de fray Bernardino de Sahagún a Clavijero y luego a Ángel María Garibay, agregó Garciadiego, “su ámbito no era universitario, a diferencia del escenario de León-Portilla. Otra diferencia notable sería que León-Portilla es el responsable de haber internacionalizado el tema, de haberlo promovido y defendido en varios circuitos políticos, así como de haberlo difundido entre todo tipo de lectores”.

La presentación del volumen, coordinada por el también colegiado Eduardo Matos Moctezuma, contó con la participación de Elisa Speckman Guerra, directora del Instituto de Investigaciones Históricas de la UNAM, y de la filóloga Ascensión Hernández Triviño, viuda del homenajeado.

Soy mi memoria es una publicación conjunta de El Colegio Nacional, el Instituto de Investigaciones Históricas de la UNAM, la Universidad Iberoamericana, la Coordinación de Humanidades de la UNAM, la Academia Mexicana de la Lengua y la Academia Mexicana de la Historia.

Garciadiego abundó en el Aula Mayor de la institución: “Me atrevo a decir, sin necesidad de acudir a las irrefutables estadísticas, que León-Portilla es el historiador más leído de toda la historia de México. Es más: sólo la Visión de los vencidos tiene más lectores que cualquier libro de los demás historiadores”, con más de 30 reimpresiones alcanzadas hace ya una década.

Concebido en los últimos años de su vida, “León-Portilla escribió un libro ajeno al engreimiento y la presunción. Hombre generoso, reconoce el valor de las obras de los colegas y recuerda los nombres y contribuciones de sus muchos colaboradores y alumnos. No es poca cosa reconocer nombres, caras, intereses y logros: es la primera expresión de la educación y la generosidad”.

“Más que vanagloriarse de sus logros académicos, que es obvio que fueron incontables, de lo que realmente se ufana Miguel León-Portilla es de haber tenido una vida feliz. Feliz en lo personal, lo familiar y en lo profesional. Además de feliz, varias veces nos dice que tuvo una vida interesante y provechosa y otra característica de sus memorias es que en ellas campea la sinceridad”, afirmó el colegiado.

De acuerdo con la directora del Instituto de Investigaciones Históricas, Elisa Speckman, León-Portilla plantea que el historiador biógrafo “debe interrogarse con la misma honestidad crítica que exigió su trabajo académico, pues sólo así podría superar los riesgos, entre ellos la autojustificación o la autocomplacencia. El autobiógrafo debe, en sus palabras, someterse a una exigencia fundamental que resume con una cita de William Shakespeare: ‘ser preciso, ser verdadero, ser sincero con uno mismo’”.

Gracias a Soy mi memoria, sostuvo, “tuve la oportunidad de adentrarme en dos aspectos para mí más novedosos. El primero y el más importante, conocer a fondo el recorrido intelectual y la historia de vida del doctor León-Portilla. El segundo, entender las oportunidades y los retos que el país, el entorno académico y la universidad ofrecieron a la generación de intelectuales e historiadores mexicanos a la que perteneció nuestro autor”.

Speckman recordó que el historiador y filósofo inicia con su nacimiento: “Nació en 1926 en la colonia Santa María la Ribera, en la Ciudad de México. En la primera parte de su obra relata su infancia, en un México posrevolucionario, en una ciudad mucho más pequeña que la actual, transcurrida, para el doctor León-Portilla, en las colonias Santa María la Ribera y luego San Rafael”.

“Un México tranquilo, pero que acababa de atravesar una revolución y que, por lo tanto, estaba marcado todavía por tensiones políticas y sociales, y un factor que el autor repite constantemente. Atravesado por un enfrentamiento entre la Iglesia y el Estado, un enfrentamiento que marcó la infancia y la educación de varios niños que, como él, nacieron en familias católicas”.

Tras abandonar la vida religiosa, “Manuel Gamio lo integró al ámbito del indigenismo y la investigación antropológica. Este reencuentro reorientó definitivamente su carrera, al igual que el contacto con Ángel María Garibay, con quien inició el estudio del náhuatl y descubrió la riqueza de los textos indígenas y la profundidad de la tradición intelectual náhuatl”.

Soy mi memoria, agregó Speckman, “es una obra imprescindible para conocer a uno de los historiadores más destacados de nuestra época y para comprender su obra, pero también para reflexionar sobre los desafíos y los caminos en la reconstrucción de la historia personal y colectiva, en el papel de la historia en la actualidad y las responsabilidades del historiador ante las necesidades del país”.

La casa de león-portilla: El Colegio Nacional
Con la publicación de Soy mi memoria, consideró Ascensión Hernández Triviño, la vida del historiador y filósofo deja de ser íntima, “pues desde hoy podemos saber mucho de la vida de Miguel León-Portilla, de su paso por el mundo académico y de su vida familiar, desde su nacimiento hasta su muerte”.

“En su memoria está su caminar por la vida, su quehacer, sus sentimientos. Sus memorias son el libro que cierra su vida, un libro que fue haciendo en sus últimos años cuando tenía casi 90”, dijo la lingüista, compañera de vida y andanzas del académico.

En su larga vida, agregó, “Miguel tuvo varias moradas donde trabajó y donde creó su mundo. Esta casa (El Colegio Nacional) fue una de ellas, una morada muy querida. Aquí entró en 1971 cuando tenía 45 años y lo hizo de la mano de varios académicos ilustres en aquel entonces. De Agustín Yáñez, reconocido novelista; de Jesús Silva Herzog, historiador y economista muy destacado; de Eduardo García Máynez, filósofo del derecho, y le dio la bienvenida el astrónomo Guillermo Haro”.

“Para Miguel era muy importante entrar en esta casa y morar en ella como casa propia. Le gustaba mucho dar las conferencias estatutarias con gente que le seguía, le gustaba asistir a la entrada de nuevos miembros y le gustaba mucho venir a las reuniones de los primeros lunes de cada mes. Se reunían en una larga mesa que luego se transformaba en una mesa de banquete, donde llegaban la alegría y la fraternidad”, recordó.

Hernández Triviño agregó al “espíritu” de El Colegio Nacional que acogió a León-Portilla “y le publicó libros excelentes, como por ejemplo Pensar la vida, que editó juntamente con don José Sarukhán; o este otro, La tinta negra y roja, con Vicente Rojo, precioso libro, una edición bellísima. Su último libro lo editó aquí Teatro náhuatl. Da gusto leerlo por su papel, su tinta, su original portada, es un libro de lujo”.

“Son ellos, libros que perdurarán por años, por su contenido y por su belleza. Y no hay que olvidar que sus obras en 12 volúmenes guardan libros muy conocidos, como por ejemplo La filosofía náhuatl, y también ensayos breves. Así que muchas gracias a “El Colegio Nacional” señaló.

El arqueólogo Eduardo Matos Moctezuma recordó que, como ningún otro estudioso, Miguel León-Portilla acumuló 30 doctorados honoris causa. Además, dijo, que se trata de un personaje de muchas facetas.

Fue “creador de instituciones, cuando él era director de Históricas, creó allí, en propuesta del entonces rector de la Universidad, que se desprendiera la parte antropológica del Instituto de Investigaciones Históricas para crear el Instituto de Investigaciones Antropológicas. Allí se fueron una pléyade de investigadores muy reconocidos. Estaba Juan Comas, antropólogo físico; Pedro Bosch Gimpera, prehistoriador; el doctor Jaime Litvak…”.

“Una gran cantidad de investigadores que de Históricas se van a pasar al recién fundado Instituto de Investigaciones Antropológicas, y eso lo consiguió Miguel a través de insistir primero con un rector, después con el que le siguió, hasta que fue aprobada por las instancias universitarias”, dijo el colegiado.

La presentación de Soy mi memoria se encuentra disponible en el Canal de YouTube de la institución: elcolegionacionalmx.

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