París, Londres, 25 de febrero. Tras meses de presión, el Louvre tiene un nuevo director.
Christophe Leribault fue designado para dirigir el emblemático museo este miércoles, medio día después de que la directora anterior, Laurence des Cars, presentara su renuncia. El cambio de liderazgo en el museo más visitado del mundo se produce tras el robo de las joyas de la Corona en octubre y una serie de fallos que golpearon la confianza en una de las instituciones más preciadas del país.
La rápida transición busca restablecer el orden en un museo afectado por una dura sucesión de crisis: el robo, el malestar laboral, filtraciones de agua, infraestructura envejecida y un presunto esquema de fraude de boletos por 12 millones de dólares que se habría prolongado durante una década.
También protege un proyecto con fuerte carga política para el presidente Emmanuel Macron, quien ha convertido la reforma del Louvre en un plan cultural emblemático de su legado mientras mira hacia el final de su mandato el próximo año.
El gobierno presentó a Leribault, un veterano director de museos, como la mano firme para una institución golpeada, con la responsabilidad tanto de la reforma de seguridad del Louvre como de su modernización.
Especialista en el siglo XVIII y formado en la École du Louvre, Leribault ha dirigido los museos más grandes de Francia, entre ellos el Petit Palais y el Musée d'Orsay.

Más recientemente estuvo al frente de Versalles, uno de los mayores sitios patrimoniales de Francia, con un intenso flujo de visitantes y un presupuesto anual de unos 170 millones de euros (200 millones de dólares).
Su currículum lo convierte en una elección propia de tiempos de crisis: un curador-administrador moldeado por el sistema museístico francés y acostumbrado al escrutinio público, a las grandes multitudes y a los engranajes del poder cultural del Estado.
Por qué la salida de des Cars impactó tanto
Des Cars no era una directora cualquiera. Nombrada en 2021, se convirtió en la primera mujer en dirigir el Louvre, una ruptura simbólica en un palacio construido para reyes.
Para muchos en el mundo cultural francés, su partida respondió por fin a la pregunta que había sobrevolado el Louvre desde el robo: ¿Cómo pudo ocurrir una brecha de esa magnitud en una de las instituciones más simbólicas del país sin que cayera ningún alto mando?
La oficina de Macron aceptó su renuncia como un "acto de responsabilidad", y señaló que el museo ahora necesita calma y un nuevo impulso para los proyectos de seguridad y modernización.
Des Cars declaró a Le Figaro el martes que se había convertido en un blanco de críticas y que ya no podía llevar a cabo la transformación del museo en el mismo clima institucional.
Joyas de la Corona robadas y una dura sucesión de crisis
El robo de joyas valoradas en 88 millones de euros (102 millones de dólares) fue el detonante, pero no toda la historia.
El malestar laboral, las filtraciones, la infraestructura envejecida y un escándalo separado de fraude de boletos ya habían dejado al Louvre con la imagen, en París y más allá, de una institución célebre que estaba perdiendo el control de lo básico.
Una huelga espontánea en junio dejó a los visitantes varados fuera de su pirámide de cristal y expuso la indignación de los trabajadores por la sobrecarga de público, la falta de personal y otras condiciones.

