Restauran vestuario de Dolores del Río

Un total de 29 prendas y conjuntos de la diva del cine

Vestuario Dolores del Río
Foto: Gerardo Peña - INAH
Cultura
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Ciudad de México, México, 19 de enero. Unas manchas amarillentas en el ruedo son la impronta indeleble que quedó en el vestido usado por Dolores del Río en el clímax del filme Flor silvestre (1943), cuando su personaje, Esperanza, lanza una leña ardiente intentado escapar del bandolero Rogelio Torres (Emilio “El Indio” Fernández). Dicha pista fue descubierta gracias a la reciente intervención de esta prenda icónica de la historia del cine mexicano.

Derivado de una colaboración inédita, el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), a través de la Escuela Nacional de Conservación, Restauración y Museografía (ENCRyM), “Manuel del Castillo Negrete”, realizó el proceso de conservación preventiva del vestuario utilizado por la diva en diversas películas y obras de teatro, el cual forma parte de las colecciones de la Cineteca Nacional.

Para la maestra del Seminario Taller de Conservación y Restauración de Textiles de la ENCRyM, Lorena Román Torres, esta cooperación es resultado del prestigio alcanzado a lo largo de tres décadas. “El profesionalismo del equipo interdisciplinario que lo integra y la formación de su alumnado son garantía de que piezas llenas de historia pueden ser atendidas por nosotros”.

En el semestre apenas concluido, las y los estudiantes tuvieron una práctica de campo en la sede de la Cineteca Nacional, en la alcaldía Coyoacán. Ahí realizaron el registro fotográfico y documental, limpieza mecánica, colocación de refuerzos en áreas delicadas y embalaje de casi una treintena de prendas que luciera la actriz.

Por su relevancia, el citado vestido se trasladó a la ENCRyM, para una intervención más profunda por parte de un equipo integrado por los alumnos Valeria Castañeda Castillo, Valeria Jiménez Navarro, Julieta Ampudia López y Emilio Flores Guerrero.

Este último comenta que, de acuerdo con expertos de la Cineteca Nacional, la pieza resulta significativa porque este filme marcó el retorno triunfal de Dolores del Río, tras cautivar a Hollywood, renaciendo como un símbolo al encarnar a una mujer fuerte, sensible y profunda en el contexto de la Revolución Mexicana.

Asimismo, sería el inicio de la colaboración entre el director Emilio Fernández y el vestuarista Armando Valdés Peza, ambos, junto con el fotógrafo Gabriel Figueroa, crearon una estética que inmortalizó la llamada Época de Oro del cine mexicano, donde el campo, la luz y el alma del país se convirtieron en arte puro.

“Para la confección de este vestido, Valdés Peza retomó características de la indumentaria que usaban las mujeres en la época revolucionaria, como el cuello alto, los ruedos en el pecho y los hombros abultados, pero le dio un corte entallado, más estructurado, como dictaba la moda de los años 40”, señala Emilio Flores.

El vestido —describe Julieta Ampudia—, está compuesto por la talla superior y la falda en corte A. Tiene tres botones de hueso, la espiga es de rayón y, conforme la identificación realizado por la bióloga Iraís Velasco Figueroa, la fibra del textil es celulosa; asimismo, mediante pruebas de cloroformo y ácido sulfúrico, se identificó que está teñido con añil y se le aplicó un apresto general de almidón.

En cuanto a los deterioros, Valeria Jiménez refiere debilitamientos en el primer broche, alrededor de los botones decorativos de hueso y en costuras, que impedían la sujeción de la espiguilla, lo que podría haber provocado dobleces y roturas, y quiebre del carrete del cierre lateral.

Además de la apariencia amarillenta de la prenda, producto de 82 años bajo resguardo, sobresalían manchas más intensas en el ruedo. El porqué de estas máculas, el grupo lo encontró al revisar la cinta Flor silvestre, a la hora y 17 minutos del metraje, cuando se observa a Dolores del Río muy cerca del fogón, arrullando a su hijo, y toma una leña en llamas y la arroja para escapar del villano Rogelio Torres.

Sobre la intervención, Valeria Castañeda anota que se hizo un refuerzo en la costura del broche superior y en los tres botones de hueso, más un velado con organza de nylon en las zonas más sensibles. Dada la suciedad acumulada, se hizo una limpieza mecánica con aspiradora, protegiendo la horquilla para un mayor control en la succión; seguido de una limpieza acuosa con saponinas, esponja y brochuelo suave. Después, se hizo un refuerzo en la costura de la espiguilla y se arregló el cierre.

El equipo de estudiantes del Seminario Taller de Conservación y Restauración de Textiles concluye que fue emocionante este acercamiento a un vestido que refleja uno de los primeros trabajos para el cine de Armando Valdés Peza (había debutado como vestuarista en 1942, en Yo bailé con don Porfirio), un forjador de la estética de la llamada Época de Oro y de la imagen de estrellas como Dolores del Río y María Félix.

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