Ciudad de México, México, 26 de marzo. A dos décadas de su partida, los diarios de Salvador Elizondo ya podrían publicarse, pero se necesita de un editor que se aventure a darle forma de libro a un trabajo en el que describe “todos los días de su vida y su relación con el mundo”, destacó Paulina Lavista, durante el Homenaje a Salvador Elizondo. El impacto de Farabeuf a 60 años de su aparición, celebrado en el Aula Mayor de El Colegio Nacional.
“Espero que se publique a un hombre que dedicó su vida a escribir un diario, quizá su obra mayor, porque describe todos los días su vida y su relación con el mundo; muchos textos se generan en la misma escritura; es fantástico que podamos publicarlos, porque él dejó una cláusula en la que los diarios se podrían publicar 20 años después de su muerte y eso se cumple el 29 de marzo”, explicó la fotógrafa.
En una sesión en la que también participaron Georgina García Gutiérrez Vélez, Javier García-Galiano y coordinado por Felipe Leal, miembro de El Colegio Nacional, Paulina Lavista señaló que con una hipotética publicación se podrían descubrir más cosas de Salvador Elizondo, o disipar algunos enigmas de un personaje que tuvo muchas vocaciones, como la fotografía, la pintura y el cine.
“Quiero reconocer la importancia que le dio Salvador Elizondo a la fotografía, al considerarla un arte y, claro, él me estimuló, fue el curador de mi primera exposición, y mucho de lo que yo puedo expresar es gracias a sus cánones de composición; pero tampoco he conocido un hombre tan entusiasta como él: se conmovía con un poema, lloraba, se emocionaba cuando veía un cuadro de Velázquez; realmente gozaba la realización de una buena obra, ya sea escultórica o arquitectónica”, aseveró Paulina, quien compartió 37 años con el escritor.
Novela de culto
Para la investigadora Georgina García Gutiérrez Vélez, Farabeuf o la crónica de un instante es una novela que impacta desde la primera lectura, y lo hace de un modo muy especial, no sólo porque incluye la fotografía de un hombre a medio descuartizar, “quizás en el instante mismo de su muerte”.
“El lector, cualquier lector, encuentra la fotografía del chino torturado en el proceso de leer la novela, y debe ser activo para captar los nexos entre la imagen fotografiada en China, y lo que se quiere que acontezca en París; la fotografía es un elemento constitutivo de la novela. Incluirla es tan novedoso como que el texto literario y el fotográfico integren algo más indivisible”.
La significación de la novela requiere de la escritura y de la fotografía. Mirar un instante, por ello, enfatizó, el intenso efecto que produce no disminuye en las lecturas sucesivas, sino aumenta, se convierte en una obra que sorprende siempre, que engancha al lector por la fascinación de sus misterios preservados por ella misma.
“Su conformación, estructura, que no haya una anécdota o continuidad temporal, son características que retienen al lector seducido por la estética, la temática, las estrategias narrativas. El lector queda intrigado porque no hay facilismos o respuestas a todas las preguntas que despierta la obra, lejos de la novela convencional decimonónica. Farabeuf se aleja de la forma novelesca del siglo XIX y del realismo. Rompe con un sólo punto de vista con un narrador omnisciente”.
La pregunta que se plantea la especialista es: ¿qué tanto hay de realismo en la novela? “Podría decirse que sí” —se responde—, en el sentido en que la representación novelesca remite a personajes reales, como el doctor Farabeuf, el hombre torturado, la turba y el verdugo chinos, cuya existencia es probada por la imagen fotográfica.
“La fotografía es un instante de realidad fijado para siempre: la mirada, el tiempo que no transcurre. La originalidad de Farabeuf contribuye a que siga impactando después de 60 años de su publicación; por ejemplo, no se puede resumir la novela: ¿de qué trata Farabeuf? ¿Puede ser contada? ¿Dar un resumen satisfactorio? Sí, pero claro que no. La obra está constituida, estructurada, para preservar sus misterios, que son muchos, para que el lector vuelva a ella una y otra vez para desentrañarlos.
“Lo que acontece en ella queda al borde de ser desarrollado. Las preguntas son anunciadas, pero no hay respuestas. No sorprende que con características únicas que la hicieron destacar, desde que apareció en 1965, su impacto no haya disminuido, al contrario, Farabeuf es ya un clásico de la lengua española, pero, ante todo, también es una novela de culto”, resaltó Georgina García Gutiérrez Vélez.
Javier García Galiano recordó que, en el prólogo a su autobiografía, que publicó en junio de 1966, incitado por Emmanuel Carballo, el escritor se preguntaba ¿quién es Salvador Elizondo? Y él mismo se respondía: “las fuentes para averiguarlo son escasas y quizá poco veraces”.
En esa autobiografía, reconocida por Elizondo como precoz, confesó que había escrito poesía, “profundamente influido por ciertos poetas ingleses, principalmente Robert Graves, y mi poesía era casi siempre una transcripción infiel del sentimiento poético de los demás”.
“Farabeuf es escritura pura, pero hay un conjunto geométrico constante en todo, desde cómo describe la fotografía y cómo se va conformando el libro. A pesar de todas las complejidades, Joaquín Mortiz no dejó de reeditar indeterminadamente, no era todo el tiempo, sino que pronto volvió a reeditar ese volumen diseñado por Vicente Rojo”.
Pese a ello, siempre parecía un hallazgo de las librerías. No era tan fácil conseguirlo, “creo que es de justicia reconocer y señalar que muchas de esas ediciones se deben a la labor fervorosamente amorosa y lúcida de Paulina Lavista”, de ahí que la vida editorial de la novela le rememora lo que Paul Valery: “es más difícil llegar a mil ejemplares vendidos en un siglo, que en un año”.
“Los manuales han aludido a la relevancia en la historia de literatura mexicana y de la literatura general que tiene Farabeuf, pero cada vez sigue siendo un hallazgo para ciertos lectores de diferentes edades, no solamente son jóvenes, son muy distintos, muy diversos y su encuentro con la novela puede parecer azaroso, puede haber sido propiciado por la mera curiosidad o por esa leyenda ambigua que siguen incitando Farabeuf y su autor”.
Además, Javier García Galiano destacó que no pocos de sus lectores frecuentan sus páginas para cultivar su recuerdo, como sucede mucho más con la poesía que con la prosa, y se le ve como un oráculo: lo ojeamos, buscamos, lo releemos sin orden.
“Vamos a sus páginas así, de pronto, y luego lo terminamos completito con mucha frecuencia, con más de la que se cree, para seguir descubriéndose de un modo personal, íntimo, porque es un libro cambiante, como el I Ching, que puede confundirse con el juego y puede parecer infinito como el círculo”.
Previo al inicio de la mesa redonda, se proyectó el documental Farabeuf o crónica de un instante. Génesis e impacto, realizado en 2016 bajo la dirección de Paulina Lavista, quien a lo largo de 25 minutos revisa la vigencia de la obra y de su creador a través de las voces de Adolfo Castañón, Jorge F. Hernández, Fabienne Bradú, Alejandro Toledo, Pablo Soler Frost, por mencionar sólo a algunos.
Asimismo, como parte de la Noche de Museos, se inauguró una exposición en la que se presenta un homenaje propiamente a la novela, a través de documentos y ambientaciones y fotografías de Elizondo en los instantes íntimos.
La mayoría de las fotografías que se exponen, ya sea en El Colegio Nacional o en cualquier lugar, señaló Paulina Lavista, son lo que llama vintage, porque todos son muy antiguos, y la mayoría datan de 1972. “Con la edad que tengo no cuento con cuarto oscuro, de manera que esas fotografías ni siquiera los puedo vender porque si no ¿con qué hago las exposiciones?”.
El Homenaje a Salvador Elizondo. El impacto de Farabeuf a 60 años de su aparición, celebrado en el Aula Mayor de El Colegio Nacional, se encuentra disponible en el Canal de YouTube de la institución: elcolegionacionalmx.

