INFANCIA, TRABAJO Y DESARRAIGO EN MI NO LUGAR

Mi no lugar documental
Cultura
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Con una sala llena en la Cineteca Nacional, el documental Mi no lugar, dirigido por la cineasta colimense Isis Ahumada, inició su recorrido nacional luego de un exitoso estreno en la capital el 27 de febrero.

La película, producida por Chulada Films, se exhibirá en más de 50 salas independientes del país entre marzo y julio, consolidando un proyecto que trasciende la pantalla.

Filmado en la comunidad de Quesería, Colima, el largometraje sigue la historia de Jonathan, un adolescente que migra desde Guerrero con la esperanza de continuar sus estudios, pero que pronto se enfrenta a una realidad marcada por la desigualdad, el trabajo infantil y la exclusión social en los campos cañeros de Cuauhtémoc, Colima.

Mi no lugar no es un relato individual, pues se convierte en una exploración profunda sobre el desarraigo y los límites de un sistema que, con frecuencia, no logra sostener los sueños de miles de niñas, niños y jóvenes en contextos vulnerables.

En entrevista con Vértigo Isis Ahumada subraya la importancia del cine no únicamente como una forma de narrar historias sino también como una herramienta de diálogo social y formación de públicos. El origen del documental, explica, está profundamente ligado a su experiencia como docente: “Todo empezó cuando yo empecé a dar clases en esta escuela secundaria. Tenía un contexto muy general de la migración de estas familias, pero nunca había interactuado directamente con ellas”, recuerda.

Sin embargo, el contacto cotidiano con estudiantes hijos de jornaleros migrantes detonó una inquietud más profunda: “Ver día a día los desafíos económicos y sociales, y cómo se normalizaba que muchos abandonaran la escuela, me llevó a querer conocer más a fondo sus historias”, señala.

Antes de encender la cámara Ahumada pasó meses visitando albergues y conversando con familias. “Estas conversaciones fueron sin cámara, sin micrófono. Era importante generar confianza”, explica.

Fue a través de ese acercamiento que conoció a la familia de Jonathan, particularmente a sus hermanos menores, quienes le hablaron de su llegada inminente. Ese momento, asegura, fue clave: “La espera de la familia era la señal de alguien que se enfrentaría a un nuevo lugar, a un cambio total en su vida”.

Resistencia y dignidad

Originalmente el proyecto preveía seguir tanto a un joven como a una adolescente para contrastar experiencias de género en la migración. Sin embargo, las condiciones estructurales impidieron que la historia femenina continuara. “Por los roles de género, ella tenía que hacerse cargo del hogar y de sus hermanos, lo que no le permitía participar en el documental”, explica Ahumada, evidenciando otra capa de desigualdad.

Cineteca Nacional

Con el paso del tiempo la propia mirada de la directora se transformó. La idea inicial de la escuela como espacio de cambio social se confrontó con la realidad. “Era una visión muy idealizada. Cuando Jonathan deja de ir a la escuela me doy cuenta de que para él no era un espacio de oportunidad sino de incomodidad y exclusión”, reconoce. Este giro llevó al documental a expandirse hacia otros espacios: el albergue, el trabajo en el campo y la vida comunitaria.

“El cine me permitió entender que la historia estaba en otro lado”, afirma. Y es ahí donde Mi no lugar encuentra uno de sus mayores aciertos: mostrar —además de la dureza de las condiciones— la resistencia y dignidad de las infancias en comunidad.

De igual manera el documental ha tenido un sólido recorrido en festivales. Su estreno se realizó en el Festival Internacional de Cine de Morelia 2022, formó parte de la Gira Ambulante 2023 y fue reconocido como Mejor Documental Antropológico en el Festival de Cine Antropológico del INAH en 2023. Además, participó en encuentros como Zanate, Doqumenta y el Vancouver Latin American Film Festival.

Sin embargo, el alcance del proyecto no se detiene en el circuito cinematográfico. A partir del documental surge Mochilas de azúcar, una iniciativa pedagógica que busca llevar la conversación a espacios educativos y comunitarios. La campaña llegará a estados como Colima, Jalisco, Chiapas, Oaxaca y Sonora, donde la economía cañera implica dinámicas constantes de migración.

El proyecto incluye mochilas con el documental en formato digital, una lotería cañera como herramienta didáctica y una guía para docentes que permitirá abordar temas como trabajo infantil, migración interna y discriminación. La inspiración proviene de iniciativas como Cine Mochila, impulsada por la docente Lupita Rábago en Sonora, que busca acercar el cine mexicano a comunidades escolares.

Para Ahumada el reto no solo está en producir cine sino en lograr que llegue a quienes más lo necesitan. “Distribuir una película es tres veces más complejo que hacerla. Nuestro interés era llevar esta conversación a escuelas donde estas realidades son cercanas”, afirma.

Más allá de cifras o taquilla, la directora apuesta por el impacto en el diálogo cotidiano. “No sé si cambiará una ley laboral, pero sí creo que puede generar reflexiones en estudiantes y docentes, pequeñas transformaciones dentro del aula”, señala.

En este sentido Mi no lugar se posiciona como una obra que interpela directamente a la sociedad mexicana. “Es urgente entender que vivimos en un país diverso, donde la migración es una condición común, pero también una fuente de desigualdad”, reflexiona Ahumada. La película, dice, ha resonado especialmente en ciudades como la CDMX, donde muchas familias comparten historias migrantes, aunque no siempre sean visibles.

Al final, el documental deja abierta una pregunta que trasciende la historia de Jonathan: ¿qué significa pertenecer? Para la directora, los “no lugares” pueden convertirse también en espacios de resistencia. “Son esos sitios, permanentes o transitorios, donde logramos construir comunidad y sentirnos seguros”, concluye.

Mi no lugar no solo documenta una realidad sino que propone además una conversación urgente sobre la infancia, la migración y el derecho a imaginar (y construir) un futuro distinto.

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