Ciudad de México, a 17 de febrero. Las Comisiones Unidas de Hacienda y Crédito Público y de Estudios Legislativos Primera aprobaron la emisión de tres monedas conmemorativas de la Copa Mundial de la FIFA 2026, evento del que México será una de las sedes junto con Estados Unidos y Canadá. La medida forma parte del conjunto de acciones institucionales para reconocer la relevancia histórica del torneo, que será el primero con participación ampliada de selecciones y el de mayor alcance global en la historia del fútbol.
De acuerdo con el dictamen legislativo, se autoriza la acuñación de tres piezas: una moneda de oro, una de plata y una bimetálica de circulación general, que tendrán al anverso el Escudo Nacional y al reverso el diseño que determine el Banco de México, alusivo al Mundial 2026, y que tendrán valor legal dentro del sistema monetario nacional, además de su carácter conmemorativo.
La emisión se inscribe en la tradición numismática del país de registrar acontecimientos relevantes mediante piezas conmemorativas, particularmente aquellos que proyectan la imagen de México a nivel internacional. La organización del Mundial 2026 representa, en este sentido, un hecho de alcance histórico, ya que el país será sede por tercera ocasión de una Copa del Mundo.
Sin embargo, desde el ámbito económico y empresarial, el anuncio ha generado reflexiones más amplias sobre el tipo de impacto que México busca consolidar a partir del evento.
El analista financiero y empresario Manuel Herrejón Suárez señaló que la emisión de monedas conmemorativas es una práctica institucional legítima y consistente con la relevancia simbólica del torneo, pero subrayó que el verdadero reto para el país radica en el legado económico que pueda derivarse de su participación como sede.
Desde su perspectiva, los grandes eventos deportivos internacionales adquieren relevancia estratégica cuando funcionan como detonadores de transformación estructural, particularmente en materia de infraestructura, competitividad turística, desarrollo urbano y posicionamiento económico internacional.
Herrejón Suárez indicó que, en experiencias internacionales comparables, los instrumentos conmemorativos suelen representar el cierre simbólico de procesos de modernización económica más amplios, no su eje central. Por ello, consideró que el foco del debate público debería orientarse a la planificación económica asociada al evento y a los mecanismos mediante los cuales el país buscará capitalizar su exposición global.
El especialista advirtió que los beneficios económicos de un Mundial, como la generación de empleo, la atracción de inversión o la expansión de la actividad turística, no son automáticos, sino que dependen de decisiones de política pública, coordinación institucional y estrategias de largo plazo.
En este sentido, Manuel Herrejón Suárez planteó que el aprovechamiento integral del torneo requerirá inversiones con retorno medible, políticas de desarrollo turístico sostenidas más allá del evento y acciones que fortalezcan la integración económica regional en el contexto de Norteamérica.
El Mundial 2026 representará uno de los eventos internacionales de mayor visibilidad para México en las próximas décadas, con proyección hacia millones de visitantes y audiencias globales. Para analistas del sector financiero y empresarial, la dimensión simbólica del acontecimiento convive con una oportunidad económica que, de concretarse, podría tener efectos de largo plazo sobre la competitividad del país.
La aprobación de las monedas conmemorativas marca así uno de los primeros actos institucionales asociados al torneo. El alcance económico real del evento, coinciden especialistas, dependerá de las decisiones estratégicas que acompañen su organización en los próximos años.

