El esquiador espera conseguir la mejor participación de su carrera en Milano- Cortina 2026.
Arly Velásquez estaba por descender la montaña Cluster en Sochi, Rusia. Eran sus segundos Juegos Paralímpicos y era el único latinoamericano en la prueba de Descenso Downhill. Tenía que completar el empinado recorrido en el menor tiempo posible. Al llegar a la quinta bandera —la parte más escarpada de la pista— perdió el control y salió volando: cinco vueltas y media sobre el hielo duro.
Se levantó y al día siguiente volvió a competir, como si nada hubiera pasado; pero la resonancia magnética que se hizo apenas llegó a México delató otra cosa: una de las piezas que sostenía su columna, lesionada luego de caer de su bicicleta de montaña cuando tenía 13 años, se había aflojado. Tenían que volver a operarlo.
El procedimiento no fue sencillo. Le rompieron una costilla y colapsaron uno de sus pulmones —por tercera vez—, tuvo fibrosis en la caja torácica y un sangrado que dejó su cuerpo en estado de shock. Estuvo en coma inducido durante tres días.
Ha pasado poco más de una década de aquel accidente y mientras sostiene el micrófono para hablar como único representante de México en la justa paralímpica de Milano-Cortina 2026, un día después de haber sentido el peso de la bandera, nadie creería que luego de quedar dos años fuera, con diez kilos menos y sin movilidad en su pierna derecha, volvería con tal contundencia, desenfado —asistió acompañado de sus dos perritos— y una sonrisa que es toda dientes.
Buen augurio
De hecho, Velásquez viene de su mejor racha. Las últimas dos temporadas dominó el circuito norteamericano y en 2025 se situó dentro de los diez mejores del mundo. “De las siete oportunidades de medalla nos llevamos cuatro: tres de oro y una de plata”, aseguró.
En pocos días el esquiador competirá en tres carreras dentro de la categoría LW10-1: la Prueba Downhill, el 7 de marzo; el Super-G, el 9; y cerrará con el Giant Slalom, su especialidad, el 13.
—La competencia comienza la próxima semana. ¿Cómo se siente?
—Muy en paz. Estos juegos son especiales, porque es la primera vez que los siento míos. Una cosa es participar y otra competir. Ya no estoy en la línea de solo participar. Quizás eso fue en mis primeros juegos, pero desde Sochi he peleado por un lugar.
Añade: “Muchos me preguntan: ‘¿Qué esperas de Milán-Cortina?’ Como si llegara y el resultado simplemente fuera a caer. Este no se obtiene solo: sucede por disciplina y por una pasión constante por mejorar. Por eso me negué a dar entrevistas, por más que me encanta hablar y contarles historias”, dijo entre risas.
—He escuchado que todavía quiere estar en dos Juegos Paralímpicos más…
—Mira, yo me iba a retirar en 2018 y aquí sigo. Así que si la pregunta es si estos serán mis últimos juegos, no lo sé… La vida dirá. Yo quiero ir por otros dos. En 2034 la justa será en Park City, Utah. Ahí, en el National Ability Center, mejoré mucho, podría decir que aprendí a esquiar. Entonces, sería un sueño poder culminar mi carrera donde comencé.
—¿A los 45 años?
—Si algo tengo a mi favor es que el esquí no depende solo de la explosión o de qué tan joven eres; hay muchos factores técnicos: el monoesquí, las aceras, el setting de la suspensión, las condiciones de la nieve... Entre más creces te vuelves más sabio, sabes dónde poner tu atención y conseguir mejores resultados.
Puntualiza que “hay muchos deportistas que alcanzan su primera medalla pasados los 40 años. Están Line Simone, Frédéric Francois o Taiki Morii, quien es mi referente desde que comencé. Sigue compitiendo y se mantiene en el top a sus ¡50 años!”
Más sabio
—¿Qué tiene el Arly de ahora que no tenía el de hace 17 años, cuando comenzó?
—Me he vuelto demasiado obsesivo con los detalles. Sé lo que quiero, sé lo que funciona para mí y no hay forma de que ceda por menos. Y como bien dicen, Dios está en los detalles, pero también el diablo. Cuando no cuidas eso las cosas se resuelven de manera aleatoria y eso el Arly de ahora no lo permite: todo lo que pueda controlar hasta llevarlo a un nivel de excelencia, lo haré.
—¿A qué detalles se refiere?
—Soy muy cuidadoso con el mantenimiento del monoesquí. La navaja tiene muchas configuraciones, desde los grados en los que haces el corte, o el filo; y no hay una manera correcta de hacerlo. Guille, quien es parte de mi equipo, es el que hace ese servicio. Soy su único cliente, yo lo formé, y esa es mi máxima ventaja, porque la mayoría no se avienta ese proceso, contrata a alguien.
Relata que “también está el caso de los shocks o amortiguadores. Soy el único en el mundo que tiene dos. Uno está debajo de las piernas, un shock Ohlins muy especializado, lo tienen las Ducati, y ayuda a compensar las sacudidas de las piernas, que van muy expuestas, cuando pasas por varios hoyos. Son solo unos ejemplos. Otras cosas son el entrenamiento específico, la alimentación, las horas de sueño…
—¿Qué mensaje ofrece a esas personas que no se animan a hacer ni la mitad de lo que usted ha hecho?
—Yo vengo de Cancún. Entonces, hablar de la nieve en ese contexto no tiene sentido. Lo que quiero decir es que no hay sueño que no se pueda alcanzar si estás dispuesto a moldear la realidad. Hay ciclos. Habrá veces en las que sientas que todo está a tu favor y otras en las que estás a contracorriente. Ten calma. Recuerda por qué estás haciendo las cosas, encuentra ese algo que te mueva en el alma, que para mí es la montaña, mi gran maestra.
Arly Velásquez, cuidadoso en extremo de los pequeños detalles, está listo para competir y tiene todo a su favor para llevar a cabo una participación destacada. ¡Enhorabuena!

