2026: Clave para la planeación del futuro patrimonial y de la empresa familiar

Sin planeación sucesoria, aproximadamente 33 por ciento de las empresas familiares logra pasar del fundador a la segunda generación

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Ciudad de México, 21 de enero de 2026. El inicio de este año representa una oportunidad estratégica para que las empresas familiares mexicanas refuercen su planeación patrimonial, establezcan mecanismos sucesorios sólidos y garanticen la continuidad de su legado económico y social. La empresa familiar no solo es la base del tejido productivo nacional, sino también uno de los sectores más vulnerables cuando no existe planeación de largo plazo.

 

 

En México, más del 90 por ciento de las empresas son familiares. De acuerdo con datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) y de la Confederación de Cámaras Nacionales de Comercio, Servicios y Turismo (CONCANACO SERVYTUR), estas empresas aportan entre 60 y 65 por ciento del Producto Interno Bruto y generan alrededor del 70 por ciento del empleo formal. A pesar de su peso económico, enfrentan un riesgo estructural: la sucesión generacional mal planeada.

 

 

Estudios internacionales del Family Business Network y de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) coinciden en que solo una de cada tres empresas familiares logra llegar a la segunda generación y apenas alrededor del 13 por ciento sobrevive a la tercera. La principal causa no es el mercado ni la falta de rentabilidad, sino la ausencia de planeación patrimonial, testamentos claros y esquemas formales de sucesión y gobernanza.

 

 

La planeación patrimonial no es un lujo ni un trámite postergable; es una decisión estratégica para la continuidad de una empresa familiar, señala Jorge Arellano, especialista en blindaje patrimonial y sucesión empresarial. Demorar la elaboración de un testamento o evitar conversaciones sobre sucesión es uno de los mayores factores de riesgo, ya que genera incertidumbre, conflictos internos y, en muchos casos, la pérdida de valor del negocio tras la ausencia del fundador explica.

 

La magnitud del problema está documentada. El Global Family Business Survey de PwC señala que 43 por ciento de las empresas familiares a nivel mundial no cuenta con un plan de sucesión formal. En el caso de México, el estudio “Nivel de progreso de las Empresas Familiares para lograr su continuidad y armonía”, elaborado por el Centro de Investigación para Familias de Empresarios del IPADE Business School en conjunto con BBVA Research, indica que cerca de 49 por ciento de las empresas familiares enfrenta un alto riesgo de no subsistir por la falta de procesos de sucesión e institucionalización, y solo alrededor del 5 por ciento cuenta con un plan de sucesión directiva y patrimonial claramente definido.

 

 

Estas cifras confirman que la transición generacional debe abordarse con anticipación, comunicación familiar y decisiones jurídicas claras. La improvisación en estos procesos suele traducirse en disputas legales, parálisis operativa y deterioro de la confianza de inversionistas, clientes y colaboradores.

 

 

Dentro de una estrategia patrimonial integral, el testamento juega un papel central. Aunque no sustituye otros instrumentos como fideicomisos, protocolos familiares o estructuras formales de gobierno corporativo, sí establece la voluntad legal del fundador respecto a la distribución de activos y la transferencia de la propiedad. Firmas especializadas en empresa familiar como Grant Thornton, KPMG y Deloitte Private coinciden en que la falta de un testamento genera incertidumbre jurídica, eleva los costos legales y pone en riesgo la continuidad del negocio.

 

Más allá del valor económico, la estabilidad y la armonía familiar dependen de decisiones tempranas y transparentes. Un testamento bien estructurado ordena expectativas, reduce tensiones y protege tanto a la familia como a la empresa, subraya Arellano.

 

Jorge Arellano afirma que, aunque 2026 no contempla en México beneficios fiscales específicos para la elaboración de testamentos o planes sucesorios, este año es especialmente relevante por varias razones:

· Primero, muchas empresas familiares fundadas en las décadas de 1980 y 1990 están entrando en una etapa natural de relevo generacional, lo que vuelve urgente la formalización de decisiones patrimoniales.

 

 

· Segundo, a nivel internacional, organizaciones como Family Business Network y Family Business United han señalado que la agenda de las empresas familiares para el periodo 2025–2027 está centrada en sucesión, gobernanza, sostenibilidad y profesionalización como factores clave de competitividad.

 

 

· Tercero, el contexto macroeconómico y normativo del Paquete Económico 2026 en México, si bien no ofrece incentivos directos, sí apunta a estabilidad fiscal y fortalecimiento del empleo formal, lo que favorece a empresas que invierten en institucionalización y planeación estratégica.

 

Los datos comparativos de supervivencia empresarial refuerzan esta urgencia. Sin planeación sucesoria, aproximadamente 33 % de las empresas familiares logra pasar del fundador a la segunda generación y solo alrededor del 13 % llega a la tercera, según análisis del Family Business Network y de la OCDE. En contraste, las empresas que inician procesos formales de sucesión entre cinco y diez años antes del relevo incrementan de manera significativa sus probabilidades de continuidad.

 

Para las empresas familiares mexicanas, 2026 debe entenderse como un punto de inflexión. La planeación patrimonial, incluido el testamento, no solo protege activos, sino que permite preservar empleos, evitar conflictos y asegurar que el legado empresarial se mantenga y crezca en manos de las siguientes generaciones. Planear hoy es la diferencia entre heredar problemas o construir continuidad.

 

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