CDMX. 12 de febrero de 2026. En México, hablar de herencias sigue siendo incómodo. Pero cuando el amor se multiplica en segundas parejas, hijastros y vínculos fuera del matrimonio, el silencio puede convertirse en conflicto legal. La realidad familiar del país está cambiando: en 2024 se registraron 161 mil 932 divorcios, con una tasa de 1.79 separaciones por cada mil personas adultas y cerca de 33 divorcios por cada 100 matrimonios, de acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística y Geografía.
Este contexto redefine la manera en que se construyen —y se disputan— los patrimonios. Familias reconstituidas, uniones libres y relaciones simultáneas son cada vez más frecuentes, pero la planeación legal no avanza al mismo ritmo. Cuando no existe testamento, la ley establece órdenes sucesorios estrictos que muchas veces dejan fuera a quienes, en la práctica, formaban parte del núcleo afectivo.
“El amor puede transformarse muchas veces en la vida, pero el patrimonio solo tiene una oportunidad de ordenarse correctamente. No planear es heredar conflictos”, advierte Jorge Arellano, especialista en planeación patrimonial y empresa familiar.
La figura del concubinato, reconocida en la legislación civil mexicana, otorga derechos sucesorios bajo ciertas condiciones, pero estos pueden entrar en tensión con matrimonios vigentes, hijos de distintas relaciones o bienes adquiridos en etapas diferentes de la vida. En escenarios sin testamento, los procesos legales suelen prolongarse y fragmentar tanto el patrimonio como los vínculos familiares.
“Las familias de hoy ya no responden a un solo modelo. Existen hijastros que fueron criados como hijos, parejas que nunca se casaron y relaciones paralelas que también generaron patrimonio. El problema no es esa diversidad, sino la falta de decisiones jurídicas oportunas”, señala Arellano.
El aumento de divorcios, junto con la disminución sostenida de matrimonios en el país, confirma que la estructura familiar mexicana atraviesa una transición profunda. En este escenario, la planeación patrimonial deja de ser un trámite lejano para convertirse en un acto de responsabilidad emocional y financiera.
Para el especialista, el verdadero significado del legado no está solo en repartir bienes, sino en preservar la armonía: “Heredar también es una forma de amar. Cuando alguien organiza su patrimonio pensando en todos los que formaron parte de su historia, evita que el afecto termine en tribunales”.
En el marco del Día del Amor, la reflexión adquiere un matiz distinto. No se trata únicamente de celebrar vínculos presentes, sino de asumir que las decisiones legales de hoy definirán la estabilidad de quienes permanecen. Porque en las familias deconstruidas, el amor puede ser complejo; el conflicto sucesorio, en cambio, suele ser inevitable cuando no existe previsión.
Consejos para proteger el legado en familias reconstituidas
1. Hacer testamento cuanto antes.
Es la herramienta legal más efectiva para evitar disputas entre cónyuges, concubinas, hijastros e hijos de distintas relaciones.
2. Definir claramente beneficiarios y porcentajes.
La ambigüedad en la repartición del patrimonio es una de las principales causas de conflictos familiares y juicios sucesorios prolongados.
3. Regularizar el estado civil y el concubinato.
Acreditar legalmente matrimonios, divorcios o uniones de hecho permite que los derechos sucesorios se reconozcan sin controversias.
4. Separar patrimonios por etapas de vida.
Identificar qué bienes corresponden a cada relación o periodo facilita una distribución justa y jurídicamente sólida.

