Miami, Estados Unidos, 19 de marzo. El Partido Comunista de Cuba ha mostrado una asombrosa resiliencia durante seis décadas en el poder.
Ya sea el embargo comercial de Estados Unidos para contrarrestar la revolución de Fidel Castro de 1959, o la hambruna generalizada del "período especial" que siguió a la desintegración de su padrino de la Guerra Fría, la Unión Soviética, tanto las hostilidades de Estados Unidos como las calamidades provocadas por el propio país han demostrado no ser rival para la dirigencia nacional.
Pero quizá ninguna de esas crisis represente una amenaza tan grave como la desencadenada por un cerco naval prácticamente declarado por el gobierno del presidente Donald Trump, mientras busca forzar un cambio de régimen tras su exitoso derrocamiento del aliado histórico de Cuba, el venezolano Nicolás Maduro.
Incluso mientras libra una guerra con Irán, Trump afirmó esta semana que pronto tendrá "el honor de tomar Cuba". Aunque no estaba claro exactamente a qué se refería, Estados Unidos busca que el presidente Miguel Díaz-Canel deje el poder como parte de conversaciones en curso con La Habana que podrían evitar algún tipo de intervención militar estadunidense.
Sin declarar un bloqueo formal, Trump y su gobierno ya han paralizado el comercio con la isla.
Los suministros de petróleo, alimentos y otros bienes hacia la isla se desplomaron en marzo, sin que llegara a Cuba ningún buque tanque procedente del extranjero, según datos de navegación analizados por Windward, una firma de inteligencia marítima. El volumen de escalas portuarias, que incluye buques tanque que se desplazan de un puerto cubano a otro, promedió alrededor de 50 al mes en 2025, pero cayó a apenas 11 en marzo, todas ellas procedentes de puertos nacionales. Fue el nivel más bajo desde 2017. Además, no se vislumbra mucho alivio: no hay buques cisterna en camino y solo tres portacontenedores —procedentes de China, India y Holanda— reportan a Cuba como puerto previsto, aunque sus destinos podrían cambiar.
El estrangulamiento está alterando la vida de los once millones de habitantes de Cuba, que soportan apagones masivos y un colapso de la atención médica debido a la falta de combustible para hacer funcionar ambulancias y generadores hospitalarios. El país, uno de los más dependientes del mundo del petróleo para generar electricidad, produce apenas el 40% del crudo necesario para cubrir sus necesidades energéticas.
La detención repentina del comercio se ha producido sin que la Casa Blanca vuelva a imponer restricciones a las exportaciones hacia Cuba, que se flexibilizaron por última vez durante el gobierno de Joe Biden. De hecho, los envíos a Cuba de pollo, cerdo y otros alimentos producidos en Estados Unidos —que representan la gran mayoría de las exportaciones estadunidenses al país— se dispararon el año pasado hasta 490 millones de dólares, la cifra más alta desde 2009. Las exportaciones no agrícolas y las donaciones humanitarias, gran parte de ellas destinadas al incipiente sector privado cubano, se más que duplicaron.
Pero envalentonado por la captura de Maduro por parte de Estados Unidos, Trump ha ido intensificando gradualmente su retórica sobre Cuba: primero sugirió que buscaría una "toma amistosa" del país y, más recientemente, les dijo a aliados conservadores de América Latina que se "encargaría" de Cuba una vez que la guerra con Irán se apague.
Aunque ni él ni su gobierno han explicado qué significa exactamente esa promesa, la presencia continuada en el Caribe de buques de guerra de Estados Unidos utilizados en el ataque contra Maduro ha llevado a empresas y países que hacen negocios con Cuba a autocontrolarse.

