Mujeres conquistan empleos que eran dominados por los hombres

De acuerdo con el INEGI, la tasa de participación económica de las mujeres ronda el 46%, frente a más de 75% en hombres

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Ciudad de México, 6 de marzo 2026. La participación femenina en el mercado laboral ha dado un giro estructural en las últimas décadas, especialmente en sectores históricamente dominados por hombres. De acuerdo con el reporte Occupations by Gender: The Facts, publicado en octubre de 2025 por el American Institute for Boys and Men, el mercado laboral estadounidense se ha movido hacia una mayor paridad: en 2024, los hombres representaron el 53% de los trabajadores en edad productiva, una cifra estable desde 1992, pero considerablemente menor frente a 1968.

El informe subraya que muchas de las ocupaciones que cambiaron lo hicieron hacia el equilibrio de género. Profesiones como management, derecho y ciencias de la vida pasaron de estar fuertemente dominadas por hombres a niveles cercanos a la paridad, algunas incluso con ligera mayoría femenina. Sin embargo, los trabajos manuales y técnicos siguen siendo predominantemente masculinos, mientras que salud y educación mantienen —e incluso han visto disminuir— la participación masculina.

El cambio responde a transformaciones profundas en la estructura económica. En 1968, tres categorías —producción, management y transporte— concentraban la mitad del empleo masculino en Estados Unidos; en 2024, ese porcentaje cayó a 31%. La manufactura, por ejemplo, pasó de emplear al 20% de los hombres y al 17% de las mujeres en 1968, a apenas 7% y 3%, respectivamente. En contraste, sectores emergentes como computación ya emplean al 7% de los hombres, mientras que el sector salud concentra al 12% de las mujeres.

En México, la tendencia hacia mayor participación femenina es clara, aunque el rezago frente a economías desarrolladas persiste. Datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) muestran que la tasa de participación económica de las mujeres ronda el 46%, frente a más de 75% en hombres. La brecha es significativa si se compara con el promedio de la OCDE, que alcanza 67%.

Sin embargo, el avance no es homogéneo, especialmente en la alta dirección. De acuerdo con el reporte Las Mujeres en las Empresas del Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO), desde 2021 se ha registrado un progreso en la representación femenina en direcciones financieras y jurídicas, pero persiste un estancamiento en la dirección general.

Actualmente, las mujeres ocupan apenas 3% de las direcciones generales, 15% de las direcciones financieras y 26% de las jurídicas. Además, 64% de las empresas no cuenta con mujeres en estas tres posiciones clave, aunque la cifra mejora frente al 73% registrado en 2024. De mantenerse la tendencia actual, México alcanzaría la paridad en los consejos de administración hasta 2043.

En Estados Unidos, cifras de la U.S. Bureau of Labor Statistics indican que las mujeres representan alrededor del 51% de la fuerza laboral total y superan el 50% en ocupaciones profesionales. Este avance ha estado vinculado a mayores niveles de educación universitaria femenina y a la expansión de sectores intensivos en conocimiento.

Más allá de la dimensión social, el impacto económico es contundente. De acuerdo con Essentia Advisory: “La igualdad de género no es solo un indicador social, es un multiplicador de productividad. Las empresas con mayor diversidad en posiciones estratégicas tienden a innovar más rápido y a tomar decisiones mejor fundamentadas”.

En este sentido, el Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO) estima que, si México elevara la participación económica femenina de 46% al promedio de la OCDE, sería necesario incorporar a 18.6 millones de mujeres al mercado laboral. El impacto sería estructural: el PIB nacional podría aumentar en 6.9 billones de pesos hacia 2035.

Para la firma de gestión de talento humano y desarrollo empresarial, “cerrar la brecha de participación femenina en México podría representar uno de los mayores catalizadores de crecimiento económico de la próxima década. Integrar más mujeres en la alta dirección no solo mejora la reputación corporativa, sino que fortalece resultados financieros y sostenibilidad de largo plazo”.

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