Ciudad de México, 25 de febrero de 2026. Con la llegada de la primavera, el cielo adquiere un significado especial en Yucatán. Más que un espectáculo estacional, el cambio de ciclo representa una herencia viva que conecta a las comunidades actuales con la profunda cosmovisión del pueblo maya, cuya relación con los astros marcó el ritmo de la agricultura, la arquitectura y la vida cotidiana durante siglos.
En Yucatán, la primavera no solo se observa: se siente y se interpreta. Las antiguas ciudades mayas fueron concebidas con una precisión astronómica que continúa asombrando al mundo. En Chichén Itzá, durante el equinoccio, la luz del sol crea el efecto de una serpiente descendiendo por la escalinata del Castillo, fenómeno que simboliza el descenso de Kukulkán y la renovación de los ciclos naturales. Este espectáculo de luz y sombra es testimonio del vasto conocimiento astronómico de la civilización maya.
Otro punto emblemático es Dzibilchaltún, donde el Templo de las Siete Muñecas se alinea con el amanecer del equinoccio, permitiendo que el sol atraviese su puerta central e ilumine el interior. Esta armonía entre arquitectura y cosmos refleja la manera en que el cielo guiaba las decisiones espirituales y productivas de la región.
Más allá de las zonas arqueológicas, la primavera invita a redescubrir cenotes rodeados de selva, reservas naturales y comunidades que preservan tradiciones vinculadas a los ciclos agrícolas y ceremoniales. En cada rincón, el cielo despejado de Yucatán —uno de los más nítidos del país— se convierte en escenario para la contemplación, el astroturismo y experiencias que combinan bienestar, cultura viva y naturaleza.
Este periodo también es una oportunidad para reconocer la diversidad y riqueza cultural que caracteriza al estado. Mujeres y hombres guardianes del conocimiento ancestral comparten saberes sobre el calendario maya, las constelaciones y los rituales que honran la tierra y el firmamento, promoviendo un turismo respetuoso, inclusivo y consciente.
Yucatán invita a visitantes nacionales e internacionales a vivir una primavera diferente: a observar cómo el sol marca el inicio de un nuevo ciclo, a reconectar con la sabiduría ancestral y a experimentar un destino donde el cielo no solo se contempla, sino que dialoga con la historia y el presente.

