¿Qué dice de ti el tamal que eliges en la Candelaria?

La Candelaria, más que una fecha de consumo es un ritual social

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CDMX. 22 de enero de 2026. El 2 de febrero México no “come tamales”: se organiza alrededor de ellos. En la oficina aparece un chat y una sola certeza: ¿cuántos van a querer? En casa alguien busca la vaporera como quien saca un objeto sagrado. Y la deuda de la rosca —ese muñequito que parecía un chiste— se convierte en un acto serio: cumplir, invitar, escoger y pertenecer.
 
Porque el tamal en la Candelaria funciona como un pequeño retrato: no sólo revela lo que te gusta, sino cómo celebras. Si pides el clásico de salsa verde que “no falla”, si te vas por lo regional del oaxaqueño, si lo vuelves dulce o si te entregas a lo intenso del mole… o a las variantes gourmet. No es casualidad. Es identidad en masa y hoja.
 
En ese sentido, Salvador Ramos, chef corporativo de Lyncott, señala que los ingredientes enriquecen un platillo y fortalecen el vínculo entre generaciones porque la cocina es un espacio de encuentro y memoria. Es una forma de transmitir costumbres, afectos y maneras de entender la mesa.

La logística emocional de la Candelaria
La Candelaria tiene un don: transforma una fecha en una escena repetida por todo el país. La rosca marca a “los elegidos”, pero lo importante no es el castigo; es el pacto.
 
El que paga quiere que todo salga perfecto: encarga temprano, pregunta sabores y cantidades. Hay quien opina, aunque no pague. Y también quien llega con “lo que encontró”. Está el que elige su tamal sin dar pie a negociaciones. En ese intercambio, aparentemente trivial, se negocian gustos y afectos.
 
Nada de esto es casual. En México, el maíz no es solo un ingrediente: es una estructura cultural que atraviesa la alimentación cotidiana. Fuentes académicas y organismos internacionales estiman un consumo diario de alimentos derivados del maíz en torno a medio kilo por persona, en promedio, cifra que ayuda a entender por qué el tamal no es un antojo ocasional, sino un símbolo.
 
Además, expertos destacan que, si bien el valor nutrimental del tamal varía según su tamaño e ingredientes, coinciden en que un tamal puede contener entre 100 y más de 400 calorías, el tamal aporta carbohidratos de la masa, proteínas cuando incluye carne o pollo y grasas de la manteca, además de fibra, vitaminas y minerales como potasio y hierro. Es un alimento energético que conviene disfrutar con moderación.
 
Hoja de maíz vs hoja de plátano
 
El tamal en hoja de maíz es la tradición de todos los días convertida en rito. Es la elección de quien quiere el tamal reconocible, el que huele a casa. Verde, rajas, dulce: el universo clásico. Es el tamal en su expresión más pura.
 
Por su parte, el de hoja de plátano mejor conocido como oaxaqueño, cambia todo: el aroma se vuelve más envolvente, la masa más húmeda, el bocado más “serio”. Es el tamal para quien busca intensidad y no le da miedo el mole, el plátano macho, los sabores más complejos.
 
Elegir entre hoja de maíz y hoja de plátano no es una preferencia menor: es optar por una tradición que se remite a lo ancestral, frente a un viaje del paladar a tradiciones regionales que han impactado a todo el país.
 
Y si lo pensamos desde el origen, se vuelve todavía más grande. De acuerdo con la Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad (CONABIO), México tiene 64 tipos de maíz, de los cuales 59 se consideran nativos. Es decir que, detrás de un tamal hay decenas de historias agrícolas y regionales ocurriendo a la vez.
 
Tamalómetro: lo que tu elección “dice de ti”
 
La Candelaria se vive distinta según el tamal que eliges. No como una regla, sino como guiño.
 

  • Verde: eres de paz social; quieres que a todos les guste y que la mesa fluya.
  • Rojo: te gustan las decisiones firmes; prefieres carácter a neutralidad.
  • Rajas: buscas confort y equilibrio; el placer está en lo cremoso y lo salado, sin exagerar.
  • Mole: te gustan los sabores profundos; eres de antojo con sobremesa, de bocado que se queda.
  • Dulce: eres ritualero; para ti la celebración necesita final, no solo “comida”.
  • El gourmet: celebras la reinvención; te gusta contar la historia de lo que comes.

 
El 2 de febrero parece sólo una fecha más en el calendario, pero en realidad es un momento de identidad compartida. Un día en que todo el país se reconoce en hojas, en masa y en esa pregunta inevitable que se repite año con año: ¿de qué van a ser los tamales?
 

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