Una ruta cultural por los Pueblos Mágicos de Sinaloa

En los Pueblos Mágicos de Sinaloa la cultura se hereda y se vive todos los días

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CDMX. 22 de enero de 2026. El recorrido comienza en Mocorito, uno de los pocos lugares en México donde se practica ulama, un juego de pelota prehispánico considerado antecesor del juego mesoamericano. Presenciar un partido es ser parte de una tradición viva que ha pasado de generación en generación y que hoy forma parte de la identidad comunitaria. A ello se suma su vocación cultural, presente en sus plazas y en actividades como la kermés que se realiza los viernes en la Plazuela Miguel Hidalgo, con juegos de lotería, venta de artesanías, dulces típicos y repostería tradicional.
 
En El Fuerte, la experiencia cultural se vuelve casi mística. Muy cerca del pueblo se encuentra el Cerro de la Máscara, un sitio de alto valor histórico por sus petroglifos tallados directamente en la roca volcánica, con una antigüedad estimada de entre mil y 2,500 años. Esta visita se complementa con el acercamiento al pueblo de Los Capomos, comunidad indígena donde se preservan manifestaciones artísticas de música y danza Mayo Yoreme durante ceremonias y rituales; o con una visita al Mochicahui, reconocido por sus festividades tradicionales y por contar con uno de los centros ceremoniales más grandes y activos del norte del estado.
 
San Ignacio muestra una dimensión histórica distinta. En su litoral se encuentran los petroglifos de Playa Las Labradas, una zona arqueológica única en el país. El pueblo también cuenta con atractivos singulares como su propio Callejón del Beso y la llamada Casa del Diablo. Además, en Acatitlán, se encuentra el primer museo dedicado al jaguar, especie emblemática de México. Con una fuerte tradición rural ligada al campo y a la cocina regional, recorrer este pueblo es descubrir historia y costumbres que conviven de manera auténtica.
 
En Cosalá, la herencia minera se refleja en su arquitectura que resguarda siglos de historia. Las experiencias se viven en talleres artesanales, en la elaboración de dulces tradicionales, y en recorridos por antiguas minas. El contacto con la naturaleza es otro de sus grandes distintivos, ya sea en la Reserva Ecológica de Nuestra Señora, la segunda más grande del país; en las Grutas México, con más de 250 metros de profundidad; o en las Cascadas Vado Hondo, ideales para actividades como natación, senderismo y cabalgatas. Cosalá ofrece una conexión directa con un estilo de vida que ha sabido adaptarse sin perder su esencia.
 
Finalmente, El Rosario resguarda una de las identidades culturales más arraigadas del sur del estado. Su memoria musical está asociada a figuras como Lola Beltrán, “La Reina de la Canción Ranchera”, quien cuenta con un museo dedicado a su vida y legado. Por otro lado, las artesanías de Matatán destacan por su técnica rústica en la elaboración de muebles de palma y madera, así como los vestigios artesanales de la cultura Totorame en Chametla, donde aún se utilizan piezas como las tinajitas, cuencos decorados utilizados tradicionalmente en la preparación de alimentos.
 
Sinaloa ofrece una propuesta para viajeros que buscan autenticidad e historias que se quedan en la memoria con experiencias culturales que sólo pueden comprenderse recorriendo sus Pueblos Mágicos y compartiendo la vida de sus comunidades.

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