Joe Biden
Patrick Semansky/AP
13 octubre 2021
Claudia Luna Palencia
Internacional

EU ENCARA A CHINA CON SU PROYECTO “RECONSTRUIR UN MUNDO MEJOR”

Mientras el mandatario estadunidense Joe Biden trata de convencer a contrarreloj a los congresistas demócratas y republicanos de las bondades de su histórico presupuesto de 3.5 billones de dólares y la inversión en infraestructura por 1.2 billones de dólares, en China el presidente Xi Jinping apremia para que la Iniciativa de la Franja y la Ruta (BRI, por sus siglas en inglés) retome su cauce alcista luego de desplomarse 32% en el primer semestre del año con 19.3 billones de dólares invertidos.

Los jefes del Ejecutivo en los dos países más poderosos económicamente hablando del mundo avanzan con sus planes geoestratégicos aunque la urgencia sanitaria por el virus del SARS-CoV-2 no concluye todavía: cada uno intenta a su manera reposicionar a su nación en un claro liderazgo pospandemia.

Para aplacar al poderío del país asiático la Unión Americana construye una serie de tácticas que requieren pasar por el cedazo de sus respectivas cámaras legislativas. Prácticamente la batalla entre China y EU por el predominio global se extiende a todos los ámbitos y esa disputa entra también en el campo de las inversiones ejercidas en otros territorios.

A la iniciativa de la BRI, conocida como One Belt, One Road o Nueva Ruta de la Seda, le salió un competidor que Biden anunció en el pasado cónclave del Grupo de los Siete (G-7): se trata de Reconstruir un Mundo Mejor, conocido en el ámbito anglosajón como Build Back Better World (B3W) y que cuenta con el aval de Francia, Canadá, Reino Unido, Alemania, Italia y Japón.

De acuerdo con la presentación que efectuó Biden en Cornualles, Reino Unido, ante el poderoso cónclave, en los países en desarrollo existe un déficit en infraestructura superior a los 40 billones de dólares.

“Estados Unidos liderará esta iniciativa a la que se suman nuestros socios en el G-7 porque vamos a coordinar y a movilizar inversiones en cuatro áreas esenciales: clima; salud y seguridad sanitaria; tecnología digital e igualdad de género con equidad. Fundamentalmente pensamos en América Latina y el Caribe, así como África y el Indo-Pacífico en países de bajo y medio ingreso”, aseveró Biden durante su exposición.

Mediante el proyecto B3W la Casa Blanca entra en competencia con la Nueva Ruta de la Seda bajo la pretensión, primero, de convertirse en un contrapeso de China; y, segundo, de desbancarla con el tiempo.

Algo que se antoja complicado dado que la estrategia supremacista hacia el exterior que plantea el presidente Xi funciona desde 2013 y se considera dentro de los planes de renovación quinquenal.

Es para el líder chino una de sus piedras angulares de posicionamiento global, cuya idea además avala el Partido Comunista y encima no sufre ningún contratiempo legislativo que la detenga por falta de presupuesto o de concordancia entre algún grupo político.

La propuesta multilateral de Biden, en cambio, no arranca todavía; en parte porque desde la vuelta de septiembre tanto la Cámara de Representantes como el Senado se enfrascaron en diversas discusiones por los nuevos presupuestos históricos, el control del gasto y el incremento del techo de la deuda.

Por ello la fecha límite para ponerse de acuerdo se extendió hasta el 3 de diciembre próximo, mientras que cunde la incertidumbre y prevalece la parálisis en todos aquellos nuevos planes y programas necesitados de financiamiento.

A fin de que EU comience a implementar cuanto antes su cometido con su B3W debe primero convencer a los republicanos de que invertir en infraestructura 1.2 billones de dólares no creará un elefante blanco con infraestructura ociosa o que no tenga una razón de ser.

¿Rivalidad o complementariedad?

Desde la perspectiva de Keren Zhu no tiene que haber una competencia implícita entre la BRI y el B3W: la analista de Rand considera que ambos proyectos con el tiempo pueden perfectamente ser complementarios el uno del otro y no necesariamente antagónicos.

“El BRI de China se enfoca en la infraestructura dura más tradicional, como los puertos, las carreteras, las vías de tren, las plantas eléctricas, las vías de comunicación y, por supuesto, la infraestructura marítima; en cambio, el B3W de Estados Unidos y el G-7 se orienta a resultados más suaves en aspectos como el clima, la salud y la seguridad sanitaria, la tecnología digital y la igualdad de género. Son objetivos más orientados a crear infraestructura social”, de acuerdo con Zhu.

Otro aspecto sustancial que no debe perderse de vista es que ambos actúan de forma diferente. China ya tiene signados acuerdos con 140 naciones del mundo para expandir su Nueva Ruta de la Seda y no pone ningún tipo de precondición en los países en los que actúa; no se fija en materia de derechos humanos, ni se detiene por temas como la libertad de expresión, el nivel de corrupción o las libertades políticas.

Eso sí: refrenda valores tales como la convivencia y coexistencia pacífica, el respeto a la soberanía y la integridad territorial; el principio de igualdad y de beneficio mutuo; el acuerdo mutuo de no agresión, así como la no injerencia en los asuntos internos.

En cambio la Casa Blanca destaca que para beneficiarse de las inversiones impulsadas desde su plataforma Reconstruir un Mundo Mejor los países tendrán que respetar aspectos clave como los derechos humanos, las libertades civiles y políticas. Por ende, no pasa por alto los temas de gobernanza.

Otra diferencia medular deriva en la esencia de los dos proyectos. Biden habla de reconstruir el mundo pospandemia bajo cánones verdes, de economía sustentable con infraestructura sostenible. Xi rescata la antigua idea de la interconectividad de la China milenaria bajo el conocimiento de que el control de las rutas de trasiego por tierra o por mar le dan una ventaja comparativa y competitiva consustancial para vender más mercancías y servicios de forma más fácil, en menor tiempo y con menor costo.

Sin embargo, en los últimos años Beijing resalta que los proyectos también responderán a los nuevos requerimientos de mitigación del cambio climático y de la eficiencia energética. Y lo hace repitiendo el mantra de lean, clean and green.

Ahora bien, si en algo se parecen tanto el BRI como el B3W es en que nacen de dos visiones transnacionales y bajo la pretensión de llevar inversiones a los países con déficit de infraestructuras, con lo cual aprovecharán para tejer una serie de lazos político-ideológicos en aras de extender su hegemonía perdurable en el tiempo.

¿Cómo se financia? Al BRI lo impulsa el gobierno chino a través de créditos bilaterales y mediante paquetes de inversión fomentados por bancos de propiedad estatal con fondos destinados a la construcción dirigidos a países en vías de desarrollo; en este esquema hay una escasa participación del apalancamiento del capital privado chino en los proyectos transnacionales de Xi.

De hecho, el Banco de Inversiones de Infraestructura de Asia tiene la misión de financiar de forma multilateral los proyectos de infraestructura y también está el Banco de Desarrollo Asiático.

Por su lado, el B3W de Biden pretende movilizar ayudas bilaterales y multilaterales. Al contrario de la estrategia de Xi, en este esquema el dinero del sector privado será fundamental como catalizador para financiar cientos de millones de dólares en inversiones. Con base en la movilización de la inversión privada, el reto es convencer a los inversores a financiar infraestructura en países pobres con un escaso retorno y bajo la incertidumbre del propio panorama político de cada uno.

China, que maneja con opacidad sus cuentas, en sus informes del avance de su Nueva Ruta de la Seda no presenta en los datos anuales un condensado de todo el dinero que desde 2013 ha invertido en distintos proyectos y países.

Mientras EU cifra en 40 billones de dólares el déficit en infraestructura en los países en desarrollo sin circunscribirse exclusivamente a una región, el Banco de Desarrollo Asiático estima que Asia necesita ocho trillones de dólares (son ocho billones según la nomenclatura norteamericana) de infraestructura tan solo para una década.

China

Los dos brazos torales de la égida china descansan en ambiciones terrestres y marítimas. La intención es vertebrar al gigante asiático con el mundo. Si hace décadas se hablaba de China como si el país estuviese en un sitio remoto, en la actualidad suena tanto, que cada vez se siente más cercano.

La Nueva Ruta de la Seda crea corredores terrestres y marítimos para unir al mundo entre sí a fin de facilitar el trasiego del comercio de China. Se trata ya del principal exportador global y el segundo importador, mientras EU es el principal importador mundial y el segundo exportador con un déficit comercial de 616 mil 800 millones de dólares en 2019.

De acuerdo con el Banco Mundial su comercio representa 26% del PIB. En 2020 la pandemia provocó una caída de sus exportaciones e importaciones de 12.6 y 12.3%, respectivamente.

A su vez, en China el comercio representa 35.7% del PIB y según el organismo internacional el superávit comercial chino en 2019 con EU fue de 295 mil 800 millones de dólares.

Ningún otro país se beneficia más de su incorporación a la Organización Mundial del Comercio (OMC) como China, que ingresó el 11 de diciembre de 2001.

Con la iniciativa de la Franja y la Ruta su comercio podría quintuplicarse antes de que concluya el siglo XXI, no solo por unir la ruta de Asia a Europa y Oriente Medio como acontecía en la antigüedad, sino además por extenderse hasta África y América Latina.

Hasta los talibanes piden ayuda a los chinos. El gobierno interino en Afganistán, que lidera el mulá Mohammad Hassan Akhund, no ve con malos ojos buscar el financiamiento chino a través de la Nueva Ruta de la Seda. A Beijing le interesan los proyectos energéticos y minerometalúrgicos en un país rico en minerales raros y además le permitiría extender el corredor que ya tiene con Pakistán.

En abril de 2015 Pakistán se adhirió al Corredor Económico China-Pakistán como parte de la Franja y la Ruta, también conocida como One Belt, One Road.

Se trata de un ambicioso plan de infraestructuras con 300 proyectos (carreteras, vías de trenes, plantas de energía con 17 mil megavatios a la red, fibra óptica, oleoductos y gasoductos) valorados en 60 mil millones de dólares para conectar el puerto de Gwadar hacia la salida al mar del Océano Índico ubicado en el suroeste del país.

Este puerto tiene especial atractivo para los chinos porque le dará salida directa al Mar de Arabia al cúmulo de sus exportaciones sin tener que pasar por el Mar de China Meridional y el Estrecho de Malaca. Hay analistas internacionales que ya avizoran la posibilidad de que Beijing —en un futuro no muy lejano— instale una base naval que le permitiría vigilar dos objetivos importantes: el Golfo Pérsico e India.

Precisamente el control de los puertos es una de las obsesiones del gobierno chino de cara a su supremacía: en Europa son los chinos quienes dominan el importante puerto del Pireo después de que la compañía estatal, China Ocean Shipping Company (Cosco), compró por 368.5 millones de euros 67% de las acciones.

Desde el Pireo se da salida y entrada a la Nueva Ruta de la Seda hacia la llamada “Perla del Mediterráneo”. Durante las negociaciones para su adquisición se ofrecieron 350 millones de euros de inversiones durante una década.

Xi Jinping asegura que su posición en el puerto ateniense lo terminará convirtiendo en el mayor punto de transbordo de contenedores del Mediterráneo y hará que fluyan las mercancías de forma más rápida y segura.

Gira para el plan de EU

Hace unos días Daleep Singh, asesor adjunto de seguridad nacional del presidente Joe Biden, inició una minigira por Colombia, Ecuador y Panamá con la finalidad de dar a conocer a dichos gobiernos la nueva estrategia de infraestructuras creada por EU y sus socios del G-7.

Bajo el programa Reconstruir un Mundo Mejor la Casa Blanca pretende un nuevo acercamiento con América Latina y otros países en los que desde hace años ha ido reduciendo su presencia como inversor.

Pretende un nuevo enfoque de acercamiento usando el picaporte de los financiamientos de infraestructuras necesarias.

Singh mantuvo encuentros con los presidentes Iván Duque, de Colombia; Guillermo Lasso, de Ecuador; y varios ministros panameños entre los que figuran Milciades Concepción, ministro de Medio Ambiente; José Rojas, titular de Inversión Privada, y Rafael Sabonge, de Obras Públicas.

“Esta es la primera parada del nuevo plan de Biden y es porque EU conoce bien a América Latina. La idea es ofrecer un producto que refleje nuestros valores, con altos estándares de medio ambiente, laborales y con una transparencia completa en los términos financieros”, afirmó Singh.

Añadió el funcionario que es importante que EU envíe un mensaje a los países para saber cómo puede ayudarles a resolver sus problemas en cuanto al tema de la infraestructura.

“Nos interesa también saber cómo ha sido su experiencia en los acuerdos de inversión con otros países. No se trata de ejercer presión sino de ofrecer un producto mejor que el de China”, aseguró.