BRUSELAS, Bélgica, enero 19.- “Intimidación”, “amenazas” y “chantaje” son solo algunos de los términos que utilizan los líderes de la Unión Europea para describir la advertencia del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, de que impondrá nuevos aranceles a las naciones que se opongan al control estadounidense de Groenlandia.
El lenguaje europeo se ha endurecido desde que Trump regresó a la Casa Blanca hace 12 meses. Ahora es en reacción a la idea previamente impensable de que el miembro más poderoso de la OTAN amenazaría con apoderarse del territorio de otro aliado. Es probable que haya represalias comerciales si Trump cumple con su anuncio de aranceles.
Al cumplirse un año del segundo mandato de Trump, la fe de Europa en la fortaleza del vínculo transatlántico se está desvaneciendo rápidamente. Para algunos, ya ha desaparecido. La adulación de los meses pasados no ha funcionado y las tácticas están evolucionando mientras los europeos intentan gestionar las amenazas de un viejo aliado justo cuando enfrentan la amenaza de una Rusia cada vez más hostil.
El primer mandato de Trump llevó a la OTAN al borde del colapso. Jens Stoltenberg, exsecretario general, escribió en sus recientes memorias: “Temía que la OTAN estuviera a punto de dejar de funcionar”, después de que el presidente de Estados Unidos amenazó con abandonar una cumbre en 2018.
Ahora, la primera ministra danesa, Mette Frederiksen, advierte que si Trump intenta anexar Groenlandia, una parte semiautónoma de Dinamarca, “entonces todo se detiene... incluida nuestra OTAN”.
“Estamos en la etapa muy temprana de una crisis político-militar bastante profunda”, dijo María Martisiute, analista del Centro de Política Europea. “Hay una mayor comprensión, aunque a los líderes políticos no les guste admitirlo, de que Estados Unidos ha abandonado la OTAN”.

