Groenlandia. — Jørgen Kristensen creció en un pueblo del norte de Groenlandia, y sus amigos más cercanos eran los perros de trineo de su padrastro. La mayoría de sus compañeros de clase eran inuit de cabello oscuro; él era diferente. Cuando lo acosaban en la escuela por su cabello claro —herencia de su padre danés del continente al que nunca conoció—, los perros acudían a él.
Durante más de 1.000 años, los perros han tirado de trineos a través del Ártico para los cazadores de focas y pescadores inuit. Pero este invierno, en la ciudad de Ilulissat, a unos 300 kilómetros al norte del Círculo Polar Ártico, no es posible hacerlo.
En lugar de deslizarse sobre la nieve y el hielo, el trineo de Kristensen rebota sobre tierra y roca. Señalando las colinas, comentó que es la primera vez que recuerda que no haya habido nieve —ni hielo en la bahía— en enero.
El aumento de las temperaturas en Ilulissat provoca que el permafrost se derrita, que los edificios se hundan y que las tuberías se agrieten, pero también tiene consecuencias que se extienden al resto del mundo.
El cercano glaciar Sermeq Kujalleq es uno de los más activos y de los que se mueven más rápido del planeta, y envía más icebergs al mar que cualquier otro glaciar fuera de la Antártida, según la UNESCO, la organización cultural de las Naciones Unidas. A medida que el clima se calienta, el glaciar ha retrocedido y se ha desprendido de bloques de hielo más rápido que nunca, lo que contribuye de manera importante al aumento del nivel del mar desde Europa hasta las islas del Pacífico, de acuerdo con la NASA.
El deshielo podría revelar yacimientos no explotados de minerales críticos. Muchos groenlandeses creen que por eso el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, convirtió su isla en un foco geopolítico con sus exigencias de poseerla y sus anteriores insinuaciones de que Estados Unidos podría tomarla por la fuerza.
En la década de 1980, las temperaturas invernales en Ilulissat solían rondar los -25 grados Celsius en invierno, indicó Kristensen.
Pero hoy en día, explicó, hay muchos días en los que la temperatura está por encima del punto de congelación, y a veces puede alcanzar los 10 grados Celsius.
Kristensen señaló que ahora tiene que recoger nieve para que los perros beban durante un trayecto porque no hay a lo largo de la ruta.
Aunque los groenlandeses siempre se han adaptado —y podrían fabricar trineos de perros con ruedas en el futuro—, la pérdida del hielo los afecta profundamente, afirmó Kristensen, quien ahora dirige su propia empresa y muestra a los turistas su tierra natal ártica.

