El reino de Emiratos Árabes Unidos sacudió el tablero de la Organización de Países Exportadores de Petróleo con el anuncio de su salida del cártel petrolero a partir del 1 de mayo de este año.
En dos meses de guerra contra Irán el mercado del petróleo y del gas no ha hecho más que oscilar al ritmo de los vaivenes de los bombardeos y las amenazas de Estados Unidos e Israel, así como el fuego de represalia lanzado por la Guardia Revolucionaria contra todos los países del Golfo Pérsico: no se ha salvado ninguno.
El gobierno francés ha permanecido en estrecho contacto telefónico con las monarquías del Golfo para conocer de primera mano su situación y ha llegado a la conclusión de que hay un daño importante en la infraestructura energética.
Su ministro de Finanzas, Roland Lescure, dio a conocer que entre 30 y 40% de la capacidad de refinamiento de los países del Golfo Pérsico está dañada o bien destruida por los misiles y drones iraníes.
“Para ser muy claros: en estos momentos en el mercado mundial hacen falta once millones de barriles diarios de petróleo. Y aunque pasado mañana termine la guerra, no hay capacidad para recuperar los niveles anteriores; esa infraestructura demorará hasta tres años o más en ser restaurada”, de acuerdo con Lescure.
Con este mismo argumento, hace unos días Goldman Sachs emitió un informe en el que advierte que el nivel de los inventarios globales de combustibles llegará a niveles críticos de cara al verano y después de septiembre no serán suficientes.
La estrategia de Irán para defenderse de los ataques de Estados Unidos e Israel no solo pasa por destruir parte de la capacidad regional de los principales países productores de petróleo y de gas: al mismo tiempo internacionalizó el conflicto provocando un daño intencionado con impacto macroeconómico y microeconómico cuyas consecuencias, a mediano y largo plazo, todavía no son calibradas por los organismos internacionales.
Consecuencias
La guerra de Estados Unidos para apoyar los intereses estratégicos de Israel tampoco ha resultado como esperaba la Casa Blanca: ni ha caído el régimen fundamentalista iraní ni han abandonado sus aspiraciones de enriquecimiento de uranio; además, su posición desafiante ha provocado en las economías del Golfo Pérsico un daño que el Fondo Monetario Internacional (FMI) estima se traduce en franca recesión en algunos de los países del área.
Tal es el caso de Qatar, Kuwait y Baréin. Dichas monarquías, antes de la guerra en Irán, tenían una previsión de crecimiento por parte del FMI de 6.1, 3.9 y 3.3%, respectivamente. Con la guerra y el daño provocado, las nuevas previsiones son de una caída del Producto Interno Bruto (PIB) de 8.6, 0.6 y 0.5%, respectivamente.
Los mejor librados son Emiratos Árabes Unidos, Arabia Saudita y Omán, cuyas economías tenían una estimación de crecimiento de 5, 4.5 y 4%, respectivamente. Con la guerra resienten un impacto, pero no a tal grado de llevarlos a una recesión. Ya han mostrado su resiliencia: el FMI reevaluó sus previsiones proyectando un PIB de entre 3.1 y 3.5 por ciento.
Pero a ese daño en el tejido económico de la región se suman otros efectos a corto, mediano y largo plazo. Unos pasan por la imposibilidad de Estados Unidos para destruir al régimen iraní y apoderarse de su capacidad productiva: se trata del segundo país con la mayor producción de hidrocarburos del mundo y con una reserva probada de 208 mil 600 millones de barriles de petróleo.
Para Israel también habrá consecuencias al no poder propiciar un cambio de régimen que favorezca sus intereses regionales y logre darle esa certeza de que su mayor amenaza existencial (que encuentra en Irán) ha logrado ser desactivada y controlada. La esperanza de que prosperen con éxito los Acuerdos de Abraham se encuentra con un dique en la prevalencia del régimen iraní.
Esos Acuerdos de Abraham fueron firmados en septiembre de 2020 gracias a la intervención de Estados Unidos, durante el primer gobierno de Trump; se logró restablecer la normalidad de las relaciones diplomáticas entre Israel y Emiratos Árabes Unidos, Baréin, Sudán y Marruecos.
En septiembre de 2024 Arabia Saudita e Israel tuvieron un acercamiento para signarlo en diciembre; pero el 7 de octubre de ese mismo año los ataques terroristas de Hamás y la Yihad Islámica contra un festival de música y varios kibutz ocasionaron mil 189 muertos y entonces se empantanó la negociación.
Sin ese cambio político en Irán, tan añorado por el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, el temor es que el régimen sea todavía más represivo y logre una bomba nuclear en la clandestinidad y en un menor tiempo.
De hecho, las ejecuciones de jóvenes que han participado en las revueltas populares de diciembre y de los días de los primeros bombardeos de Estados Unidos están llevándose a cabo de manera pública.
Debilidad
Mientras tanto, el reino de Emiratos Árabes Unidos sacudió el tablero de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) con el anuncio de su salida del cártel petrolero a partir del 1 de mayo de este año.
Es decir, la decisión ya ha sido consumada por un país que si bien no fue miembro fundador de la OPEP, que surgió en septiembre de 1960, sí se adhirió en 1967 y en medio del contexto de los bombardeos de Irán decidió repentinamente cesar su membresía e ir por la libre.
La OPEP representa aproximadamente 40% de la producción mundial de petróleo, pero su poder de mercado va disminuyendo en la medida en que Estados Unidos viene incrementando su producción y mayor presencia energética global.
Mientras que antes de la guerra Arabia Saudita producía 11.19 millones de barriles de petróleo al día, en Emiratos Árabes Unidos la cuota era de 4.6 millones de barriles diarios.
¿Qué significa esta decisión? Primero, no adoptar una política petrolera común bajo el respeto de las decisiones de la OPEP para influir en la oferta y en el precio del petróleo, que es casi siempre utilizado como un arma de presión para las economías occidentales dependientes de las importaciones de hidrocarburos.
Significa, igualmente, que Emiratos Árabes Unidos podrá decidir su producción de hidrocarburos, sin tener que consensuarla con la OPEP. Será libre para producir y vender diariamente la cantidad de hidrocarburos que considere pertinente bajo la directriz de su política energética nacional y no bajo los designios de la OPEP, que implican, casi siempre, hacer lo que diga Arabia Saudita.
En un informe del reino emiratí se destaca que la intención es producir más de cinco millones diarios de barriles de petróleo; prácticamente no es una meta para alcanzar este año sino a partir del horizonte de 2027.
Para la OPEP, conformada por once países exportadores, implica perder a un socio relevante, que es nada menos el tercer productor del mundo.
E implica debilitar su influencia en el suministro y en los precios globales del petróleo.
Competencia
Además, no es el único miembro relevante que se ha salido en los últimos años: Qatar dejó la OPEP en 2019 y es además uno de los líderes en exportación de helio.
En opinión de Jon Gambrell, director de noticias del Golfo e Irán para Associated Press (AP), está muy en juego la política regional del Golfo: “Emiratos Árabes Unidos ha mantenido relaciones cada vez más frías con Arabia Saudita en cuestiones políticas y económicas en Medio Oriente”.
Son dos países competidores estratégicos, porque los liderazgos en la región están moviéndose y en esa carrera también está Israel, que no solo busca un lugar geopolítico sino también económico.
Y estos tres jugadores quieren además granjearse en el tiempo ser socios fiables de primer nivel para Washington. Tan es así, que Emiratos Árabes Unidos está alineándose con las ambiciones de la Casa Blanca con inversiones millonarias por 1.4 billones de dólares en tecnología norteamericana.
Gambrell recuerda en un artículo que Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos han competido cada vez más en cuestiones económicas y de política regional, especialmente en la zona del Mar Rojo.
“Ambos países habían combatido conjuntamente contra los rebeldes hutíes respaldados por Irán en 2015. Sin embargo, esa coalición se desmoronó en recriminaciones a finales de diciembre, cuando Arabia Saudita bombardeó lo que describió como un envío de armas destinado a separatistas yemeníes respaldados por Emiratos Árabes Unidos”, señaló el analista.
A su vez, en un artículo para Le Grand Continent las autoras Mehran Haghirian y Jessica Obeid coinciden en señalar que la salida de la OPEP de esta monarquía compuesta por siete emiratos es un reflejo de la frustración más generalizada con respecto de los marcos regionales e internacionales que rigen las relaciones entre los miembros de la organización, los cuales ya no se ajustan a la forma en que Emiratos Árabes Unidos perciben su propio papel, tanto en el Golfo como más allá de él.
“La guerra contra Irán ha precipitado esta reevaluación, no solo para Abu Dabi, sino también para el conjunto de los miembros del Consejo de Cooperación del Golfo (CCG), que comparten en gran medida las mismas percepciones y dificultades”, indicaron.
Parece que la guerra en Irán ha actuado como una válvula de escape para una presión contenida por muchos años en el Golfo Pérsico.
Las monarquías tienen un punto en común: son ricas en energéticos, pero son equidistantes en su visión de la política regional: prevalece un egoísmo que más que unir, sigue separando.
Y, además, está EU con sus presiones externas cuestionando la eficacia de los organismos internacionales y de organismos como la OPEP.
Finalmente, Emiratos Árabes Unidos ha escuchado muy de cerca ese susurro.
Producción de la OPEP
(2025)
Países Barriles de petróleo al día
Arabia Saudita 11.19 millones
Irán 4.71 millones
Emiratos Árabes Unidos 4.60 millones
Irak 4.47 millones
Kuwait 2.78 millones
Nigeria 1.68 millones
Argelia 1.40 millones
Libia 1.38 millones
Venezuela 1.01 millones
Congo 249 mil 30
Gabón 239 mil 10
Guinea Ecuatorial 84 mil 390
Fuente: OPEP

