Degradación forestal acecha en la Amazonía brasileña

Pese a avances contra la deforestación

AMAZONÍA-DEGRADACIÓN FORESTAL
Edmar Barros/AP
| Actualizado 🕑 17:03
Internacional
Compartir

SAO PAULO, Brasil, 8 de mayo de 2026. — El gobierno del presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva suele destacar cómo ha frenado drásticamente la deforestación en la Amazonía, y en efecto lo ha hecho. Cuando se publiquen en octubre las próximas cifras oficiales anuales, se prevé que la tasa de deforestación sea la más baja desde 2012.

Sin embargo, pese a los avances para mantener el bosque en pie, muchas otras amenazas, que van desde el cambio climático hasta una posible legislación, lo ponen en riesgo. La degradación forestal, impulsada por incendios forestales, tala y sequía, afecta a cerca del 40% de la Amazonía y en los últimos años ha superado a la tala rasa. Todo esto podría agravarse en 2026 con un fuerte fenómeno climático de El Niño, que es un calentamiento cíclico del Pacífico ecuatorial que provoca temperaturas más altas y un clima más seco en la selva tropical, condiciones que empeoran los incendios.

“La degradación es más lenta y más silenciosa. Es como una enfermedad crónica”, afirmó Taciana Stec, especialista en políticas climáticas de Talanoa, un centro de estudios climáticos de Brasil.

Aunque la Amazonía sigue siendo un sumidero de carbono —es decir, absorbe una enorme cantidad de dióxido de carbono que calienta el planeta—, podría llegar a un punto de inflexión a partir del cual no pueda recuperarse. En esa etapa, el bosque podría emitir más CO2 del que absorbe.

Los científicos señalan que el estrés recurrente podría desencadenar un colapso regional o de todo el bioma. En un estudio de 2024 publicado en la revista Nature se estimó que, para 2050, entre el 10% y el 47% de la Amazonía podría verse empujada a condiciones capaces de detonar un cambio crítico de ese tipo.

La degradación debilita crónicamente la selva tropicalLa Amazonía se extiende por nueve países de Sudamérica. Brasil tiene, por mucho, la porción más grande —más del 60%—, lo que significa que lo que ocurra en esta sección puede afectar al resto del bosque.

En Brasil, la tasa oficial anual de deforestación abarca el periodo de agosto del año anterior a julio del año en curso. Datos preliminares basados en DETER, el sistema oficial brasileño que utiliza satélites para ofrecer alertas en tiempo real, muestran que la deforestación y la degradación forestal han disminuido de forma importante desde el año pasado.

Sin embargo, la degradación sigue superando a la deforestación. De agosto de 2025 a abril de 2026, las alertas de deforestación abarcaron casi 1.700 kilómetros cuadrados (656 millas cuadradas), mientras que la degradación afectó alrededor de 4.420 kilómetros cuadrados (1.706 millas cuadradas).

El sistema DETER proporciona a las autoridades ambientales alertas diarias de deforestación en curso —tala rasa completa— y de degradación, que son áreas afectadas por actividad humana donde el suelo queda expuesto, pero el bosque aún no se ha perdido por completo.

Durante El Niño de 2023 y 2024, las temperaturas subieron de 2 a 4 grados Celsius (de 3,5 a 7 grados Fahrenheit) por encima del promedio histórico del bosque. Asociado a una sequía severa, el calor alimentó los peores incendios de la Amazonía en dos décadas, y la degradación forestal aumentó a un ritmo aproximadamente tres veces mayor que la reducción de la deforestación.

El efecto combinado fue una pérdida neta de selva tropical que socavó el avance contra la deforestación, según un estudio realizado por Guilherme Mataveli, investigador del Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales de Brasil, o INPE.

Una selva tropical degradada puede seguir en pie, pero ya no puede sostener plenamente el ecosistema. Esa debilidad podría agravarse por factores externos como El Niño. Por ejemplo, si la Amazonía fuera un paciente humano con una enfermedad crónica, El Niño sería el equivalente a una gripe, desencadenando una fiebre que deja al cuerpo más débil y vulnerable. Dos años después, la gripe regresa. Pero esta vez, el paciente no se ha recuperado por completo. La fiebre arde con más intensidad y la enfermedad golpea con más fuerza.

×