Para unos, se trata de un atentado contra la soberanía; para otros, es la liberación de Venezuela de las garras del autoritarismo.
La captura de Nicolás Maduro y su esposa por parte de Estados Unidos provocó que distintos actores políticos en México expresaran reacciones encontradas: para algunos, al ordenar el operativo Donald Trump se convierte en héroe, mientras que para otros se trata del villano.
La posición oficial del gobierno de México no fue muy dispar a la de otros países latinoamericanos, como Colombia, Brasil, Uruguay y Cuba, quienes llamaron —cada uno con tono distinto— a la Organización de las Naciones Unidas (ONU) a mediar en el conflicto y, sobre todo, a encontrar una solución pacífica.
A pocas horas del suceso la presidenta Claudia Sheinbaum condenó y rechazó enérgicamente los hechos. A través de un comunicado, recordó lo que establece el artículo 2, párrafo 4, de la Carta de la ONU: “Los países miembros se abstendrán de recurrir a la amenaza o al uso de la fuerza contra la integridad territorial o la independencia política de cualquier Estado”.
Su posición fue tajante desde entonces y el lunes 5, durante su conferencia matutina, profundizó al respecto: “La historia de América Latina es contundente: la intervención nunca ha traído democracia”.
Además, aseguró, “la invasión no puede ser la base de las relaciones internacionales del siglo XXI”. Y confirmó la posición conjunta de México, Chile, Brasil, Colombia, Uruguay y España para rechazar las acciones militares ejecutadas unilateralmente, pues abren un “precedente sumamente peligroso”. Sobre Maduro no dijo ni una palabra.
Dos caras de la moneda
En el Congreso de la Unión, en tanto, la detención causó escozor y algo parecido a la alegría en igual intensidad. Mientras que para algunos el hecho viola el derecho internacional, para otros representa la liberación del pueblo venezolano.
Senadores de los grupos parlamentarios de Morena, el Partido del Trabajo (PT) y el Partido Verde (PVEM), por ejemplo, emitieron un comunicado en el que expresaron su “absoluto respaldo” a la política exterior del Estado Mexicano, recalcando que el respeto a la soberanía y la no intervención son las bases que han posicionado a México como un actor político respetado en el escenario internacional.
Por su lado, los legisladores del PAN siguieron un discurso similar al que ha utilizado Trump al condenar la “narcotiranía” de Maduro y sus consecuencias humanitarias y democráticas.
La senadora Lilly Téllez, por ejemplo, sostuvo que el mandatario venezolano es “responsable de un amplio sufrimiento social”. Y en la misma línea, la diputada Margarita Zavala respaldó la intervención al considerar que los medios legales y pacíficos ya habían sido agotados.
El PRI, por su parte, calificó la detención como “un quiebre histórico” para América Latina y destacó que la caída de Maduro representa una señal clara de que ningún poder que pisa la ley y anula la democracia es eterno.
El dirigente nacional de ese partido, Alejandro Moreno, reforzó dicha posición al calificar al mandatario venezolano como un “dictador y delincuente internacional”.
Movimiento Ciudadano tomó en tanto una posición menos polarizada cuando su dirigente, Jorge Álvarez Máynez, sostuvo que América Latina tiene el deber de defender su derecho a la libre autodeterminación, pero subrayó que eso implica también enfrentar a los regímenes autoritarios.
Con los dos discursos en juego, el debate continúa en el aire.

