ENERGÍAS VERDES: INSUFICIENTES ANTE EL REINADO DEL PETRÓLEO

“Más allá de la prolongación del conflicto y sus efectos dañinos”.

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La guerra en Irán y la crisis energética desatada muestran las vulnerabilidades de un mundo que sigue siendo dependiente de las energías fósiles muy a pesar de la otra alternativa de las energías renovables.

Recientemente Fatih Birol, director de la Agencia Internacional de la Energía (AIE), recomendó a los países reducir su dependencia hacia los hidrocarburos y llamó a prepararse para una época convulsa en materia energética. No obstante, la cuestión es: ¿qué pasa con la otra alternativa de las energías renovables?

Para el think-tank británico Ember, han sucedido cambios importantes en el renglón energético en muchos países y, sin embargo, no son suficientes.

En este sentido, destaca cómo a nivel global las energías renovables han logrado avanzar más en el terreno de la electricidad, gracias a la energía solar y las plantas hidroeléctricas, así como a las centrales nucleares. “Casi 40% de la electricidad mundial proviene de energías limpias”.

Países como China han dado pasos gigantes en el rubro de la energía solar, llegando a alcanzar una cuota de producción de 39%; aunque para el tamaño de su economía sigue siendo insuficiente.

Ahora bien, a nivel global, de acuerdo con Ember, las energías renovables y la energía nuclear proporcionaron 40.9% de la generación energética y añadieron un récord de 858 teravatios por hora, convirtiéndose en la fuente de energía de más rápido crecimiento a partir de 2024.

En este renglón, la energía solar sigue siendo una parte relativamente pequeña de la mezcla energética mundial y solo aporta cerca de 7% del suministro global, mientras que la energía eólica contribuye con algo más de 8%, la hidroeléctrica aporta 14% y la nuclear participa con diez por ciento.

Actualmente hay en Europa 183 centrales nucleares. Alemania, que durante la era de la canciller Angela Merkel comenzó a cerrar sus plantas nucleares, es una de las economías más expuestas ante los actuales shocks del petróleo y del gas.

Hoy por hoy la gran industria productiva, incluyendo a la industria de transportes, requiere de los hidrocarburos y sus derivados. Hace unos días Lufthansa anunció que suspenderá 20 mil vuelos hasta octubre próximo, mientras decenas de aeropuertos en Europa advierten que el queroseno está a su nivel límite y que seguramente este verano habrá centenares de aviones en tierra.

Apuesta por el petróleo

Durante la crisis del petróleo de 1970 a 1980 la economía mundial pagó su completa dependencia a los hidrocarburos con inflación creciente y una ralentización en el Producto Interno Bruto (PIB); la economía norteamericana, entonces importadora neta de crudo, fue la más expuesta a este shock debido al embargo petrolero de los países del Golfo.

Pero de esas amargas lecciones aconteció después una carrera de acumulación energética y supremacista para controlar a los principales países productores y exportadores de petróleo en Medio Oriente. A tal punto, que en la actual crisis energética desatada por la guerra de EU e Israel contra Irán no es la economía norteamericana la más expuesta.

Ha sido gracias a la transformación de sus planes energéticos, en los últimos 30 años, que EU es actualmente un exportador neto de hidrocarburos; mientras, China es a su vez la economía que más se juega su crecimiento y expansión industrial por ser una importadora neta de gas y de petróleo.

En un análisis de la Universidad de Yale que aborda los choques petroleros de la década de 1970 se hace alusión a cómo los responsables políticos en EU temían que el llamado embargo de los Estados árabes miembros de la OPEP (como protesta al apoyo norteamericano a Israel en la Guerra de Yom Kipur) no solo dejase a la economía estadunidense en la escasez sino también en una espiral inflacionaria.

En 1973, el entonces presidente Richard Nixon instruyó a su equipo para que perfilase un plan a futuro para romper con la dependencia energética de su país. Y evitar nuevamente ser rehenes del petróleo extranjero.

Aquellos años fueron duros, sobre todo para los consumidores y los trabajadores. De acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial (BM): “En 1973 y 1974 el PIB de Estados Unidos experimentó una caída significativa debido a la estanflación. La inflación promedio fue de 9.3% y el PIB creció 5.5% en 1973; y un año después cayó 1.7 por ciento”.

Yale lo aborda como un periodo clave en la historia política, cultural y económica de Estados Unidos, y un capítulo central en la historia de la economía petrolera global que marcaría la futura independencia energética norteamericana.

El acopio de reservas se convirtió en la gran obsesión de las subsecuentes administraciones norteamericanas. De acuerdo con información proporcionada por la Administración de Información Energética (EIA, por sus siglas en inglés), en 1970 EU tenía cero reservas de crudo; para 1980, logró acumular 107 mil 800 millones de barriles de petróleo, clasificados bajo la nomenclatura SPR (significa un petróleo para caso de emergencia) y que juega un rol fundamental, como reservas críticas, para dar soporte a servicios esenciales y mantener la estabilidad económica ante amenazas externas o riesgos internos.

Esta agencia semiindependiente del Departamento de Energía norteamericana lleva las estadísticas de las reservas probadas y auditadas. Para 1990 las reservas se habían quintuplicado hasta los 585 mil 692 millones de barriles de petróleo.

Después vendría la época dorada, coincidiendo con la invasión a Irak (inició el 20 de marzo de 2003 y duró hasta 2011), y en 2010 las reservas sumaban ya 726 mil 545 millones de barriles de petróleo.

Fueron años convulsos para varios de los principales países productores y exportadores de petróleo: el 20 de octubre de 2011, en la llamada Primavera Árabe fue muerto Muamar Gadafi, el dictador de Libia, a manos de fuerzas opositoras y del Ejército de Liberación Nacional de Libia, apoyados por la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) y el entonces presidente de EU, Barack Obama.

En 2020 las reservas petroleras estadunidenses alcanzaron 638 mil 86 millones de barriles; y para 2025 habían descendido a 413 mil 464 millones.

Antes de la caída de Saddam Hussein en Irak y de Gadafi en Libia, de acuerdo con la OPEP, en enero de 2003 el ranking de los mayores productores de petróleo a nivel mundial lo encabezaban Arabia Saudita, con una producción de 7.47 millones de barriles diarios; Irán, con 3.37 millones de barriles; Venezuela, con 2.64 millones; Irak, con 2.46 millones; Emiratos Árabes Unidos con 2.07 millones; y Kuwait, con 1.84 millones de barriles diarios.

Libia tenía entonces una producción diaria de 1.23 millones de barriles de petróleo, una cantidad un poco por debajo, por ejemplo, de México, que en 2003 producía 1.66 millones de barriles.

Drill, baby, drill

El cambio de inquilino en la Casa Blanca marcó también la vuelta al poder del lobby petrolero y de la industria del carbón. En su declaración de emergencia energética nacional el mandatario estadunidense reiteró su lema drill, baby, drill para remarcar que su administración solo daría estímulos para la perforación petrolera.

Pero el presidente norteamericano no solo quiere más exploración petrolera, más producción de hidrocarburos y más acopio de reservas estratégicas: también quiere fortalecer la posición de ser un exportador de energéticos en continentes como el europeo, que lleva décadas a merced de la dependencia del gas y del petróleo rusos. Y en países como India y otros del sudeste asiático.

De hecho, una semana antes de la guerra contra Irán las reservas petroleras sumaban 416 mil millones de barriles reportados por el Departamento de Energía. Si el conflicto bélico con Irán se prolonga más tiempo la Casa Blanca se verá obligada a liberar reservas para bajar el precio de la gasolina, que cada día se acerca más a los cuatro dólares por galón. Y el efecto inflacionario ya ha sido advertido por la Reserva Federal.

Es decir, que el error de cálculo en Irán podría ir mucho más allá de la prolongación del conflicto y sus efectos dañinos: la economía norteamericana tendrá que usar parte de sus reservas.

Pero mientras ese día llega, EU se ha comprometido a vender petróleo a Europa para sustituir al sancionado crudo ruso, que llega a cuentagotas a varios países europeos.

Es decir, EU se encuentra en un dilema: no puede llenar sus reservas de petróleo con la celeridad deseada; no le llega suficiente crudo desde Venezuela; sus planes por controlar el petróleo iraní no están saliendo como pensaban; y deben atender cientos de pedidos de compra de hidrocarburos desde Europa y otras partes del mundo.

Sin embargo, su apuesta total es por el petróleo… a como dé lugar.

La guerra pone al carbón de moda

Diversas economías emergentes, sobre todo en Asia, incrementan su consumo de carbón, aunque es considerado por los ambientalistas como el combustible fósil más sucio y contaminante.

Según medios como The Telegraph y Le Monde, desde Bangladesh hasta Corea del Sur los gobiernos intentan compensar la caída en la energía importada como consecuencia de la guerra en Irán.

Recientemente Corea del Sur dio a conocer que retrasará el cierre de sus centrales de carbón y eliminó las sanciones para producir electricidad mediante el carbón. También en Tailandia el gobierno ordenó aumentar la producción de carbón y Filipinas declaró una emergencia energética y anunció que las centrales eléctricas volverán a usar carbón.

En India, que es una economía en expansión, el primer ministro Narendra Modi anunció que permitirá que las centrales eléctricas funcionen a su máxima capacidad, aun cuando 75% de la electricidad en ese país se produce con carbón.

Los planes para descarbonizar a economías como las de India, China, Indonesia o los países africanos están quedando pospuestos por las consecuencias presentes y futuras de la crisis energética en Medio Oriente.

La BBC señala que casi 30 mil millones de metros cúbicos de gas natural licuado han sido retirados de las cadenas de suministro globales, de los cuales más de 80% faltan en la región del Indo-Pacífico.

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