Teherán responde con ataques contra bases y objetivos norteamericanos y de aliados de EU, con impacto inmediato sobre energía, mercados y estabilidad global.
Esta vez no son las armas de destrucción masiva el argumento sino la posibilidad de que Irán obtenga la bomba nuclear en los próximos meses: según Washington, es el detonante de su participación con Israel en una operación bélica para descabezar al régimen teocrático de Teherán.
El pasado 28 de febrero, en una acción militar quirúrgica que llevaba meses siendo planeada, las fuerzas norteamericanas (literalmente en 60 segundos) acabaron con la vida del líder supremo de Irán, Alí Jameneí, de 86 años, junto con parte de su familia y todo su gabinete de seguridad y defensa, incluidos el ministro de Defensa, el jefe del Estado Mayor y el encargado de la Guardia Revolucionaria.
En total murieron 50 personas que estaban reunidas en una de las casas ocultas de Jameneí, convocadas para hablar sobre las negociaciones antinucleares con Washington.
Fue un misil antibúnker GBU-57A/B y la localización in situ de la CIA en una operación conjunta con el Mossad, aunado a la tecnología de geolocalización con Inteligencia Artificial (IA), lo que permitió que el ataque fuese todo un éxito.
El mismo sistema utilizado para localizar a Nicolás Maduro en Venezuela y para las operaciones contra los cabecillas del narcotráfico en América Latina.
La guerra está de vuelta en Oriente Medio y esta vez el régimen iraní parece dispuesto a morir matando: mientras responde con misiles contra blancos enemigos, los bombardeos conjuntos de EU e Israel en su contra ya dejan más de mil muertos.
Pero también Teherán provoca muertos: el Pentágono reconoce varias bajas militares luego de que un dron lanzado por las defensas de Irán contra una base estadunidense en Kuwait dejó seis soldados fallecidos.
Hay muertos en otros países por bombas, drones o misiles que Irán ha lanzado contra nueve naciones de la región de Oriente Medio, donde prácticamente está atacando al Golfo Pérsico. Incluso lanzó drones contra una base militar británica en Chipre, que es un país miembro de la Unión Europea (UE) pero no de la OTAN; y un misil más contra Turquía, que sí es miembro de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) y que logró ser protegido por una patrulla de la Alianza Transatlántica.
La respuesta iraní está siendo indiscriminada bajo el pretexto de contraatacar dañando las bases, legaciones diplomáticas o bien intereses norteamericanos en los países de Oriente Medio. Arabia Saudita confirmó un ataque con drones iraníes contra la embajada de EU en Riad, que solo dejó daños materiales.
También hay misiles lanzados contra Israel que hasta el momento cobraron la vida de ocho personas y dejan 150 heridos. Los misiles no derribados por la Cúpula de Hierro han provocado muertes al sur de Tel Aviv y cerca de Jerusalén.
Otros civiles han muerto por artillería israelí contra Líbano: hay 72 fallecidos y más de un centenar de heridos en el fuego contra Beirut y el sur libanés. El ejército israelí ataca bases de Hezbolá y las casas privadas de su cúpula.
Israel está poniendo tropas en el terreno y ha convocado a 70 mil reservistas, mientras Estados Unidos ataca por cielo y mar. De hecho, el Pentágono confirmó que un submarino norteamericano hundió una fragata militar iraní en las costas de Sri Lanka, dejando 87 muertos.
El primer ministro Benjamin Netanyahu está decidido a eliminar todos los proxis que significan una amenaza existencial para Israel. Lo primero es la caída de los ayatolás; la destrucción de todos los sitios donde guardan material nuclear; y debilitar a los aliados regionales a los que Irán financia: Hamás y la Yihad Islámica en Gaza; Hezbolá en Líbano; los Hutíes en Yemen; las facciones pro Bashar al-Assad en Siria; y las milicias chiitas en Irak.
Para The Guardian Jason Burke refiere que el año pasado Israel intentó asesinar a Jameneí, pero el presidente Donald Trump se negó porque sus fuentes militares alertaron que la Guardia Revolucionaria tenía instrucciones de desatar el infierno si caía su líder supremo. Y el Pentágono necesitaba tiempo para preparar la ofensiva y trasladar a sus soldados y portaaviones a la región.
Netanyahu pretendía aprovechar el marco de la Operación Martillo de Medianoche, realizada el 22 y 23 de junio del año pasado, cuando EU atacó instalaciones nucleares claves, como la planta de enriquecimiento de uranio de Fordow y la instalación nuclear de Natanz, utilizando bombarderos B-2 y misiles Tomahawk.
Quién convenció a quién
Los ataques armados de EU e Israel contra el tercer país con mayores reservas probadas de petróleo en el mundo (208 mil 600 millones de barriles) crea una onda expansiva en Oriente Medio, que amenaza con alcanzar a Europa, la cual intenta por todas las formas no verse arrastrada al conflicto.
Aquí en Europa intentan dilucidar quién arrastró a quién a una guerra incierta contra Irán: si lo hizo Trump primero y lo secundó en la idea Netanyahu. Pero más allá de estas creencias lo cierto es que en Washington y en Tel Aviv están dando versiones distintas sobre los motivos de este nuevo ataque.
Para Marco Rubio, secretario de Estado norteamericano, su país tenía que actuar ya: “Había absolutamente una amenaza inminente. Y la amenaza inminente era que sabíamos que si Israel atacaba a Irán —y creíamos que pasaría— vendrían inmediatamente por nosotros; y no íbamos a sentarnos y aguantar un golpe antes de responder”.
El propio Trump declaró en las primeras horas de los bombardeos que conminaba a los valientes iraníes a tomar el destino en sus manos para derrocar a ese “atroz régimen” e insistió en que probablemente sería una oportunidad irrepetible. Horas después afirmó que Washington no pretendía un cambio de régimen sino solo destruir las capacidades nucleares e impedir que Irán se hiciese con la bomba.
Trump habló de una operación corta, mientras Netanyahu puntualizó que podría demorar meses porque la intención es la caída total del régimen y destruir sus capacidades nucleares.
Tampoco están puestos de acuerdo en el nombre de su nueva asonada bélica: en la Casa Blanca la han bautizado como Furia Épica y en Tel Aviv como Operación León Rugiente.
Consecuencias inminentes
En marzo de 2003, bajo la administración del presidente republicano George W. Bush, la guerra contra Irak tuvo como argumento que poseía armas de destrucción masiva ocultas.
Irak no logró resistir la invasión por tierra ni los ataques por aire por mucho tiempo y en los primeros días, tras la toma de Bagdad y la huida del entonces presidente Saddam Hussein, el ejército norteamericano tomó el control en el mes de abril.
Al paso de los años investigaciones presentadas ante la Organización de las Naciones Unidas (ONU) demostraron que Irak no tenía laboratorios con armas biológicas ni había armas de destrucción masiva…
Con la nueva égida belicista contra Irán y la incertidumbre de cuánto tiempo podrá resistir los ataques, el golpe de efecto ha sido inmediato en las bolsas; en el precio del oro; en la cotización del petróleo y del gas; en las expectativas inflacionarias y, por ende, en las previsiones de crecimiento mundial.
En los primeros días del conflicto las bolsas europeas llegaron a perder en promedio más de 4%; el precio del oro ya supera los cinco mil 400 dólares la onza y los pronósticos lo llevan hasta los seis mil dólares la onza para finales de marzo; en cuanto al petróleo, el Brent va camino de superar los 85 dólares por barril; y el precio del gas ha subido 30 por ciento.
Bamo Nouri, experto en política internacional, analizó para The Independent que una guerra de Trump contra Irán es a todas luces una pésima idea, porque el régimen lleva años preparándose para este escenario: “En lugar de construir una fuerza convencional capaz de derrotar a Estados Unidos en combate abierto, Irán ha invertido en capacidades asimétricas: misiles balísticos y de crucero; el uso de proxies regionales; operaciones cibernéticas y estrategias antiacceso, incluyendo misiles; defensas aéreas; minas navales; embarcaciones rápidas de ataque; drones y capacidades de guerra electrónica. Cualquiera que ataque a Irán se enfrentaría a costos prolongados y crecientes”.
Desde Reino Unido, Nouri destaca que no hay que caer en el engaño de analizar las anteriores campañas militares de Washington contra Afganistán (2001) e Irak (2003) bajo el mismo contexto que la de Irán, a pesar del enorme gasto militar norteamericano, superior a los 900 mil millones de dólares. “No hay enemigo pequeño”.
Además, la posición geográfica de Irán agrava este riesgo: está situado a lo largo de las principales rutas energéticas globales y Teherán tiene la capacidad de interrumpir el tráfico marítimo a través del Estrecho de Ormuz. Algo que ya está sucediendo con un embudo de miles de barcos y cargueros petroleros que no pueden pasar por la zona bajo la amenaza de que serán hundidos.
Por Ormuz navega entre 20 y 25% de los hidrocarburos que bombean los países del Golfo Pérsico. ¿Cuánto tiempo pueden aguantar las economías importadoras de petróleo con un barril a 100 dólares a finales de marzo?
La inflación sería un golpe al bolsillo de los consumidores y, por ende, de la microeconomía pasaría a la macroeconomía y esto a ralentizar el crecimiento. La economía norteamericana no logra controlar del todo su inflación y Europa, que es monodependiente, teme meterse en otra crisis.
¿Quién gobernará en Irán?
La prensa europea destaca que, curiosamente, en la reunión convocada por Alí Jameneí, el presidente Masoud Pezeshkian no llegó a tiempo a la reunión con el líder supremo, por lo que se libró de morir en el ataque. Llama la atención que hasta el momento siga vivo y solo se especula sobre las intenciones de Washington al respecto.
Quien también murió asesinado en su domicilio fue el expresidente Mahmud Ahmadineyad.
Por lo pronto, los iraníes en el exilio manifestaron júbilo por la caída de Jameneí y esperan un cambio de gobierno, aunque no esconden el temor por el recrudecimiento de la represión contra la población civil en medio de los estertores del régimen.
No será un asunto fácil, ni rápido. Tanto EU como Israel quieren tener un gobierno aliado, pero el escenario es muy espinoso porque podría derivar en una guerra civil entre las distintas facciones.
La República Islámica de Irán se rige desde hace casi 40 años por un entramado teocrático con base en principios religiosos del islam chií y su población está formada por persas, azeríes, kurdos, luros, turcomanos y baluchíes. El líder supremo es quien ostenta el verdadero poder mientras el presidente ejerce con menos funciones.
Hace unos días The New York Times reveló que Mojtaba Jameneí, hijo del líder supremo asesinado, podría suceder a su padre como nuevo líder supremo. Una figura bastante controvertida que ya juró vengar a su padre, a su hermana y a su sobrino, muertos en el bombardeo.
Israel Katz, ministro de Defensa israelí, recién declaró que se encargarán de asesinar a todas las personas que sean nombradas como líder supremo y pronosticó el fin de los ayatolás.
Las últimas filtraciones de los medios norteamericanos dieron cuenta de una operación de la CIA para financiar a los kurdos con la intención de iniciar una revuelta contra los iraníes pertenecientes a la Guardia Revolucionaria y limpiar a las instituciones.
¿Quién gobernará? Como en el caso de Venezuela, donde Trump no se ve muy convencido de apoyar a María Corina Machado o al presidente Edmundo González porque carecen del control y la simpatía de las fuerzas del Estado, en el de Irán tampoco se ve muy convencido de apoyar a Reza Pahlavi II, el hijo del derrocado Sha de Irán, quien vive refugiado en Estados Unidos desde hace décadas...
Amenaza de Trump
El presidente de EU está bastante molesto con diversos países aliados de la OTAN que se niegan a que aviones militares norteamericanos puedan utilizar las bases que operan conjuntamente, para repostar combustible y para el descanso de sus tripulantes que participan en los ataques contra Irán.
Fue el primer ministro de Reino Unido, Keir Starmer, el primero en negarse. El segundo, el presidente de España, Pedro Sánchez, contrariando al Pentágono porque no podrá usar dos bases militares en territorio español. Se trata de las bases en Andalucía ubicadas en Morón de la Frontera, Sevilla, y en Rota, Cádiz.
El enfado de Trump fue mayúsculo. A tal punto, que amenazó con romper relaciones comerciales: “Estoy pensado en cortar todo el comercio con España. No queremos tener nada que ver con España. Para nosotros es un socio terrible. Un aliado terrible”.
España forma parte de la UE y el acuerdo comercial firmado con EU es global e incluye a 27 países con sus respectivos productos. Es decir, que técnicamente no podría romper relaciones comerciales, pero sí podría buscar un recoveco legal en la Unión Americana para imponerle aranceles extraordinarios.
China: potencia en la sombra
Hasta el momento el gobierno chino de Xi Jinping solo ha emitido un comunicado y realizado diversas declaraciones en voz del ministro de Exteriores para condenar la nueva operación bélica de Estados Unidos contra uno de sus países aliados: Irán.
Desde que arrancó el año China está perdiendo parte de su cartera de socios, con los que tiene cerrados sendos acuerdos energéticos y de inversiones. Con la Venezuela de Maduro, por ejemplo, la economía china compraba entre 65 y 70% del petróleo para su industria: se trata de 500 mil a 650 mil barriles de petróleo diarios.
La guerra contra Irán también afecta los intereses energéticos chinos. La política injerencista de Trump está cerrándole el grifo del petróleo barato a China.
De acuerdo con el Instituto Lowy, con sede en Australia, de la industria energética iraní el gobierno chino obtiene 13.4% del petróleo; y según este think tank, si EU pasa a controlar en determinado momento a la economía iraní hará mella en China, pero no demasiado grave, ni lejos de ser irreversible.
Lo que sí buscará el gigante asiático es recolocar sus compras de petróleo y gas que podrían verse disminuidas en Venezuela, para reposicionarlas en Rusia. De todo el conflicto, la economía rusa saldrá ganadora porque venderá más petróleo a China, Corea del Norte e India; así como a otros países asiáticos.
La estrategia de Trump pretende dejar aislada a China y por eso sigue empeñado en las sanciones y los aranceles. Si la guerra se prolonga todo marzo es muy probable que no se lleve a cabo la reunión en Beijing entre Trump y Xi.

