Durante la mesa TMEC bajo presión: lo que México puede perder (y ganar) en la renegociación, expertos coincidieron en que nuestro país llega tarde y debilitado a la contienda.
La semana del 25 de mayo comienza la fase de negociación del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (TMEC), un acuerdo que ha servido de escudo ante la guerra comercial desatada por la Casa Blanca y ha ayudado a que el saldo para nuestro país no sea tan grave como el de la media mundial.
Sin embargo, México deberá librar esta álgida tarea en medio de turbulencias económicas y políticas, contra un socio comercial que busca rebajar el alcance del acuerdo, al que ataca a su antojo y amenaza con dinamitarlo y renegociar por separado con cada uno de los integrantes.
Académicos de la Universidad Iberoamericana se reunieron por ello en el conversatorio TMEC bajo presión: lo que México puede perder (y ganar) en la renegociación, para lanzar sus pronósticos sobre los posibles escenarios que nos esperan.
180 grados
Para Erika Ruiz Sandoval, doctora en Filosofía por la Universitat Autònoma de Barcelona, la negociación va mucho más allá del comercio: “Es un cambio significativo en la relación bilateral”, que involucra otros temas, como la seguridad y la migración, por lo que aventura que el clima de la discusión será “muy ruidoso y desalentador”.
Por un lado, dice, está Estados Unidos, que “está atravesando un proceso de cambio en el que deja de ser la potencia que un día fue”, frente a otros países como China. De ahí, apunta, viene ese proteccionismo: “De que se sienta más débil, de que sepa que no tiene todas consigo. El caso más claro es cómo le están saliendo las cosas en Irán”.
Ese panorama contrasta con el de México, que no tiene ahora las mejores cartas sobre la mesa. “Este país tiene cifras de guerra: once feminicidios diarios, una cifra abominable de desaparecidos y muertos, violencia sistémica y sistemática… Eso para las inversiones es veneno puro”.
Ruiz indica que el trabajo preliminar debió comenzar desde la primera llegada del actual presidente estadunidense a la Casa Blanca, en 2017. “Cuando el TLCAN se cambió a TMEC era una señal clara: tuvimos que saber que Trump iba en serio”.
A diferencia de México, señala, Canadá se ha movilizado para conseguir acuerdos de libre comercio con grandes potencias emergentes y cuenta con mayores herramientas para dar “manotazos en la mesa e imponer sus condiciones” en la negociación, “algo que nosotros no podemos hacer”.
Y lamentó que hasta el momento ni siquiera “se haya intentado cabildear con Canadá para encontrar posiciones comunes y unirnos para presionar a Estados Unidos. México solo asumió que lo iba a lograr”.
Su pronóstico final fue que el TMEC no desaparecerá, pero “será muy distinto, muy diluido y menos tripartito”.
Asimetría no es desventaja
En la misma línea, Gerardo Herrera Villanueva, doctor en Economía por la Universidad de Essex en Reino Unido, aseveró que es muy probable terminar con un tratado “poco óptimo” y con aranceles; una contradicción para el libre comercio.
Dijo que en un contexto como el de ahora, en el que la economía está en desaceleración, la inversión en caída, el consumo aletargado y lo poco que ha crecido México depende de las exportaciones, “lo que está en juego en la negociación es mucho”, sobre todo teniendo en cuenta que el comercio bilateral “es importante para Estados Unidos, pero no tanto como lo es para México”.
Y citó algunas cifras. “México es el destino de menos de 20% de lo que Estados Unidos vende al exterior. Nadie le compra como nosotros, pero ellos son el destinatario de más de 80% de nuestras exportaciones”.
Esta ventaja competitiva, aseguró, se ha debido no solo a la cercanía con el país vecino sino también al conflicto geopolítico que enfrenta con China, “del cual hemos sido beneficiarios colaterales, junto con Vietnam, desde 2022”.
De manera que si Trump y China llegaran a algún tipo de arreglo tarifario la ventaja “podría erosionarse”.
Sin embargo, señaló Herrera que tal asimetría no debe entenderse “como debilidad”, pues de todo lo que se exporta cerca de 40% de los productos tienen componentes americanos. Además, sugirió integrar al cabildeo a algunos sectores, como los productores de carne de cerdo y pollo, que proveen entre 25 y 30% del consumo mexicano, en favor de los intereses en común.
Finalmente, mencionó que aun cuando confía en el equipo negociador del sector económico, este “nunca ha negociado ningún tratado de libre comercio”, algo que puede jugar en contra, pues “son piezas legales demasiado complejas”; y lamentó que ningún miembro del anterior equipo negociador sea parte del nuevo. “Fueron estupendos en pasados tratados. Es lamentable que no estén en un momento tan crucial”.
Diplomacia en crisis
Aribel Contreras, doctora en Dirección de Empresas por la Universidad Politécnica de Cataluña, afirmó que el proceso de revisión “no es solo técnico o comercial”, sino que al “utilizar los aranceles —sin ninguna justificación— funge como un instrumento de política exterior de Estados Unidos frente a Canadá y México”.
Y cuestionó la desaparición de la Subsecretaría para América del Norte. “Desde su anuncio critiqué que la labor que se hacía con Canadá y Estados Unidos fuera minimizada a una Jefatura de Unidad”, para después, en octubre de 2025, volver a operar como subsecretaría.
Otro error, a su juicio, fue dejar pasar tanto tiempo para comenzar a negociar. “Cuando entra la administración de Trump, en octubre de 2024, y después viene la guerra arancelaria, México no tenía ninguna estrategia. Entramos en la misma canasta que las islas donde solo habitan pingüinos”. México, según su opinión, “pudo haber hecho mucho desde 2024”.
No es la panacea
Por su lado, Pablo Kotler Ávalos, doctor en Economía por la Boston University, afirmó que la negociación no debería tratarse “solo de aranceles”, sino “servir para construir una economía más desarrollada e inclusiva y no solo para mantenernos como plataforma exportadora”.
En la actualidad el tratado beneficia a unas cinco mil empresas. El problema, apuntó, es que “se piensa que el TMEC es la panacea, y no es así”, pues “el tratado no se ha acompañado de alguna política pública coherente ni una estrategia de fondo que impulse la economía local”.
De lo que se exporta, por poner un ejemplo, “solo entre 30 y 40% es contenido nacional”, lo que significa que “el país no está enganchado en esa cadena de valor”, aseveró.
Y para contrastar mencionó el caso de la industria automotriz, donde se pagan salarios bajos no equiparables con las ganancias millonarias del sector, algo que no sucede en Estados Unidos, cuyas reglas de origen establecen que “50% de los autos se produzca en plantas donde el salario por hora es de al menos 16 dólares”.
Para concluir, reiteró que “el tratado es importante y hay que negociar”, pero no le parece claro “qué están haciendo para que sea una plataforma de desarrollo”.
Con la fecha de renegociación a la vuelta de la esquina, el panorama que pintan los expertos no resulta muy alentador.

