Ciudad del Vaticano, 6 de enero. El papa León XIV clausuró el Año Santo 2025 del Vaticano denunciando el consumismo y el rechazo a los migrantes actual, culminando un Jubileo que atrajo a unos 33 millones de peregrinos a Roma e incluyó una histórica transición de un pontífice americano a otro.
Bajo la mirada de cardenales y diplomáticos, León se arrodilló en oración sobre el suelo de piedra en el umbral de la Puerta Santa de la Basílica de San Pedro. Luego se levantó y la cerró, poniendo fin simbólicamente el más inusual de los Jubileos: uno inaugurado por un débil papa Francisco en diciembre de 2024, que continuó durante su funeral y el cónclave posterior, y que fue despedido por el sucesor del argentino un año después.
Solo una vez antes, en 1700, un Año Santo había incluido un cambio de papado.
El acto, al inicio de la misa de la Epifanía, culminó un año vertiginoso de audiencias especiales, misas y reuniones que dominaron los primeros meses de León como pontífice y, en muchos sentidos, pausaron su propia agenda.
Como si quisiera indicar que su pontificado puede comenzar ahora en serio, el religioso estadunidense convocó a todos los cardenales al Vaticano para dos días de reuniones a partir del miércoles, en las que se discutirá el gobierno de la Iglesia católica, que cuenta con mil 400 millones de fieles en todo el mundo. En la agenda figura la liturgia, lo que sugiere que León se está implicando de lleno en las divisiones en el seno de la institución acerca de la celebración de la antigua misa en latín.
Una homilía que denuncia una economía distorsionada
En su homilía, León XIV manifestó que el año del Jubileo había invitado a todos los cristianos a reflexionar sobre las enseñanzas bíblicas de acoger al extranjero y resistir "la adulación y seducción de los poderosos".
"A nuestro alrededor, una economía distorsionada intenta sacar provecho de todo", afirmó. "Preguntémonos: ¿nos ha enseñado el Jubileo a huir de este tipo de eficiencia que reduce todo a un producto y a los seres humanos a consumidores? Después de este año, ¿seremos más capaces de reconocer a un peregrino en el visitante, a un buscador en el extranjero, a un vecino en el forastero y a compañeros de viaje en aquellos que son diferentes?".
El papa volvió a abordar el tema en una oración especial de Epifanía desde la logia de la basílica, ante una plaza empapada por la lluvia. Mientras miles de personas se apiñaban bajo coloridos paraguas y ponchos, León recordó que tradicionalmente los Jubileos han incluido llamados a la paz y "una redistribución de la tierra y sus recursos" para quienes los necesitan.
"En lugar de desigualdad, que haya equidad, y que la industria de la guerra sea reemplazada por el arte de la paz", manifestó.
El Vaticano proclama éxito con 33 millones de peregrinos
Para el Vaticano, un Año Santo es una tradición centenaria de fieles que peregrinan a Roma cada 25 años para visitar las tumbas de los Santos Pedro y Pablo y recibir indulgencias para el perdón de sus pecados si pasan por la Puerta Santa.
Para Roma, es una oportunidad de aprovechar fondos públicos, en este caso unos 4.000 millones de euros (4.300 millones de dólares), para llevar a cabo proyectos largamente postergados para sacar a la ciudad de años de abandono y llevarla a estándares modernos europeos.
El Vaticano afirmó el lunes que 33 millones 475 mil 369 peregrinos participaron en el Jubileo, aunque el organizador, el arzobispo Rino Fisichella, reconoció que el número era solo una estimación aproximada y podría incluir conteos dobles. En una conferencia de prensa, ni él ni los funcionarios italianos proporcionaron un desglose entre los peregrinos del Año Santo y las cifras turísticas generales de Roma para el mismo período.

