EL PASO, Texas. 7 de marzo de 2026. Las llamadas al 911 del personal de Camp East Montana, en Texas, el mayor centro de detención del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE, por sus siglas en inglés), se sucedieron a un ritmo de casi una al día durante cinco meses, cada una con su propio relato de dolor y desesperación.
Un hombre solloza tras ser agredido por otro detenido. Otro se golpea la cabeza contra la pared tras manifestar ideas suicidas. Una mujer embarazada se quedó con un fuerte dolor de espalda y además tenía coronavirus.
"Cada día se sentía como una semana. Cada semana se sentía como un mes. Cada mes se sentía como un año", relató Owen Ramsingh, exadministrador de propiedades en Columbia, Missouri, que pasó varias semanas en el campamento antes de ser deportado en febrero a Holanda. “Camp East Montana era 1.000% peor que una prisión”.
Impulsadas por millas de millones de dólares en nueva financiación, las operaciones del ICE en todo el país han sacudido comunidades, separadas familias y creado una cultura de miedo en aras de cumplir la promesa del presidente Donald Trump de librar al país de migrantes sin autorización.

