Un mes después de completar un histórico sobrevuelo de la Luna, los astronautas de la misión Artemis II de la NASA han llegado a la sede de las Naciones Unidas en Nueva York con un mensaje que resuena como un gran eco de los principios de la Organzación: la humanidad es capaz de cosas extraordinarias cuando actúa junta.
Los cuatro pioneros del espacio cumplen así con una larga tradición. Muchos cosmonautas y astronautas han venido a la ONU durante décadas para hablar de paz, cooperación internacional y nuestro futuro compartido.
La tripulación de Artemis II realizó el vuelo espacial tripulado más lejano de la historia, viajando más allá de la cara oculta de la Luna y regresando sanos y salvos a la Tierra tras diez días intensos, exigentes e inspiradores.
En ese breve tiempo, como se destacó durante el evento, los astronautas "capturaron la imaginación de miles de millones" y reavivaron el sentido de participación humana compartida en la exploración del espacio.
La Tierra desde el espacio profundo
Para todos los astronautas, la experiencia más poderosa fue ver la Tierra desde el espacio profundo. Desde cientos de miles de kilómetros de distancia, el planeta parecía pequeño, frágil, casi ingrávido contra la vasta oscuridad, una imagen que subrayaba tanto la singularidad de la Tierra como la rareza de la vida misma.
"Sentí la urgencia de estar agradecido por lo que veíamos y, eventualmente, por nuestro regreso", dijo el piloto Victor Glover.
La astronauta Christina Koch describió una repentina conciencia de la escala de la humanidad dentro del universo ilimitado.
"Este fondo absoluto que existe en todas partes hace que las líneas que dibujamos en él parezcan grandes e importantes. Te das cuenta de que en realidad no hay nada absoluto ni garantizado en esto y que realmente existe eso que llamamos escala global. Esta escala es nuestro mundo y lo que hagamos con él es nuestra elección".

