Poca fiabilidad del petróleo frente a las energías renovables

Tres de cada cuatro personas viven en países que son importadores netos de combustibles fósiles

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Ginebra. 1 de mayo de 2026. La última gran conferencia climática de la ONU (COP30 en Brasil) concluyó sin un acuerdo definitivo sobre la eliminación progresiva del carbón, el petróleo y el gas, pero hubo muchos avances positivos, incluidos compromisos para aumentar la financiación de la acción climática, proporcionar dinero para la adaptación y combatir la desinformación climática.

La cuestión de la transición hacia una economía mundial baja en carbono resultó ser mucho más espinosa (como lo ha sido en todas las COPs) y muchos países y grupos de la sociedad civil expresaron su frustración por la falta de consenso sobre el tema.

Esa frustración se ha canalizado hacia el evento "Transición lejos de los combustibles fósiles" (TAFF, por sus siglas en inglés), que se concluye este miércoles en Santa Marta, Colombia.

Descrito como una "coalición de voluntarios", la reunión diplomática internacional es la primera centrada explícitamente en los aspectos prácticos de pasar de los combustibles finitos emisores de carbono a las fuentes de energía renovables.

Más de 50 naciones, de todas las regiones y niveles de desarrollo, tanto de países productores como consumidores de combustibles fósiles, junto con representantes del mundo académico, el sector privado y grupos de la sociedad civil, se reunieron para trazar un camino ambicioso hacia sociedades y economías sostenibles.
El talón de Aquiles del petróleo

Aunque el evento no está organizado por la ONU, altos funcionarios de la organización fueron invitados a asistir, entre ellos Selwin Hart, asesor especial para la Acción Climática y la Transición Justa, quien declaró que la actual crisis energética mundial provocada por el conflicto en Irán ha puesto de manifiesto hasta qué punto "un sistema energético mundial basado en combustibles fósiles es inherentemente inestable, volátil y poco fiable".

Dirigiéndose a la conferencia, Hart señaló que tres de cada cuatro personas viven en países que son importadores netos de combustibles fósiles, lo que los hace vulnerables a crisis que no han creado y no pueden controlar. Poner fin a esa dependencia, afirmó, es "un imperativo de seguridad, un imperativo económico y un imperativo de desarrollo".

Las energías renovables, como la eólica y la solar, ofrecen estabilidad, soberanía y control sobre el futuro energético propio y representan la vía más rápida y rentable para el acceso universal a la energía, en un mundo donde casi 800 millones de personas carecen de acceso a la electricidad.

Sin vuelta atrás
"No hay embargos, crisis de precios, aranceles ni peajes para el viento o la luz solar", afirmó.
Hart advirtió que las fuerzas políticas y económicas opuestas a la transición están trabajando activamente para retrasar y socavar el proceso, sembrando dudas sobre la ciencia, distorsionando la economía y socavando la integridad de la información climática para proteger el statu quo y los intereses de los combustibles fósiles.

El alto asesor pidió que el evento de Santa Marta marque el comienzo de un nuevo modelo de cooperación y envíe un mensaje de que "la dirección del viaje es irreversible, y que esta transición se gestionará con propósito, colaboración y urgencia".

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