Tanto Rusia como EU han compartido mutuamente información vital para reducir el riesgo de una sorpresa estratégica o errores de cálculo que puedan derivar en el peor de los escenarios.
Europa está que no se la cree: con esa actitud de desprecio que caracteriza a Donald Trump, el mandatario estadunidense pretende echar por la borda 50 años de negociaciones entre Estados Unidos y Rusia para poner límites a la proliferación de las armas nucleares: el Nuevo Tratado de Reducción de Armas Estratégicas, coloquialmente conocido como New START, llegó a su fecha límite el pasado 5 de febrero.
Se trata de un convenio cuya función esencial consiste en regular, supervisar y limitar las capacidades nucleares entre Estados Unidos y Rusia. Y, léase bien: mantener el equilibrio nuclear entre ambas potencias.
No renovarlo significa quedarse sin base ni límite ni convenio ni inspección mutua y, además, romper el equilibrio también en ese renglón tan delicado en un momento especialmente álgido en la aldea global.
Inquietud
Prácticamente a los equipos negociadores de EU y Rusia solo les queda volver a negociar un nuevo tratado para evitar una carrera armamentista nuclear; o en medio de la jungla geoestratégica varios países aprovecharán el vacío para rearmar sus capacidades nucleares, además de las otras consabidas potencias.
Hay inquietud en Europa porque suceda una nueva carrera armamentística sin regulación alguna y, por ende, descontrolada; además, con Vladimir Putin sin disimular sus ambiciones territoriales.
Desde Abu Dabi, donde están reunidos los equipos de Washington, Moscú y Kiev para negociar un potencial alto el fuego en Ucrania y acercarse a un acuerdo de paz, las noticias hablan de una negociación in extremis, a propuesta del Kremlin, para salvar entre medio año a un año la prolongación del New START, en lo que EU y Rusia dialogan sobre otro convenio de no proliferación de armas nucleares.
Trump se ha hecho del rogar y, finalmente, ha decidido responder a Putin que si Rusia cumple con las normas del New START por seis meses o un año más, entonces la Unión Americana lo hará también en lo que encuentran un nuevo mecanismo disuasorio nuclear entre ambos países.
De acuerdo con el medio estadunidense Axios.com fueron Steve Witkoff, enviado de Trump, y el yerno del presidente, Jared Kushner, los encargados de trasladar a la Casa Blanca el mensaje de Putin.
“Técnicamente, esto no es una prórroga, ya que el New START, firmado en 2010 y que entró en vigor en 2011, prevé la posibilidad de una sola renovación en un periodo de diez años, lo que se venció en 2021. Y luego sucedió otra extensión, que venció el pasado 5 de febrero”, según el medio italiano La Reppublica.
El portavoz de la presidencia rusa, Dmitry Peskov, afirmó a la emisora rusa Rossiya 1 que si hay respuestas constructivas por parte de EU a la propuesta rusa de darle unos meses más al New START, entonces Moscú continuará el diálogo.
De visita en Italia, António Guterres, titular de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), instó al diálogo a EU y Rusia a fin de que retomen las negociaciones nucleares y eviten el vencimiento del convenio en un momento grave a nivel mundial. “Dejaría al mundo sin restricciones jurídicamente vinculantes sobre las mayores reservas de armas nucleares del planeta”, puntualizó.
Guterres remarcó que ambas potencias concentran la inmensa mayoría del arsenal nuclear mundial: “Durante la Guerra Fría y los años posteriores, gracias al control de armas entre ambas potencias, se reforzó la estabilidad estratégica y el riesgo de errores de cálculo con consecuencias devastadoras”.
Miedo a una carrera nuclear
Y si no hay un tratado acordado entre las partes, ¿qué o quién se encargará de disuadir y contener que ambas potencias eviten rearmarse hasta los dientes con más y más ojivas nucleares y desarrollen nuevo armamento atómico?
Para eso han servido los acuerdos implementados desde el final de la Segunda Guerra Mundial en el renglón del armamento nuclear. Estados Unidos desarrolló la tecnología del arma nuclear en 1945; las primeras pruebas las llevó a cabo el 16 de julio de ese año en un desierto cercano a la localidad de Alamogordo en Nuevo México.
Los ataques nucleares del 6 y 9 de agosto de 1945 contra las ciudades japonesas de Hiroshima y Nagasaki, con las bombas bautizadas como Little Boy (Hiroshima) y Fat Man (Nagasaki), abrieron una nueva era militar con el nacimiento de la tecnología atómica. La entonces Unión Soviética se sumó a este hito el 29 de agosto de 1949, al realizar su primera prueba de un arma atómica en Semipalatinsk, Kazajistán.
Desde entonces a la fecha un total de nueve países poseen armas nucleares: por supuesto, EU y Rusia, más Francia, China, Reino Unido, Pakistán, India, Israel y Corea del Norte.
Kathryn Palmer, del USA Today, refiere que si bien Israel no ha reconocido ni negado la existencia de su arsenal nuclear, según el Centro de Control de Armamentos se estima que posee unas 90 armas nucleares.
“En total, la Asociación de Científicos Americanos estima que el arsenal nuclear global es de aproximadamente doce mil 241 ojivas nucleares. La asociación afirma que el número exacto de armas nucleares es una estimación, ya que cada nación con armas nucleares considera sus posesiones un secreto nacional muy guardado”, refirió Palmer.
De ese ingente arsenal de miles y miles de bombas nucleares, 87% estaría concentrado en EU y Rusia. Y para ello se hicieron decenas de pruebas nucleares.
La ONU documenta que en los años posteriores a las bombas de Hiroshima y Nagasaki, EU llevó a cabo un total de mil 32 pruebas entre 1945 y 1992; mientras que la Unión Soviética, llevó a cabo 715 entre 1949 y 1990; en Europa, fueron Reino Unido y Francia los que también realizaron pruebas: el primero, 45 y el segundo, 210. Mientras, en Asia, China llevó a cabo 45 ensayos nucleares e India uno solo.
Desde que se firmó en septiembre de 1996 el Tratado de Prohibición Completa de Ensayos Nucleares sucedieron una decena más de pruebas con armamento nuclear; por ejemplo, India ejecutó dos ensayos; Pakistán otros dos; y Corea del Norte ha efectuado seis ensayos: en 2006, 2009, 2013, 2016 y 2017.
La prueba de 2016 en Corea del Norte fue tan potente, que provocó un sismo de 5.3 grados, tal y como lo reportó Corea del Sur a la prensa internacional y cuya noticia difundió en España el periódico El País. En su ensayo de 2017 el régimen de Kim Jong-un aseguró que fue probada una poderosa bomba de hidrógeno o termonuclear.
A la fecha, se estima que Corea del Norte tiene 50 ojivas nucleares; por su parte, Rusia tiene seis mil 400 ojivas nucleares; le sigue EU, con entre cinco mil 100 y cinco mil 200 ojivas nucleares; y China posee 600 ojivas.
Cabe señalar que los arsenales nucleares fueron reduciéndose tras finalizar la Guerra Fría, con el desmantelamiento de la influencia soviética, el desmembramiento de la URSS y la independencia de varias provincias.
Muy claves han sido los acuerdos y tratados negociados diplomáticamente entre EU y Rusia para la reducción de su material nuclear, limitar su producción e incluso aceptar la supervisión mutua coordinada.
En cambio, en otros países ha sucedido un incremento de inventarios, como en China, India, Corea del Norte y Pakistán.
Por ejemplo, India ya cuenta con 172 ojivas nucleares y Pakistán con 170. Hay países como Bielorrusia, Kazajistán, Ucrania y Sudáfrica que en su momento tuvieron armas nucleares, pero en 1991 renunciaron a sus arsenales al adherirse al Tratado de No Proliferación Nuclear.
En la actualidad Bielorrusia aloja armas nucleares rusas, ya no necesita producirlas. El 25 de octubre de 2023, en medio de la invasión de las tropas rusas a Ucrania, los ministros de defensa de Rusia y Bielorrusia rubricaron en Minsk un acuerdo de defensa mutua y el traslado de armas nucleares tácticas de Rusia a Bielorrusia.
“Bielorrusia ya tiene emplazados misiles tácticos-operativos Iskander-M, capaces de portar cargas nucleares, así como aviones Su-25 acondicionados para ese mismo fin”, dio a conocer la prensa europea.
Un tratado fundamental
El New START lo firmaron en 2010 el presidente estadunidense Barack Obama y su homólogo ruso Dmitri Medvédev. Según el tratado, Estados Unidos y Rusia estaban limitados a desplegar cada uno un máximo de mil 550 ojivas nucleares estratégicas y 700 sistemas de lanzamiento de armas nucleares, que incluyen misiles balísticos intercontinentales terrestres, misiles balísticos lanzados desde submarinos y bombarderos pesados.
Además, a cada uno se le permitía disponer de 800 lanzadores desplegados y no desplegados para estos vehículos de entrega, como lanzamisiles, lanzadores de submarinos y bombarderos pesados.
Para hacer cumplir el tratado cada parte debía notificar a la otra de cualquier actividad relacionada con sus armas estratégicas, incluidos lanzamientos de pruebas de misiles y movimientos de bombarderos pesados, compartir datos sobre el número de misiles y sistemas de lanzamiento desplegados. Algo fundamental: ambos aceptaban las inspecciones in situ.
Desde que Trump volvió a la presidencia de su país en enero pasado sabía que al New START le quedaba un año de vigencia y que debía ser sustituido por otro acuerdo.
Todavía hace un mes la prensa norteamericana le preguntó al mandatario qué estrategia tenía al respecto y llegó a declarar con toda parsimonia que “si expira… expira. Pero después llegaremos a un mejor convenio”.
Cabe señalar que Putin y Trump se vieron cara a cara en Anchorage el 15 de agosto de 2025 y de ese encuentro ninguno de sus equipos salió con una idea clara sobre el futuro candado que sería utilizado para evitar una carrera armamentista nuclear.
En el Pentágono la visión del secretario de Guerra, Pete Hegseth, gira alrededor de un acuerdo moderno para la segunda mitad del siglo XXI, en el que necesariamente habrá que añadir a países como China; mientras que el Kremlin quiere incluir a Reino Unido y Francia.
Un aspecto destacable es que antes de la invasión a Ucrania ni EU ni Rusia cumplieron con las inspecciones mutuas durante los dos años de la pandemia: así es que prácticamente desde 2020 a la fecha no han sucedido inspecciones mutuas ni tampoco han sido compartidos los datos sobre sus fuerzas nucleares estratégicas.
Precisamente, a días de vencer el New START, el expresidente Obama escribió que dejarlo expirar “borraría inútilmente décadas de diplomacia y podría desencadenar otra carrera armamentística que haga al mundo menos seguro”.
En un tono más ácido, el expresidente ruso Medvédev declaró ante la prensa de su país que esto debería alarmar a todos, porque pone al mundo más cerca del día del juicio final.
También al interior de la Unión Americana hay voces protestando. Por ejemplo, el senador demócrata Ed Markey, quien copreside el Grupo de Trabajo sobre Armas Nucleares y Control de Armamentos, llegó a declarar que Trump debe hacer todo por evitar una nueva era nuclear que no beneficia a nadie. “Estamos echando gasolina al fuego de la carrera armamentística”.
Aquí en Europa se habla de caer en el salvaje oeste del rearme con tecnologías mucho más avanzadas y con la Inteligencia Artificial (IA) lista para ser reincorporada en armas masivamente más letales y todavía más precisas.
Relevancia de un acuerdo de supervisión mutua
Según información del Pentágono, desde la entrada en vigor del Tratado New START hasta el 1 de febrero de 2023, tanto Rusia como EU han compartido mutuamente información vital para reducir el riesgo de una sorpresa estratégica; recelos y desconfianza; o bien, errores de cálculo que puedan derivar en el peor de los escenarios.
Gracias a este acuerdo se han realizado en total entre Rusia y EU:
328 inspecciones in situ.
25 mil 449 notificaciones intercambiadas.
19 reuniones de la Comisión Consultiva Bilateral.
42 intercambios de datos bianuales sobre armas ofensivas estratégicas sujetas al tratado.
En los últimos años Rusia ha criticado los procedimientos estadunidenses utilizados para convertir bombarderos pesados B-52H y lanzadores de misiles Trident-II, objetando que pueden emplear armas nucleares, algo que el Pentágono ha negado.
Bajo el New START se prevén 18 inspecciones in situ al año. Existen dos tipos básicos de inspecciones: la que se enfoca en verificar los sistemas estratégicos desplegados y no desplegados; y la que verifica el número de vehículos lanzadores desplegados.

