La temporada de huracanes del Atlántico se perfila este año como menos activa de lo habitual debido al fortalecimiento del fenómeno de El Niño, de acuerdo con pronósticos de autoridades meteorológicas y centros de investigación internacionales. Sin embargo, especialistas advierten que una menor actividad no elimina el riesgo de tormentas de gran intensidad.
La NOAA estima que existe un 55% de probabilidad de que la temporada esté por debajo del promedio histórico. El organismo prevé entre ocho y 14 tormentas con nombre, de las cuales entre tres y seis podrían convertirse en huracanes, y entre una y tres alcanzar categoría 3 o superior.
En comparación, una temporada promedio del Atlántico registra alrededor de 14 tormentas con nombre, siete huracanes y tres de gran intensidad. Otros análisis de 18 grupos privados y académicos coinciden en un escenario de menor actividad, con un estimado conjunto de 12 tormentas y cinco huracanes en total.
La Universidad Estatal de Colorado, referente en el pronóstico estacional de ciclones, anticipa incluso la menor actividad desde 2015, año en que se presentó un El Niño de gran intensidad. Expertos como Phil Klotzbach advierten que estas proyecciones podrían ajustarse a la baja conforme avance la temporada.
El Niño como factor clave
El fenómeno de El Niño consiste en un calentamiento anómalo del océano Pacífico central que altera patrones atmosféricos globales. En el Atlántico, suele generar condiciones menos favorables para la formación de huracanes debido a la mayor cizalladura del viento, lo que dificulta el desarrollo de tormentas.
La contraparte fría, La Niña, suele tener el efecto contrario: temporadas más activas y con ciclones más intensos en el Atlántico.
De acuerdo con especialistas, existe una alta probabilidad de que El Niño alcance una intensidad moderada o fuerte este verano, lo que refuerza el pronóstico de menor actividad ciclónica en el Atlántico.
Menos tormentas, pero mayor riesgo económico
Aunque se prevé una temporada menos intensa, expertos subrayan que un solo huracán puede generar daños severos. En años recientes, los costos asociados a ciclones han aumentado de forma significativa: de un promedio global de 11.4 mil millones de dólares anuales en los años 80 a más de 109 mil millones en la última década, según la reaseguradora Munich Re.
Los meteorólogos también advierten que, en temporadas influenciadas por El Niño fuerte, el número de tormentas disminuye, pero algunas pueden alcanzar gran intensidad y causar impactos significativos en zonas vulnerables del Caribe y América del Norte.
A pesar del escenario menos activo, los especialistas coinciden en una advertencia constante: la preparación sigue siendo clave, ya que incluso una sola tormenta puede tener consecuencias devastadoras.

