A 1,600 años del Xitle la naturaleza sigue sin recuperarse

La expansión urbana en el sur de la CDMX ha frenado la regeneración del ecosistema surgido tras la erupción del volcán

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Foto: UNAM-DGCS
| Actualizado 🕑 14:19
Nacional
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Cdmx, 6 de mayo de 2026.- Más de mil 600 años después de la erupción del volcán Xitle, el ecosistema que quedó sepultado por la lava aún no logra recuperar sus niveles originales de vegetación y fauna. En su lugar, el crecimiento urbano ha ocupado buena parte de ese territorio, interrumpiendo un proceso natural que toma miles de años.

El campo de lava que dejó este volcán —uno de los más jóvenes de la Sierra de Chichinautzin— dio origen al paisaje conocido como el Pedregal de San Ángel. Se trata de una superficie de roca basáltica que, por su “juventud” geológica, todavía presenta poco suelo desarrollado y una cobertura vegetal limitada.

De acuerdo con el investigador Claus Siebe, del Instituto de Geofísica de la UNAM, este tipo de ecosistemas requiere largos periodos para regenerarse, ya que el suelo se forma lentamente a partir de la descomposición de la roca volcánica.

Una ciudad construida sobre lava

A pesar de las condiciones adversas para la construcción —como la dureza del terreno—, estas zonas han sido urbanizadas de forma creciente debido a la expansión de la capital. Hoy, las lavas del Xitle son consideradas entre las más densamente pobladas del mundo.

Este avance urbano no solo ha transformado el paisaje, sino que ha limitado la recuperación de la biodiversidad original. Antes de la erupción, la región albergaba ecosistemas más desarrollados, que fueron completamente arrasados por la lava.

El evento volcánico cubrió cerca de 70 kilómetros cuadrados y alcanzó hasta 12 kilómetros de distancia desde el cráter. En su camino sepultó antiguos asentamientos humanos como Cuicuilco, una de las primeras ciudades del centro de México, cuya pirámide principal logró sobresalir del flujo de lava.

Tras la erupción, los habitantes abandonaron la zona. Algunos especialistas sugieren que pudieron migrar hacia Teotihuacan, donde habrían contribuido al crecimiento de esa antigua urbe.

Con el paso de los siglos, la vida comenzó a regresar de manera gradual. Plantas y animales recolonizaron el terreno, mientras las rocas volcánicas se transformaban en suelos fértiles. Sin embargo, este proceso quedó inconcluso.

“La naturaleza no ha tenido el tiempo suficiente para recuperarse antes de que llegara la urbanización”, advierten especialistas.

El Xitle forma parte del Eje Neovolcánico, una región activa que cruza el país e incluye volcanes como el Popocatépetl. A diferencia de otros conos de la zona, su lava fue de tipo basáltico, más fluida, lo que permitió que se extendiera ampliamente y formara estructuras características como las lavas cordadas.

Además de su importancia geológica, este material volcánico ha sido utilizado desde la época prehispánica en la construcción de ciudades como Tenochtitlan y en edificaciones coloniales.

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