En México son contados los personajes de la vida pública que merecen y obtienen el reconocimiento unánime de todos los partidos políticos y Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano es uno de ellos, producto de su invaluable aportación al desarrollo democrático de nuestro país.
Con una trayectoria pública caracterizada por un desempeño honesto —tanto él como su entorno familiar y colaboradores cercanos—, y una absoluta congruencia en sus propuestas, iniciativas y textos, el ingeniero está muy por arriba de gran parte de la clase política, pasada y presente.
Sus acciones, enseñanzas, decisiones, sacrificios y talento lo convirtieron en la figura que muchos, en el quehacer público, aspiran a ser (y no lograron ni lograrán): “un hombre de Estado”, un “estadista”, un “líder moral” y un “demócrata”. Su legado: democracia y libertad en México.
Aquí una semblanza del inge, de ese hombre austero —¡de verdad!—, discreto, educado (jamás ofendió a sus adversarios políticos, pues él sí tenía clase y educación); empático con los desprotegidos, respetuoso de las instituciones (nunca las mandó al “diablo”); padre ejemplar, tolerante, honesto (no hay fotografías de él con delincuentes), con valores firmes y un compromiso real con la democracia.
Lázaro Cárdenas Batel, su hijo, expresó: “Fue un personaje admirable, decisivo en la historia de México. Para mí es un orgullo muy grande que haya sido mi padre”.
Servicio público y lucha electoral
Cárdenas a lo largo de su vida pública tuvo diversos cargos administrativos y participaciones en procesos de elección popular.
Egresó de la Escuela Nacional de Ingeniería de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM); obtuvo en 1957 el título de Ingeniero Civil, con una tesis sobre el aprovechamiento de los recursos del Río Balsas.
Como ingeniero residente, coordinó de 1964 a 1969 la construcción de la Presa La Villita (nombrada de manera oficial José María Morelos), sobre el río Balsas. Cuando dejó el encargo, fue nombrado subdirector general de la siderúrgica, la cual, a partir de 1971, lleva el nombre de Lázaro Cárdenas-Las Truchas.
En 1976 resultó electo senador de la República por Michoacán, para luego fungir como subsecretario Forestal y de la Fauna en la entonces Secretaría de Agricultura y Recursos Hidráulicos (SARH). El cargo lo desempeñó hasta 1980.
En el mismo año fue electo gobernador de Michoacán para el periodo 1980-1986. Su administración destacó por implementar un modelo de gobierno social, cercano a las organizaciones campesinas y populares, abriendo canales de diálogo en una época dominada por un rígido control centralista.
En 1986 siendo gobernador participó en la fundación del movimiento denominado Corriente Democrática del Partido Revolucionario Institucional (PRI). Años más tarde salió del partido tricolor para buscar la candidatura presidencial, junto con el apoyo de los desaparecidos Partido Auténtico de la Revolución Mexicana (PARM), Partido Popular Socialista (PPS) y Partido del Frente Cardenista de Reconstrucción Nacional (PFCRN). Estos, en conjunto, formaron en 1988 el Frente Democrático Nacional (FDN).
El 6 de julio de 1988 Cárdenas enfrentó a Carlos Salinas de Gortari, candidato del PRI, y a Manuel J. Clouthier, representante del Partido Acción Nacional (PAN). Fue una jornada electoral polémica marcada por la interrupción del sistema de información electoral, episodio conocido como la “caída del sistema”.
A pesar del resultado adverso, no convocó a la violencia, no hizo plantones. En cambio, en 1988 convocó a la conformación del Partido de la Revolución Democrática (PRD), fundado el 5 de mayo de 1989 y del cual fue su primer presidente.
Cárdenas volvió a competir por la Presidencia de la República en las elecciones de agosto de 1994, ya como candidato del PRD. Esa elección la ganó Ernesto Zedillo Ponce de León, del PRI; y en segundo lugar quedó Diego Fernández de Cevallos, del PAN.
En 1997 el PRD lo hizo candidato a la jefatura del Gobierno del entonces Distrito Federal (DF), convirtiéndose en el primer jefe de Gobierno elegido por votación popular.
Ganó la elección con 48.09%. Es decir, 25.06% por arriba del segundo lugar que alcanzó Carlos Castillo del PAN. Tres años después, Andrés Manuel López Obrador obtuvo 37.70% de la votación para el mismo cargo; apenas tres puntos arriba de Santiago Creel Miranda del PAN, con 34%; en tanto que el priista Jesús Silva-Herzog obtuvo 22.8 por ciento.
Durante su gestión impulsó los primeros programas sociales focalizados de la ciudad, dirigidos a sectores vulnerables como mujeres, pueblos indígenas y niños en situación de calle; implementó el acceso gratuito al sistema de transporte público eléctrico —trolebuses y tren ligero— para los adultos mayores.
En el terreno de la gobernabilidad institucional, trabajó con un presidente de la República y con un gobernador en el Estado de México, ambos del PRI. Su colaboración fue sin sobresaltos ni confrontaciones estériles, coordinando esfuerzos por un bien común: los gobernados.
Además, se condujo con respeto hacia la oposición y la inclusión política. Posteriormente, mantuvo esa postura de apertura al diálogo respetuoso y la búsqueda de soluciones a los problemas nacionales, tomando en cuenta todas las opiniones viables y fundamentadas, sin importar el partido político o el sector social que las promovían.
Por ello no fue casual que durante los servicios funerarios se presentaran personajes de todos los partidos, además de empresarios, académicos y gente del mundo artístico, en un claro mensaje de que Cárdenas con sus ideas, honorabilidad y aportaciones a la democracia está por encima de las diferencias, aún en esta época de polarización política.
Por otro lado, desde la jefatura de Gobierno jamás buscó que su partido concentrara el control de los tres poderes (Ejecutivo, Legislativo y Judicial) ni se mantuviera en el poder por encima de las instituciones democráticas o la voluntad popular.
Se separó del cargo en septiembre de 1999 para convocar a la oposición y encabezar la candidatura de la Alianza por México a la Presidencia de la República, en el año 2000.
Cárdenas enfrentó a Vicente Fox Quesada, candidato de la coalición Alianza por el Cambio, y a Francisco Labastida Ochoa, representante del PRI. Los resultados oficiales otorgaron el triunfo a Fox con 42.52% de los votos.
Después coordinó el proyecto político y ciudadano denominado Por México Hoy, plataforma que impulsó con el fin de promover debates constitucionales y propuestas de desarrollo nacional.
En marzo del presente año fue designado presidente Honorario de la Comisión Consultiva del Petróleo de Petróleos Mexicanos (Pemex), en el contexto de la transformación energética nacional.
Pensamiento político: reconstrucción democrática
A lo largo de su trayectoria, Cárdenas fijó su pensamiento político en la defensa de los valores que para él eran fundamentales, como impulsar una democracia participativa y no solo electoral, prevalencia del Estado de Derecho, el rescate de la soberanía, la justicia social y la transformación política del país, convicciones que defendió durante décadas.
Su concepción de la izquierda quedó manifestada cuando afirmó que “la izquierda que me interesa es la de la Revolución mexicana”, con lo que reivindicaba una tradición política vinculada a la justicia social y la soberanía.
En sus reflexiones acerca de la participación ciudadana sostuvo que “la construcción democrática es obra de muchos”, en reconocimiento al trabajo colectivo de organizaciones, activistas y ciudadanos en la transformación de las instituciones.
También defendió la necesidad de construir un país basado en principios que sintetizó con una frase en su discurso del 14 de septiembre de 1988: “La democracia, frente al autoritarismo y la imposición”.
De acuerdo con sus escritos, discursos y análisis históricos, su visión de la democracia abarca varios aspectos como su vínculo con la justicia social, ya que para Cárdenas la democracia electoral por sí sola era insuficiente si no iba acompañada de la superación de la desigualdad, la defensa de los recursos naturales (en particular el sector energético), y el apoyo a los sectores más vulnerables.
Además, resaltó la importancia de la crítica como un derecho democrático, pues consideraba que la democracia no termina con la llegada de un partido al poder, sino que exige el derecho a disentir, además de mantener la pluralidad y la vigilancia crítica de las instituciones como el Instituto Nacional Electoral (INE) para asegurar elecciones confiables y el respeto a la ley.
En su libro Por una democracia progresista. Debatir el presente para un mejor futuro, Cárdenas expuso que la reconstrucción de México debe pasar por la ejecución de un proyecto de país y la reconstrucción democrática.
Esto significa que para poder construir un futuro de México y resolver sus problemas es necesario conocer las experiencias del pasado y retomar el “pensamiento y acción política” de momentos históricos, como el movimiento de Independencia y la Revolución mexicana.
Por otro lado, consideró que un sistema evaluable como democrático parte del principio de que está plenamente vigente el Estado de Derecho, que cumple y hace cumplir los mandatos constitucionales y de las leyes.
Cárdenas expuso que el Estado mexicano presenta lastimaduras provocadas por la corrupción, la delincuencia, la violencia y la inseguridad, así como como la desigualdad social y económica, lastimaduras que siempre han estado presentes en la vida del país, aunque han tenido altas y bajas.
Ratificó que los contenidos sociales son fundamentales en una democracia amplia, por lo que los derechos sociales incorporados a la Constitución deben reflejarse en las prácticas de buen gobierno y en su posibilidad de pleno ejercicio por parte de la población, tales como educación y salud universales, vivienda digna y acceso a la cultura.
Por su pensamiento político y su lucha por la democracia, Cuauhtémoc Cárdenas recibió en 2011 la Medalla de Honor Belisario Domínguez. El Senado de la República otorga esta distinción a quien se haya distinguido en grado eminente como servidor de nuestra Patria.
Cárdenas también recibió el Doctorado Honoris Causa de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo (UMSNH), en 2015, entre otros importantes reconocimientos.
Aportación democrática
La historia democrática de México tiene en Cuauhtémoc Cárdenas a uno de sus protagonistas. Su desafío al control político del PRI, la movilización ciudadana que encabezó en 1988 y la construcción de una fuerza opositora contribuyeron a transformar la competencia por el poder.
Con él, amplios sectores de la sociedad encontraron una vía para exigir que el voto contara y que la alternancia dejara de ser una posibilidad distante.
En 1987, junto con Porfirio Muñoz Ledo, Ifigenia Martínez y otros militantes, impulsó la Corriente Democrática dentro del Partido Revolucionario Institucional (PRI).
El grupo cuestionó las prácticas de la dirigencia y el mecanismo mediante el cual el presidente en turno designaba a su sucesor. Planteó que la candidatura presidencial surgiera de un proceso interno más abierto y participativo.
La ruptura llevó esa inconformidad al terreno electoral y contribuyó a formar una oposición capaz de disputar la Presidencia. También puso en cuestión una de las reglas centrales del régimen: la continuidad del poder a partir de decisiones tomadas desde el Ejecutivo.
Como candidato del FDN, Cárdenas reunió en 1988 a partidos de izquierda, organizaciones sociales, sectores sindicales, universitarios y ciudadanos que buscaban una alternativa política. Su campaña articuló a grupos diversos en torno a una demanda común: abrir el sistema y hacer valer el voto.
Después de las elecciones de 1988 Cárdenas impulsó la creación del PRD y esto modificó el sistema de partidos. La oposición amplió su presencia institucional, ganó espacios de gobierno y encontró una vía para disputar el poder al PRI. Pese a sus diferencias internas, el partido abrió cauces de participación para sectores que buscaban una alternativa política.
Y luego de su aparición en la escena pública en su carácter de opositor al régimen, llegaron instituciones que, en su momento, fortalecieron la vida institucional y la democracia, como el Instituto Federal Electoral (IFE) “autónomo”, así como otras instancias que fortalecieron los derechos políticos.
Con su triunfo de 1997 en la capital del país, Cárdenas dio una expresión concreta a la pluralidad política.
Su trayectoria quedó ligada a la transición mexicana: a la apertura de la competencia política y a la transformación de un sistema en el que el poder había permanecido concentrado en un solo partido, hacia otro donde la ciudadanía podía decidir, mediante el voto, quién debía gobernar.
Además de sus aportaciones al fortalecimiento de la democracia, el ingeniero dignificó la política con un ejercicio honesto y austero del cargo; sin escándalos de corrupción, con resultados medibles, con obras indispensables.
Se va Cuahtémoc Cárdenas y deja un ejemplo de honestidad y congruencia, además de un legado indiscutible: democracia y libertad.
