Foto: Especial
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16 enero 2019
Martha Mejía
Todo menos politica

TEPORINGO, EL CONEJO MEXICANO QUE LUCHA POR SOBREVIVIR

La expansión de la mancha urbana es su principal amenaza, pero no es la única: a su lista de depredadores se han sumado perros y gatos domésticos.

Dentro de la cosmogonía mexica el mito sobre el origen del Sol y la Luna que narra cómo un pequeño teporingo plasma su enigmática figura en la cara de la Luna es uno de los más bellos, pero al margen de leyendas esta especie endémica del país enfrenta hoy una dura realidad como consecuencia de la acelerada expansión urbana de la Ciudad de México.

“El zacatón es un grupo de plantas, de pastos muy enredados, donde el teporingo basa su existencia; también se le conoce como zacatuche, palabra que proviene del náhuatl zacatl que significa pasto y de tochtli que quiere decir conejo. Esta vegetación le brinda alimento, resguardo, nido, protección y cobertura frente a los depredadores”, señala Óscar González Santana, médico veterinario de la Facultad de Estudios Superiores (FES) Cuautitlán de la UNAM.

De acuerdo con la Norma Oficial Mexicana (NOM-059-SEMARNAT-2001) el teporingo o zacatuche se encuentra en la categoría de peligro de extinción; asimismo, la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) lo ubica en peligro. Por ello a partir de 2010 el gobierno federal propuso crear una unidad de manejo para su conservación.

Es una de las especies prioritarias del Programa de Conservación de Especies en Riesgo (Procer) por parte de la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (Conanp), pero el estudio de su biología y origen aún representa un misterio para la ciencia.

Características

El teporingo llega a medir entre 27 y 30 centímetros. Se puede reconocer fácilmente porque sus orejas son cortas y redondeadas. También posee patas pequeñas y una cola tan diminuta que apenas puede distinguirse.

Pertenece a la familia Leporidae, la única del género monotípico Romerolagus. Posee un pelaje corto y abundante de color amarillo mezclado con negro. Su parte más suave suele ser la abdominal.

Estos conejos se alimentan de las hojas tiernas de pastos y zacatones, viven en grupos de dos a cinco en conejeras hechas de maleza. Cuando sienten peligro hacen sonidos agudísimos para alertar a los demás integrantes de la madriguera.

Son sociales y territoriales, se cree que hay jerarquías donde las hembras dirigen las colonias. Todo esto no ha sido bien documentado; en realidad es muy poco lo que se sabe sobre esta especie.

“De acuerdo a diversos monitoreos se sabe que el teporingo vive en zacatonales de zonas volcánicas, rodeados de ocotes y oyameles, pero suelen bajar a la zona urbana en busca de comida. Se reproducen de forma similar a los conejos en las épocas de lluvia, pero al teporingo se le ve cada vez menos; esto tiene que ver con el crecimiento de la mancha urbana, tanto de la Ciudad de México como de Toluca y Puebla”, explica González Santana.

Agrega que mientras sus refugios naturales se acaban, la diversidad de sus depredadores aumenta porque no solo se trata de linces, coyotes, comadrejas, búhos y serpientes de cascabel sino que ahora se enfrentan también a perros y gatos domésticos, además de la cacería furtiva a cargo del ser humano e incluso a incendios.

De acuerdo con el especialista el teporingo es un animal indispensable para el equilibrio ecológico: forma parte de la cadena trófica, donde funge como un dispersador natural de semillas que permiten la reproducción de las plantas, lo cual conforma un ciclo ecológico.

Conservación

Hasta octubre de 2018, según un monitoreo realizado por la Conanp, había cinco poblaciones estables de teporingo: en el Parque Nacional Izta-Popo, en el Corredor Biológico Chichinautzin, en Milpa Alta, en Topilejo y en el Tepozteco.

Oficialmente distintas instituciones trabajan en conjunto con las comunidades para monitorear esta especie, difundirla y promover su reproducción en cautiverio.

Instancias de la UNAM, como el Instituto de Biología, el Instituto de Ecología y la Facultad de Ciencias, han realizado estudios para contribuir a su supervivencia: desde 1952 sobre el conejito de los volcanes se han emprendido 31 trabajos recepcionales a nivel licenciatura y posgrado.

González Santana, también especialista de la Unión Mundial para la Naturaleza (UICN), agrega que se han llevado a cabo intentos de reproducción en cautiverio para una posible reintroducción en el Zoológico de Chapultepec y San Cayetano, en México; el Zoológico de Jersey, Inglaterra; el Zoológico de Amberes, en Bélgica, y la Universidad de Hokkaido, Japón.

Datos certeros

La segunda quincena de septiembre pasado la noticia de su presunta extinción dio la vuelta al mundo. El seguimiento periodístico dio por muerto al teporingo pero días después se matizó al ubicar su desaparición solo en el Nevado de Toluca.

De acuerdo con José Sarukhán, investigador emérito del Instituto de Ecología de la UNAM, la forma en que esto se puede manejar y entender es con buena información, “con datos de investigaciones serias, de buena calidad, y que den resultados creíbles y objetivos: eso es lo que necesitamos”.

El teporingo es una especie que ha sido estudiada “porque es muy atractiva y porque está en un lugar muy especial. La mejor forma de conservarlo es saber de qué tamaño es el problema y resolverlo con la mejor información científica. Ese es el propósito de instituciones como la UNAM”, indica Sarukhán.

Finalmente, González Santana recuerda que “los mexicas asociaban a los conejos con la fertilidad. En algunos entierros prehispánicos se han encontrado restos de estos conejitos. Se les conocía como tepolito, que significa El de las rocas, porque habita también en regiones pétreas, en taludes”.

 

Familia: Leporidae.

Género: Romerolagus.

Especie: R. diazi.

Tamaño: largo de 23 a 32 centímetros.

Peso: 476 a 700 gramos.

Color: pardo-amarillo mezclado con gris en el dorso y costados.

Zona de distribución: parte central de la Faja Volcánica Transmexicana, en los volcanes Pelado, Tláloc, Popocatépetl e Iztaccíhuatl.

Hábitat: pastizales nativos alpinos y subalpinos que pertenecen al género Muhlenbergia, Festuca y Stipa.