Viernes 19 de enero de 2018
Derechos Humanos

Matrimonio y familia en México: retos en el siglo XXI

Matrimonio y familia en México: retos en el siglo XXI
2013-02-09 12:43:18 por Lorena Ríos
Foto: Internet

Joaquín Mendoza y Gloria López son padres de Sergio, Silvia y Laura, menores de edad. Ellos habitan en la casa de los abuelos, al norte de la Ciudad de México. Ahí comparten los gastos y los quehaceres del hogar, pues de otra manera no podrían salir adelante.

Cada mañana, Gloria lleva a la escuela a los hijos, para dirigirse después al transporte que la llevará a la panadería donde trabaja.

Mientras, el jefe de familia sirve el desayuno a los adultos mayores y les indica los medicamentos que deben tomar. Les recuerda que no deben abrir la puerta a nadie, por seguridad; luego, sale de prisa hacia la fábrica.

Es la fotografía de una familia que se considera “tradicional”, mientras que a su alrededor funcionan otras células donde la mujer es la jefa de familia, o bien dos personas del mismo sexo con hijos propios o adoptados funcionan como tal, o familias integradas por madres o padres solteros con hijos de un anterior matrimonio, así como adultos mayores que conviven con dos o hasta tres matrimonios bajo un mismo techo y sobreviven gracias a sus pensiones…

Y es que desde hace dos décadas la familia en México enfrenta nuevos y diversos retos y transformaciones en su estructura, que se reflejan en la vida doméstica, las relaciones familiares, los roles masculino, femenino e intergeneracionales, así como la organización del espacio hogareño y el tiempo de convivencia familiar.

Estos cambios también se traducen en un descenso de la nupcialidad, que contrasta con los crecientes índices de separación y divorcio.

Por otra parte, la transición demográfica incide en la célula familiar, donde la responsabilidad de cuidar a los padres ancianos se encuentra en manos de un número cada vez menor de hijos, que a su vez reducen el tiempo que dedican a la crianza de sus hijos pequeños al participar ambos en el sector laboral, refiere Sylvia Gutiérrez y Vera, maestra en Ciencias Antropológicas, cuya línea de investigación se enfoca en cuestiones de la vida cotidiana.

La situación se complica cuando se trata de familias vulnerables o en extrema pobreza, con progenitores con discapacidad, con enfermedades crónicas, donde exista maltrato y/o violencia doméstica, elementos que debilitan los lazos familiares y generan que niños y jóvenes queden abandonados, sin escuela, vulnerables a la explotación laboral, a embarazos no deseados o a infecciones de transmisión sexual.

Por lo anterior, las familias mexicanas requieren de apoyo para desempeñar sus funciones y satisfacer sus demandas, producto de los cambios económicos, sociales y culturales.

Es vital prevenir la vulnerabilidad social mediante el fortalecimiento de la comunidad familiar, con ayuda de políticas sociales de las diversas instancias de gobierno.

Transformación

En el marco del Día de San Valentín —sacerdote que desobedeció el decreto del emperador Claudio II, que prohibía los matrimonios para disponer de los jóvenes para la guerra, por lo que al ser descubierto fue encarcelado y decapitado un 14 de febrero—, la célula familiar cobra relevancia, pues ahí tiene lugar la vida en pareja, la reproducción de la especie humana y la formación de las identidades de género y creencias.

En este sentido, la también doctora en Filosofía y académica del Departamento de Comunicación de la Universidad Iberoamericana explica que “la familia como tradicionalmente la conocemos ha tenido que cambiar, porque el salario del hombre no alcanza; entonces la mujer ha tenido que salir a trabajar. Esta situación genera un cambio de roles en la familia, así como en cuestión del poder, ya que este se le otorgaba al proveedor, pero cuando hay dos proveedores genera una transformación, crisis y la necesidad de adaptarse al cambio”.

Gutiérrez y Vera señala que a veces, ante los cambios, “el amor vence todos los obstáculos y las mujeres y los hombres se adaptan, se acostumbran y siguen su vida afectiva; pero en otros casos la situación no sigue así y, por el contrario, viene el rompimiento”.

Crecen los divorcios

Este panorama se explica en los datos que arroja la Encuesta Nacional de la Dinámica Demográfica (Enadid), donde las estadísticas de nupcialidad registran 558 mil 913 matrimonios, es decir, 5.2 matrimonios por cada mil habitantes.

En cuanto a los divorcios, se reportan 84 mil 302 separaciones, equivalentes a 15.1 por cada 100 enlaces matrimoniales; esta relación muestra una tendencia creciente en los últimos años: entre 2000 y 2009 el monto de matrimonios se redujo 21% y el de los divorcios aumentó 61 por ciento.

Además, datos del Censo de Población y Vivienda 2010 muestran que en el país 43.9% de la población de 15 años y más está casada y 15.6% en unión libre, lo que en conjunto representa que seis de cada diez se encuentra unida. La población soltera representa 29.9% y solo una de cada diez (10.4%) está separada, divorciada y/o viuda.

La investigadora menciona que las transformaciones que han sufrido los hogares en México van de la mano con la situación económica, donde existe una mayor participación de la mujer, que se suman a un descenso en la fecundidad, la baja mortalidad y el aumento en la esperanza de vida, condiciones que provoca que en los hogares convivan tres o más generaciones emparentadas entre sí.

Información del Conteo de Población y Vivienda 2005 del INEGI y Conapo señala que en ese año existían 24.8 millones de hogares; para 2015 prevé que serán 30.2 millones; y para 2030 se espera aumentarán a 38.1 millones.

Pero a la par de su crecimiento, también se incrementarán las demandas y necesidades de la población por vivienda, educación, salud, alimentación, cultura, entre otros.

Jefas de familia

La proporción de hogares encabezados por una mujer se incrementa 33% entre 1990 y 2005. Mientras, los hogares encabezados por un hombre se redujeron 7% en el mismo lapso. Este fenómeno es reflejo de la disolución familiar cada vez a edades más jóvenes, un incremento de las madres solteras y la migración de los varones.

Aunado a este proceso, el aumento de la escolaridad femenina, la crisis económica y una mayor participación en el mercado laboral explican su incremento.

Por otro lado, las nuevas generaciones optan por la unión libre en lugar del matrimonio, aunque posteriormente decidan casarse. “No es por gusto. Muchas veces es por la situación económica, ya que la boda implica hacer un gasto importante y no tienen los recursos, pero tienen el deseo de estar juntos”, detalla la investigadora.

Agrega que “la economía se ha vuelto más precaria para la mayoría de la gente y obviamente los padres admiten que vivan en unión libre, aunque les gustaría que fuera de la forma tradicional, pero no existen las posibilidades financieras donde se pueda hacer un dispendio”.

Adultos mayores

Sylvia Gutiérrez explica que desde finales del siglo XX la situación económica en el país lleva a las mujeres a apoyar la economía familiar. Y ante los obstáculos para conseguir vivienda la mayoría opta por vivir con los padres (ya abuelos), quienes acogen a los hijos y nietos.

“Estábamos acostumbrados a vivir como muéganos. En México, a diferencia de otros países donde los abuelos son enviados a casas de descanso, es diferente; comparten el mismo espacio. Pero en los casos de familias pobres, sus miembros viven hacinados, una familia por cada cuarto, para sortear los retos de la endeble condición económica”, señala.

Datos del Censo de Población y Vivienda 2000 indican que en el país casi 23.1% de los hogares contaba con al menos un adulto mayor, pero cinco años después este indicador pasó de 6.4%, es decir, hogares donde viven solo adultos mayores, pues los hijos han abandonado el nido.

Los hogares integrados por los adultos mayores resultan vulnerables social y económicamente, por la merma en su salud y por la incertidumbre de sus ingresos monetarios.

Lo cierto es que la convivencia de varias generaciones en el hogar será cada vez más frecuente y habrá una mayor presencia de abuelos que requieren de la protección de sus familias y del Estado.

Finalmente, los niños son un eslabón familiar que requieren cuidados y protección. “Una sociedad sana es aquella que ve por la infancia, donde los pequeños están protegidos, que cuentan con un marco referencial para la vida adulta sana, con una crianza sólida en valores, ternura, cariño y una guía por la vida. Eso es lo que la sociedad quiere para todos sus hijos, que son evidentemente el futuro de la sociedad y del país”, concluye la especialista.


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Lorena Ríos
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