Domingo 18 de febrero de 2018
La lona y la brocha

A 48 años de las Olimpiadas México 68

Encendido de la llama juegos olímpicos México 68
2016-08-08 13:27:06 por Marsha Zepeda
Foto: Fmaa

México fue durante casi cinco décadas el único país latinoamericano que llevó a cabo y de manera muy exitosa unas Olimpiadas: los gobiernos de muchas naciones desconfiaban de nuestro país y dudaban que se pudiera llevar a cabo la justa deportiva universal más importante para nuestra casa común: el planeta Tierra.

Incluso hubo algunas iniciativas de países influyentes que a un año de la cita mundial pedían que se cancelaran y se llevaran a cabo en una nación de Europa o bien en Estados Unidos o Canadá, pero México aguantó vara y para fortuna de los Juegos Olímpicos y de todos los mexicanos se designó a Pedro Ramírez Vázquez como presidente del Comité Olímpico Organizador México 1968,  para lo que creó un equipo que no solo se hizo cargo de los edificios (estadios, Villa Olímpica, sedes alternas) sino que decidió que también sería una gran Olimpiada cultural en la que el diseño de las señales —tanto de los diferentes deportes como de las estaciones del Metro, de tráfico o bien útiles mapas— fueran tan sencillas y universales que todo el mundo —literalmente— las entendiera.

Además, sabiendo que en aquellos años solo un segmento de la población en México hablaba un segundo idioma.

Calidad estética

Así, a la cabeza de la arquitectura estaba Pedro Ramírez pero delegó en jóvenes diseñadores industriales las señalizaciones y logotipos, incluso el muy logrado México 68 y la entrañable paloma de la paz que siguen siendo de los más populares y con gran calidad estética en la historia de las Olimpiadas del siglo XX y lo que va del XXI.

Culturalmente hablando se creó la Ruta de la Amistad, que convocó a escultores de todo el orbe para hacer obras públicas monumentales y que hasta la fecha es un logro de estética urbana a nivel mundial.

Hace un par de años el Museo de Arte Moderno llevó a cabo una lograda muestra que dio a conocer todo este complejo proceso profesional y capacitado para llevar a cabo la Olimpiada como un éxito total. Vale la pena recalcar que se logró con creces.

En el caso de los traductores que atendieron a todas las delegaciones de atletas y que los llevaron a recorridos culturales por la Ciudad de México, los sitios arqueológicos y las otras sedes olímpicas, tuvieron la fortuna de escuchar una completísima serie de conferencias que impartió Salvador Novo sobre la historia cultural mexicana —mismas que marcaron a muchos de aquellos jóvenes traductores que hoy son reconocidos escritores—.

Y en el área de las artes visuales quienes recorrieron las exposiciones que se llevaron a cabo para celebrar la XIX edición de las Olimpiadas recuerdan, como si fuera ayer, la completa exposición del gran pintor inglés Francis Bacon, la muestra colectiva de arte naif yugoslavo y la lograda selección de bocetos de los murales de Juan O’Gorman.

México 68 fue una de las Olimpiadas que marcaron al mundo y que pusieron a México en la mira universal, más allá del deporte, porque lo situó como líder del diseño internacional y sobre todo culturalmente hablando tuvo uno de los programas más intensos y completos que haya habido —hasta ahora— en esta justa deportiva que se realiza cada cuatro años y pone al mundo a sus pies.

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Marsha Zepeda
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