Miércoles 23 de agosto de 2017
Historias del Poder

Trump, producto del imperio

Casa Blanca
2017-02-13 14:34:19 por Carlos Ramírez
Foto: Antonio Balaguer

Muchos sectores mexicanos con sentimientos pro estadunidenses perciben a Donald Trump como una anomalía en la dirección política de la Casa Blanca, pero en realidad es producto de las contradicciones sociales del capitalismo en su fase de expansión imperial crítica.

Las protestas internas en Estados Unidos contra la prohibición de visas a nacionales de países dominados por el grupo autodenominado Estado Islámico no implican un cambio en la política de dominación imperial de la Casa Blanca, sino que solo se oponen a la afectación de personas. Es decir, las sociedades estadunidenses conservadora y liberal han aceptado el papel imperial de Washington, solo que con atenuantes.

En este sentido, Trump representa una continuidad dialéctica de la evolución del imperio. La diferencia de Trump y Barack Obama es de estilos, porque Obama fue el primero que impuso restricciones a visas a nacionales de países islámicos radicales. Obama deportó a más de 2.5 millones de hispanos ilegales en EU y separó familias. Obama aprobó el más profundo programa de espionaje a ciudadanos a través de la Agencia de Seguridad Nacional y no solo mantuvo las leyes patrióticas antiterroristas de Bush Jr. —que Obama había votado como senador—, sino que además las profundizó sin reparar en los derechos constitucionales de los ciudadanos.

Los que extrañan a Obama se olvidan de que fue también un producto del imperio. La caracterización de EU como un imperio nació con su independencia: en 1826 inició su expansión hacia el oeste arrasando de manera criminal con las tribus indias y en 1847 le quitó a México la mitad de su territorio. La lista de “tentativas de despojo, agravios e invasiones” estadunidenses a México contabilizada por Gastón García Cantú no debe olvidarse: nada más ni nada menos que 285 en el periodo 1799-1918, una media de 2.4 por año.

Revisión

En este contexto, el expansionismo imperial de EU siempre fue avalado por la sociedad. Y en este sentido la condición de imperio ha convertido a Estados Unidos en un objetivo de ataques externos e internos. Los enfoques imperiales de Trump no se diferencian de los de Kennedy, Nixon, Reagan, los dos Bush y Obama. El único que quiso cambiar los enfoques imperiales fue James Carter y salió echado electoralmente del poder por Ronald Reagan.

De ahí que inclusive como esfuerzo de análisis político no se debe aceptar el hecho de que Trump sea una anomalía histórica. Muchos analistas progresistas mexicanos insisten en que hay un lado bueno en el imperio estadunidense, pero los estilos imperiales de Obama prueban que al final de cuentas la sociedad de EU permite figuras dirigentes diversas pero todas con un único objetivo: el mantenimiento por cualquier vía del american way of life o modo de vida estadunidense.

En todo caso, la indagación sociológica debe enfocarse sobre la situación en la que se encuentra la sociedad estadunidense, porque Trump se montó sobre los pánicos antiterroristas liberales de los años de Bush Jr. y Obama. El llamado de Trump a recuperar la grandeza americana convenció a votantes liberales, hispanos y afroamericanos. A la sociedad conservadora y neoconservadora se alió ahora el activismo electoral de la derecha tradicionalista.

Si se revisan las protestas, la oposición a Trump es contra sus excesos, no contra la condición imperial de la Casa Blanca.

 

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Carlos Ramírez

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