Viernes 20 de octubre de 2017
Economía

Floricultura mexicana, con potencial de exportación (I/II)

Rosas
2017-04-20 18:53:12 por Martha Mejía
Foto: Armen Iskandaryan

Enviada/ Ixtapan de la Sal, Edomex. México ocupa el tercer lugar a nivel mundial en superficie destinada al cultivo de plantas ornamentales, con aproximadamente 22 mil 700 hectáreas, pero únicamente 10% de la producción se utiliza para exportación y el resto se comercializa en el mercado local.

Actualmente los principales exportadores de flores a nivel mundial son Holanda, Colombia, Ecuador, Etiopía y Kenia, mientras que los grandes importadores o compradores globales son Estados Unidos, Alemania, Reino Unido, Holanda y Rusia.

“En México encontramos un gran potencial para convertirnos en uno de los exportadores más importantes. Para lograrlo necesitamos capacitar más y mejor a los floricultores de nuestro país, conectarlos con socios importantes en la cadena de valor y proporcionales las herramientas necesarias para implementar su producción y la calidad de la misma”, asevera Israel Chimal, gerente de unidad de negocios Altiplano de Syngenta.

Los número uno

Con el fin de desincentivar el cultivo de amapola en Colombia en los setentas, Estados Unidos junto con el gobierno colombiano firmaron diversos acuerdos para promover a la floricultura como una actividad altamente productiva, creadora de empleos y detonadora de una mejor calidad de vida. Al paso de los años, y sin tener las condiciones climatológicas óptimas, Colombia no solo se tecnificó sino que se convirtió en el principal productor de flores en América Latina (Ecuador es el segundo).

Por otra parte, hoy las exportaciones de flores en Europa alcanzan los dos millones de toneladas al año, haciendo de la floricultura una actividad millonaria, siendo Holanda el principal vendedor con 85% de las exportaciones totales.

Las grandes regiones consumidoras de flores cortadas de sus campos son Europa occidental, Japón y Estados Unidos.

México

En el país el mercado ornamental genera 188 mil empleos permanentes, 50 mil eventuales y más de un millón indirectos, de acuerdo con la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación (Sagarpa).

Alfonso Méndez Albarrán, floricultor de Villa Guerrero, Estado de México, dice a Vértigo que actualmente el mercado es estable, pero se podría abarcar mucho más. “Por ejemplo, Colombia y Ecuador tiene la garantía de vender 95% de su producción a Estados Unidos y Canadá. Nuestro caso es totalmente lo contrario: a veces solo llegamos a exportar 5% de nuestras flores. Lamentablemente nos falta mucha cultura en términos de calidad para poder competir con ellos”, explica.

En México 26 entidades participan en la producción ornamental. Las principales son el Estado de México, con 53% del total nacional; la CDMX, con 17%; Jalisco y Morelos, con 8% cada una, y Puebla, con 6 por ciento.

Del total de la producción nacional 12% se exporta a diferentes destinos y los principales mercados de compra son Estados Unidos y Canadá, siendo las que más se comercializan la gladiola, rosa, lilium, alstroemeria, clavel, esquejes sin raíz, de plantas en maceta y follaje leather.

Localmente la rosa es la flor que más se consume, seguida de la gerbera, anturio, lilium, tulipán, crisantemo, gladiola, clavel y los follajes de corte.

“El precio nos traiciona mucho, cuando se satura el mercado a veces tenemos que vender la flor (paquete) hasta en doce pesos; es ahí donde nos pega, ya que simplemente a una hectárea se le invierten semanalmente de seis a siete mil pesos, solo en agroquímicos y fertilización, sin contar la mano de obra, el agua para el riego, y el plástico y/o cartón para su empaque. Cuando vendemos a 20 pesos estamos perdiendo, por todo lo que se le debe invertir”.

El floricultor, con más de 20 años de experiencia, apunta que México tiene una cultura de autoconsumo ornamental, motivo por el cual el mercado local es estable.

“Las familias mexicanas son muy de comprar flores, ya sea para la virgen, para adornar la casa, para un velorio, para adornar en Navidad o simplemente para dar un detalle… Tenemos temporadas en las que nos recuperamos; por ejemplo: 10 de mayo, Día de Muertos y 14 de febrero. En esta última fecha es cuando más nos recuperamos porque el precio puede llegar a incrementarse hasta 30 o 40%”, asevera.

Lo ideal, comenta el integrante de la Asociación de Floricultores de Villa Guerrero, sería poder mantener un precio de 60 o 70 pesos todo el año: “Tendríamos mejores sueldos y mejores condiciones en nuestros invernaderos. Aquí hace falta cultura de exportación y sistematización, como la de los colombianos; ellos, por ejemplo, por hectáreas tienen doce empleados, mientras que nosotros tenemos siete u ocho personas, ya que nuestras utilidades no nos dan para pagar tantos sueldos”.

Tecnificación

En opinión de Pedro Vásquez, investigador de la Universidad INCCA de Colombia y asesor de cultivos en la Sabana de Bogotá, las flores son un negocio multicreativo y de múltiples ganancias, sobre todo para los países latinoamericanos.

“En Colombia no hay una cultura de consumo interno; por eso nos enfocamos tanto en el externo. Otro factor es que nosotros pagamos mano de obra e insumos en pesos y nuestros clientes nos pagan por el producto en dólares, lo cual lo hace un negocio muy rentable”, apunta en entrevista.

El también asesor de Caproflor Colombia reconoce que México representa una amenaza para el mercado colombiano y ecuatoriano, ya que cuenta con una posición privilegiada: no solo climatológicamente, para el desarrollo de la planta, sino también por la vecindad con Estados Unidos. “Si pensaran en exportar podrían hacerlo con transporte terrestre; comparando precios y costos, sería una décima parte de lo que nosotros invertimos por vía área, ya que no tenemos otra forma de llegar a ellos”, explica.

El especialista indica que la organización es un reto a vencer en la floricultura mexicana. “En nuestra experiencia, unir al gremio fue una tarea que tuvimos que superar. Si México simplemente se organiza podrá lograr cosas muy grandes. Requiere de capacidad de compra y de venta en su sector, creo que este factor es el que le falta. Los cultivos que he podido visitar son de excelente calidad, es cuestión de que se tecnifiquen y se unan”, puntualiza.

Añade que la tecnificación comienza con la capacitación humana. “En el caso de Colombia no existía inversión en el capital humano, hasta que nos dimos cuenta que era la clave. Fue a partir de esa inversión que pudimos comenzar a medir cada proceso; por ejemplo: el riego, los rendimientos, el suelo, el agua... Si yo puedo administrar lo que estoy midiendo, estoy progresando y yendo hacia una tecnificación; la otra parte es la adquisición de equipos que ayuden a multiplicar la labor que hacen las personas, y que pueden generar mayores utilidades”, finaliza.

En la siguiente entrega: flores genéticamente modificadas y su incursión en la floricultura mexicana.

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Martha Mejía
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