DEL CAMIÓN AL RECICLAJE: EL VIAJE OCULTO DE LA BASURA EN LA CDMX

“Separar los residuos es apenas el primer paso”.

Copia de COLUMNAS (1920 × 1080 px)-24.png
Bienestar
Compartir

La planta de Azcapotzalco transforma residuos en materiales reciclables, composta y combustible industrial.

Cada día miles de toneladas de residuos salen de hogares, comercios y oficinas de la Ciudad de México con rumbo a un destino que muy pocos conocen: lo que para cualquier ciudadano termina cuando el camión recolector se aleja de su calle es en realidad el inicio de una ruta invisible.

En la Estación de Transferencia y Planta de Selección Azcapotzalco esa basura se transforma en materiales reciclables, composta o combustible industrial. Ahí, entre el rugido de las bandas transportadoras, sensores ópticos y el trabajo de decenas de personas se libra una carrera diaria para rescatar la mayor cantidad posible de recursos antes de que se conviertan en desecho definitivo.

Viaje

El ruido de las bandas transportadoras apenas deja espacio para la conversación. A unos metros, una montaña de residuos recién descargados avanza lentamente hacia el sistema de separación. Botellas de plástico, cartón, restos de comida, envases y bolsas negras forman una masa heterogénea que en cuestión de minutos comenzará a dividirse en materiales con destinos completamente distintos.

Cada día llegan alrededor de mil toneladas de residuos y cerca de 400 camiones recolectores descargan su contenido para continuar sus rutas. Lo que ingresa como basura indiferenciada inicia un proceso diseñado para recuperar materiales aprovechables y reducir la cantidad de desechos que terminan en disposición final.

Para lograrlo la instalación opera las 24 horas mediante tres turnos. Mientras que durante el día se realiza la recepción y procesamiento de residuos, la noche se reserva para labores de mantenimiento profundo que garantizan el funcionamiento ininterrumpido de la maquinaria.

El primer obstáculo aparece incluso antes de la separación: la mayoría de los residuos llega dentro de bolsas de plástico anudadas, una práctica común en los hogares que dificulta enormemente la recuperación de materiales. Por ello, el circuito comienza con la apertura mecánica de las bolsas y el paso por cribas rotatorias que clasifican los desechos de acuerdo con su tamaño.

Después entra en acción la tecnología. Sensores ópticos identifican polímeros como el PET; separadores magnéticos recuperan metales ferrosos; y otros equipos rescatan aluminio y distintos tipos de plástico.

Sin embargo, las máquinas no lo hacen todo. A lo largo de las bandas de selección trabajadores especializados continúan clasificando manualmente aquellos materiales que requieren una separación más precisa.

“Todo lo que consumimos, todo lo que forma parte de nuestra economía y de nuestros hábitos en las casas, comercios y servicios, finalmente llega al camión recolector y termina aquí”, explica durante un recorrido por el lugar Ricardo Estrada Núñez, subdirector de Operación de Plantas de Selección de la Secretaría de Obras y Servicios de la Ciudad de México.

Entre el flujo constante aparecen envases, empaques, cajas de cartón y restos orgánicos que revelan, de forma anónima, lo que millones de personas compran, utilizan y desechan cada día. Separarlos es apenas el primer paso: el verdadero reto comienza al decidir qué puede volver a aprovecharse y qué seguirá formando parte del problema de la basura.

Qué sí se recupera

En el mundo de los residuos, pequeños detalles determinan si un material tendrá una segunda vida o terminará convertido en combustible industrial o desecho estéril.

Entre los materiales con mayores posibilidades de aprovechamiento se encuentra el PET, considerado uno de los casos más exitosos de economía circular. Su alta demanda permite que gran parte de las botellas recuperadas regresen a las cadenas productivas para transformarse en nuevos envases. Sin embargo, para lograrlo es necesario clasificarlo estrictamente por tipo y color, ya que cada categoría se cotiza de manera distinta en el mercado.

“Hay materiales que la máquina puede identificar, pero todavía necesitamos la intervención del personal para clasificarlos mejor y darles un valor agregado”, explica Estrada Núñez.

Además del PET la planta recupera aluminio, metales ferrosos, cartón, envases multicapa y algunos empaques flexibles. No obstante, el aprovechamiento se vuelve más complejo cuando un producto combina distintos materiales en su diseño; mientras más difícil es separarlos, menor es la posibilidad de reciclarlos.

Para Carla Gamboa, directora de Comunicación de ECOCE, el reciclaje depende de una cadena codependiente en la que participan ciudadanos, recolectores, centros de acopio, recicladores, industria y autoridades. “No importa que tengamos infraestructura, inversión o tecnología, si alguno de los eslabones falla”, señala durante el recorrido.

Los residuos orgánicos representan otro de los grandes desafíos de la planta, pues corresponden a cerca de 30% de los materiales que ingresan. Cuando los restos de alimentos se mezclan con papel, cartón o plásticos limpios, disminuyen drásticamente las posibilidades de recuperación de estos últimos y desploman su valor.

Al mismo tiempo, alrededor de 300 toneladas diarias de residuos no reciclables son transformadas en Combustible Derivado de Residuos (CDR), utilizado por la industria cementera como alternativa energética. Se trata de una última opción de aprovechamiento antes de que los materiales lleguen a su disposición final en un relleno sanitario.

La experiencia en Azcapotzalco demuestra que separar los residuos es apenas el comienzo. Detrás de cada envase recuperado existe un motor industrial capaz de devolverlo al mercado, pero también persisten materiales para los que todavía no existe una solución eficiente.

Marea

La recuperación que ocurre diariamente en las plantas de selección representa un avance importante, pero está lejos de resolver por sí sola la crisis de los residuos. De acuerdo con datos de ECOCE en México se generan más de 120 mil toneladas de residuos sólidos urbanos cada día, una cifra que refleja la magnitud del desafío a nivel nacional.

En la Ciudad de México las estaciones de transferencia, las plantas de selección y los centros de aprovechamiento trabajan de manera coordinada para contener esta marea de desechos. Además de rescatar materiales valorizables, estas instalaciones ayudan a disminuir la aparición de tiraderos clandestinos, optimizan el espacio de los rellenos sanitarios y mitigan problemas ambientales críticos, como la proliferación de fauna nociva y los malos olores.

De acuerdo con Estrada la separación de residuos desde el origen ha mostrado avances, particularmente en la fracción orgánica, lo que facilita su envío a plantas de compostaje y evita la contaminación cruzada con materiales como el papel y el plástico.

Para Gamboa la economía circular efectiva depende por completo de la corresponsabilidad: desde las decisiones de compra y separación que se toman en los hogares, hasta la capacidad de la industria para reincorporar los materiales recuperados en nuevos procesos productivos.

El recorrido deja una conclusión clara: la basura no desaparece mágicamente cuando sale de casa. Detrás de cada bolsa existe un engranaje de trabajadores, tecnología e infraestructura, que intenta rescatar valor del desperdicio. Sin embargo, el verdadero cambio comienza mucho antes de la planta de selección: inicia en la forma en que consumimos, separamos y asumimos la responsabilidad de aquello que utilizamos todos los días.

×