Ciudad de México, 18 de junio de 2026. En México habitan más de 17 millones de personas mayores de 60 años, lo que equivale a cerca del 13% de la población nacional, de acuerdo con los indicadores demográficos del Consejo Nacional de Población (Conapo). Este cambio demográfico abre una conversación necesaria sobre los cuidados que permiten vivir con autonomía, seguridad y dignidad.
Uno de ellos es la continencia, un tema que suele aparecer en la agenda solo cuando ya existe incontinencia, pero que está directamente relacionado con la calidad de vida, la movilidad, el descanso y la independencia de las personas.
El panorama cobra relevancia en el marco de la Semana Mundial de la Continencia, que se realiza del 15 al 21 de junio de 2026. Esta iniciativa anual, impulsada por la World Federation of Incontinence and Pelvic Problems, busca generar conciencia sobre los problemas de vejiga e intestino, el dolor pélvico crónico y otras condiciones que tienen impacto en la vida de pacientes, familias y cuidadores.
Para TENA, marca de Essity, esta fecha es una oportunidad para hablar de continencia desde la educación, la prevención y el cuidado oportuno, y no únicamente desde el tabú o la vergüenza.
Aunque la palabra más conocida es incontinencia, el punto de partida debería ser la continencia. En términos simples, la continencia es la capacidad de mantener el control urinario e intestinal: poder decidir cuándo ir al baño, llegar a tiempo, dormir con tranquilidad, salir de casa con seguridad y participar en actividades cotidianas sin miedo.
Cuando esa capacidad se altera, no solo aparece una pérdida involuntaria; también pueden surgir aislamiento, inseguridad, irritaciones en la piel, interrupciones del sueño, dependencia de terceros y sobrecarga para quienes cuidan.
“Hablar de continencia es hablar de autonomía. No se trata únicamente de atender una pérdida involuntaria, sino de proteger la seguridad, la confianza y la participación de las personas en su vida cotidiana. Cuando el tema se aborda con educación y sin vergüenza, el cuidado deja de ser reactivo y empieza a ser más humano, preventivo y digno”, afirmó Palmira Camargo, directora de Comunicación Corporativa y Asuntos Públicos de Essity en Latinoamérica.
El reto no está solo en las personas que viven con incontinencia, sino también en quienes las acompañan. Una investigación desarrollada por Augur para Essity consultó a 164 enfermeros, auxiliares y cuidadores profesionales que atienden a personas mayores con incontinencia y necesidad de cuidado permanente en Italia, Canadá, Reino Unido y Australia.
Sus hallazgos dejan aprendizajes relevantes para un país donde la población mayor aumenta y donde el cuidado en casa, el cuidado institucional y el acompañamiento de familiares y profesionales cobran cada vez más importancia.
El primer aprendizaje es que la continencia no puede abordarse como una tarea aislada, sino como parte de un modelo de cuidado centrado en la persona. El estudio encontró que los principales desafíos para brindar un cuidado efectivo están asociados con alta carga laboral (41%), escasez de personal (40%), falta de tiempo (39%) y acceso limitado a los productos más adecuados para cada paciente (38%).
Esto muestra que el cuidado de la continencia requiere algo más que resolver una pérdida involuntaria: necesita tiempo para evaluar, formación para orientar, criterio para elegir y soluciones que respondan a las necesidades reales de cada persona.
El segundo aprendizaje es que el cuidado de la continencia también impacta a quienes cuidan. Según el reporte, el 75% de los profesionales consultados considera que los retos en este cuidado afectan negativamente el bienestar de los pacientes, mientras que el 74% señala efectos sobre el bienestar del personal.
Además, el 79% afirma que estos desafíos aumentan la presión de trabajo y el 72% identifica desperdicios innecesarios relacionados con las prácticas actuales de cuidado. Para México, esto refuerza la importancia de mirar la continencia no solo desde el paciente, sino también desde las familias, cuidadores, auxiliares, enfermeros e instituciones que sostienen la atención diaria.
El tercer aprendizaje está relacionado con la calidad y la personalización. El análisis muestra que el 96% de los profesionales consultados afirma que tener acceso al tipo adecuado de productos les permitiría brindar un cuidado más eficiente, y el 95% considera que una mejor formación en continencia ayudaría a entregar una atención más efectiva. Además, el 92% está de acuerdo en que comprar en volumen productos de menor calidad puede resultar más costoso en el largo plazo.
En la práctica, esto significa que elegir una solución adecuada puede ayudar a reducir escapes, proteger la piel, evitar cambios innecesarios, disminuir la carga del cuidador y preservar la tranquilidad de quien recibe el cuidado.
“Cada persona tiene una necesidad distinta. En continencia, una solución adecuada puede ayudar a reducir escapes, proteger la piel, disminuir cambios innecesarios, aliviar la carga del cuidador y preservar la tranquilidad de quien recibe el cuidado. Por eso, este tema debe abordarse desde la educación, la personalización y la dignidad”, agregó Palmira Camargo.
La investigación también evidencia que el cuidado de la continencia necesita mayor prioridad en la toma de decisiones. Aunque el 82% de los profesionales consultados afirmó haber planteado preocupaciones sobre las prácticas de cuidado de la continencia en su lugar de trabajo y nueve de cada diez dijeron sentirse escuchados en alguna medida, el 95% considera que este cuidado debería ocupar un lugar más alto en las decisiones institucionales.

