Forjar hábitos alimenticios saludables en los hijos en la etapa preescolar

Es común observar una reducción en el apetito, un fenómeno natural que a menudo genera preocupación en los padres

ChatGPT Image 19 may 2026, 09_27_45 a.m..png
Cortesía Nestlé
Bienestar
Compartir

Ciudad de México, 19 de mayo, 2026. A partir del primer año de vida, los niños se transforman en pequeñas fuentes de energía, explorando el mundo que les rodea con una curiosidad insaciable. Esta etapa no solo marca un intenso desarrollo físico, social y cognitivo, sino que también representa una ventana de oportunidad fundamental para establecer hábitos alimentarios saludables que sentarán las bases de su nutrición a lo largo de toda su vida.
 
Durante el periodo preescolar, la velocidad de crecimiento disminuye en comparación con el primer año, lo que impacta directamente en sus patrones de alimentación. Por ejemplo, es común observar una reducción en el apetito, un fenómeno natural que a menudo genera preocupación en los padres. Sin embargo, es importante entender que esta modificación, en un alto porcentaje, se debe a un crecimiento más lento y a un mayor interés del niño por su entorno, que lo distrae de la alimentación.
 
Los niños tienen una capacidad innata para regular su ingesta de alimentos, respondiendo a sus señales internas de hambre y saciedad. Forzarlos a comer más de lo que desean puede distorsionar este equilibrio natural y, a largo plazo, favorecer la aparición de sobrepeso y obesidad. Por ello, siempre será importante conocer sus comportamientos y, ante cualquier duda, consultar a un profesional de la salud.
 
"Fomentar buenos hábitos de alimentación desde la infancia es una de las inversiones más valiosas para una vida saludable. Al integrar a los niños en el ambiente familiar de las comidas y respetar sus señales internas de hambre y saciedad, les ayudamos a construir una relación positiva y duradera con la comida,” comenta Ana Villarreal, gerente de Nutrición en Nestlé México.
 
Es importante señalar otro desafío común al que los padres se enfrentan y, a menudo, puede causarles frustración: la neofobia, la cual es la aversión para probar nuevos alimentos. Es posible que los pequeños limiten su dieta a tan solo unos pocos. La clave es la paciencia y la persistencia: ofrecer un nuevo alimento en repetidas ocasiones (entre 5 y 10 veces) les brinda la oportunidad de familiarizarse y aceptarlo. Sin embargo, siempre será importante conocer los comentarios y respetar los gustos y preferencias de nuestros pequeños.
 
Integración y exploración sensorial
 
Alrededor del primer año, la integración del niño a la alimentación familiar es esencial. En este sentido, sentarse a la mesa con la familia no solo fomenta hábitos y costumbres, sino que también les proporciona un sentido de seguridad y pertenencia. Además, se recomienda establecer rutinas y horarios de comida, dejando atrás la alimentación a libre demanda.
 
A medida que desarrollan habilidades físicas y sociales, los niños están listos para participar más activamente en el proceso alimentario.
 
Comer es una actividad placentera que involucra todos los sentidos. Por ello, estimularlos durante las comidas puede convertir este momento en una experiencia de aprendizaje y disfrute:
 

  • Vista: Presentar platillos con formas variadas, colores atractivos y presentaciones creativas estimula su apetito y curiosidad.
  • Oído: Incluir alimentos crujientes como galletas integrales o varitas de verdura añade una dimensión auditiva a la experiencia. Conversar sobre la comida también enriquece este momento.
  • Sabor: Ofrecer diferentes sabores en cada comida, introduciendo nuevos de forma sutil y paulatina.
  • Aroma: Permitirles percibir el olor de los alimentos, combinando aromas fuertes con suaves para un equilibrio agradable.
  • Tacto: Proporcionar una variedad de texturas (suave, espeso, trocitos, crudo, cocido) y permitirles explorar con las manos.

 
Estrategias para fomentar hábitos saludables
 
Fomentar una alimentación adecuada es un esfuerzo continuo que puede integrarse en las actividades diarias:
 

  1. Planificar los menús familiares: Involucrar a todos en la elección de los platillos semanales, considerando gustos y preferencias, siempre bajo la guía de los adultos y las recomendaciones de una alimentación equilibrada.
  2. Compra de alimentos: Aprovechar este momento para compartir información nutricional básica (por ejemplo, la vitamina A de la zanahoria para la vista), despertar la curiosidad por nuevos alimentos y fomentar la conciencia sobre el costo y la temporalidad de los productos.
  3. Preparación de alimentos: Permitir que los niños participen en tareas sencillas y seguras, como seleccionar, lavar, pelar o trocear ingredientes, siempre bajo la supervisión de un adulto.

 
La etapa preescolar es un lienzo en blanco para trazar el futuro bienestar de nuestros hijos. Cada decisión, cada interacción con la comida, desde la planificación hasta la mesa familiar, no es solo un acto de nutrición, sino una lección de vida.
 
Al dotar a nuestros pequeños de hábitos alimentarios conscientes y respetuosos con sus propias señales, les brindamos el mejor regalo: las herramientas para crecer fuertes, sanos y dueños de una relación armónica y duradera con su alimentación. Esta inversión temprana en su nutrición, acompañados bajo la supervisión de un especialista, es la semilla de una vida plena, activa y saludable.

×