Fracturas por estrés en soccer y otros deportes: ¿Cómo detectar las señales?

Ese dolor persistente detrás de los dedos cuando tu pie toca el suelo. Una molestia profunda en la espinilla que no desaparece. Incomodidad en la ingle con cada paso

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CDMX. 5 de junio de 2026. Estos síntomas pueden ser fáciles de ignorar, especialmente si corres o llevas un estilo de vida activo y ya estás acostumbrado a ciertas molestias del entrenamiento. Pero en algunos casos, son señales tempranas de una fractura por estrés — una lesión ósea que se desarrolla poco a poco y que puede empeorar rápidamente si no le haces caso.  

“Los huesos son tejido vivo, igual que la piel, corazón o sistema digestivo”, explica el Dr. Scott Rand, médico de medicina deportiva del Hospital Houston Methodist. “Los huesos se reconstruyen y se degradan como cualquier otra parte del cuerpo. Las fracturas por estrés ocurren cuando hay más desgaste que construcción, es decir, cuando el daño se acumula más rápido de lo que el cuerpo puede repararlo”.  

La mayoría de las fracturas por estrés no requieren cirugía para sanar. Pero reconocer los síntomas a tiempo puede marcar la diferencia entre una pausa corta en tu actividad y una recuperación mucho más larga.  

¿Qué es una fractura por estrés?
Una fractura por estrés es una pequeña grieta o un hematoma interno en el hueso que no es causado por un solo evento traumático. Más bien, se desarrolla con el tiempo cuando una fuerza repetitiva supera la capacidad del hueso para repararse.  

Cuando los músculos están fatigados y ya no pueden absorber el impacto repetido, esa sobrecarga se transfiere al hueso.  
Hay ciertos factores que aumentan la probabilidad de sufrir una fractura por estrés:
·       Deportes de alto impacto, como futbol soccer, correr, basketball, etc
·       Aumentos repentinos en el kilometraje o la intensidad del entrenamiento
·       Calzado inadecuado, como zapatos desgastados
·       Huesos frágiles
·       Mala nutrición
·       Desequilibrios hormonales en mujeres  

“El lugar más común donde vemos fracturas por estrés es en el pie, específicamente en el hueso detrás del segundo dedo”, detalla el Dr. Rand. “La mecánica del pie y la forma en que aterrizas también influyen mucho”.  

¿Cuáles son los signos de una fractura por estrés?
El síntoma principal de una fractura por estrés es el dolor en el “impacto del pie”, es decir, cuando tu pie toca el suelo durante la actividad. Al inicio, el dolor puede ser leve y aparecer solo durante el ejercicio. Tal vez notes una ligera hinchazón o un punto sensible al tacto. Si corres, es fácil caer en la tentación de ignorarlo y pensar que es algo normal.  
A medida que la lesión progresa, el dolor puede volverse más constante, persistir después de la actividad o interferir con tu forma de caminar o correr.  

Hay tres zonas en particular que requieren evaluación inmediata:
·       Detrás de los dedos (metatarsianos)
·       La parte frontal de la espinilla (tibia)
·       Profundamente en la ingle (cuello femoral, donde el muslo se une con la cadera)  

“Si tienes dolor en cualquiera de esas zonas, paras y vas al médico”, recomienda el Dr. Rand. “No debes correr con ese dolor. Una fractura por estrés en el cuello femoral es especialmente preocupante”.  

Para mujeres: ¿cómo influyen las hormonas y la nutrición en el riesgo?
El equilibrio hormonal juega un papel importante en la salud ósea, especialmente en mujeres. Algunas atletas piensan que es normal dejar de menstruar durante entrenamientos intensos, pero eso es un error común.  

“Si eres mujer y te están evaluando por una fractura por estrés, tu médico probablemente te preguntará sobre tu menstruación”, explica el Dr. Rand. “Si no estás ovulando, no tienes periodo. Y eso puede significar que tus niveles de estrógeno son bajos, lo que aumenta el riesgo de lesiones óseas”.  

La ausencia o irregularidad del periodo suele estar relacionada con una nutrición insuficiente. Puedes mejorar tu rendimiento y la salud de tus huesos trabajando con un nutriólogo deportivo para cubrir tus necesidades alimenticias. La formación ósea alcanza su punto máximo alrededor de los 35 años, por lo que la nutrición — especialmente el consumo de vitamina D y calcio — se vuelve clave en atletas jóvenes.  

¿Cómo se diagnostica una fractura por estrés?
El examen físico es el primer paso, pero los estudios de imagen ayudan a identificar el punto exacto de la lesión. Las radiografías suelen ser lo primero, pero muchas reacciones por estrés no aparecen en ellas. En cambio, la resonancia magnética (MRI) es actualmente el estándar de oro, ya que puede detectar inflamación en la médula ósea antes de que se forme una grieta.  

“La resonancia muestra diferentes grados de reacción por estrés”, comenta el Dr. Rand. “Eso nos ayuda a entender qué tan preocupante es y qué tan agresivo debe ser el tratamiento”.  

En algunos casos también se pueden usar tomografías o gammagrafías óseas, aunque la resonancia es preferida por su mayor precisión y eficiencia.  

¿Cómo se tratan las fracturas por estrés?
La base del tratamiento es simple, aunque difícil de aceptar si eres una persona activa: dejar de hacer la actividad de alto impacto que causó el estrés en el hueso.  

“Si se detecta temprano, cuando solo hay inflamación dentro del hueso, entre cuatro y seis semanas sin impacto pueden ser suficientes para sanar”, apunta el Dr. Rand.  

Sin embargo, algunas fracturas pueden requerir tratamientos más intensivos, como limitar el apoyo del peso con muletas o usar una bota ortopédica.  

“Una fractura por estrés en el cuello femoral puede ser muy preocupante dependiendo de dónde esté la grieta o el edema óseo”, enfatiza el Dr. Rand, del Hospital Houston Methodist. “Si esa zona es inestable, podríamos recomendar cirugía para colocar un tornillo de soporte antes de que el hueso se rompa”.  

La mayoría de las fracturas por estrés son leves y temporales. Con el descanso y tratamiento adecuados, la mayoría de las personas se recupera completamente y vuelve a su rutina habitual. Pero si ignoras los síntomas y fuerzas a tu cuerpo a seguir con dolor, la recuperación puede ser larga.

“Vemos muchas fracturas por estrés en la parte anterior de la tibia en jugadores de baloncesto y corredores”, dice el Dr. Rand. “Si eso progresa, la tibia puede llegar a partirse en dos. Este tipo de fracturas completas pueden requerir cirugía. La buena noticia es que la mayoría son muy recuperables”.  

¿Cuál es la mejor forma de prevenirlas?
A quienes corren les encanta correr. A quienes juegan baloncesto o soccer les encanta estar en la cancha. Pero el impacto acumulado puede pasar factura en tus extremidades inferiores. El Dr. Rand recomienda variar tu rutina para darle un respiro a tus huesos.  

“El entrenamiento cruzado con actividades de bajo impacto como nadar o andar en bicicleta puede ayudarte a mantenerte en forma mientras le das un descanso a tus huesos”, explica el Dr. Rand.  

No ignores el dolor persistente
Las fracturas por estrés empiezan de forma silenciosa, y no hacer caso a los síntomas puede convertir un problema pequeño en un gran retroceso.

Si sientes un dolor agudo y localizado que empeora con cada paso, especialmente en los dedos, la espinilla o la ingle, deja de entrenar y consulta a un médico. Escuchar a tu cuerpo es una de las formas más efectivas de mantenerte activo a largo plazo.

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