Cdmx, 20 de julio de 2026.- El Instituto Nacional de Investigaciones Forestales, Agrícolas y Pecuarias (INIFAP) desarrolló nuevas variedades de frijol con mayor rendimiento, resistencia a enfermedades y mejor adaptación a condiciones de sequía, con el objetivo de fortalecer la producción nacional de este cultivo estratégico.
De acuerdo con el organismo, los frijoles de tipo Negro y Pinto representan más de la mitad de la superficie sembrada en México, con alrededor de 900 mil hectáreas, además de concentrar la mayor parte de la producción y el consumo en el país.
Durante más de una década, el instituto ha trabajado en el mejoramiento genético de estos cultivos y actualmente cuenta con 11 variedades mejoradas de frijol Negro. Diez de ellas corresponden al tipo negro opaco de grano pequeño: Tacaná, Comapa, Primavera 28, Verdín, San Blas, Rubí, NOD-1, Rincón Grande, Tijax y Nayarit 26, mientras que San Luis 22 pertenece al tipo negro brillante. Una segunda variedad de este último tipo se encuentra en proceso de liberación.
Estas semillas fueron desarrolladas para ofrecer mayor potencial de rendimiento, adaptarse a distintas regiones agrícolas y presentar resistencia o tolerancia a las principales enfermedades que afectan al cultivo.
Además, incorporan características que benefician al consumidor, como menor tiempo de cocción y un mayor contenido de proteína, fibra dietética, carotenoides y minerales.
En el caso del frijol Pinto, el INIFAP desarrolló las variedades Centauro, Rarámuri, San Rafael, Salinas, PID-1, PID-2, Tepehuan RS y Río Grande, las cuales muestran buen desempeño tanto en condiciones de temporal como de riego en diferentes regiones productoras del país.
Entre sus principales atributos destaca el lento oscurecimiento del grano, una característica que ayuda a conservar su calidad comercial durante más tiempo y facilita su venta. Asimismo, el instituto anunció que una nueva versión derivada de Pinto Saltillo iniciará próximamente su proceso oficial de registro.
Los investigadores también han enfocado sus esfuerzos en obtener materiales con mayor tolerancia al estrés hídrico, capaces de aprovechar mejor la humedad disponible y mantener rendimientos más estables frente a la variabilidad climática.
Con estas variedades, el INIFAP busca contribuir a que los productores enfrenten los efectos de la sequía y mejoren la productividad del cultivo de frijol, uno de los alimentos básicos de la dieta mexicana.

