Ciudad de México, México, 5 de agosto. La lipohipertrofia es una alteración del tejido graso que puede desarrollarse en las zonas donde se administra insulina repetidamente. Puede sentirse como un área engrosada, endurecida, elástica o con pequeños bultos debajo de la piel. En algunos casos son visibles, en otros, solo pueden identificarse mediante una evaluación cuidadosa. Aunque es una de las complicaciones más frecuentes relacionadas con la aplicación de insulina, continúa siendo frecuentemente subdiagnosticada.
La importancia de identificarla no está relacionada únicamente con la apariencia de la piel. Aplicar insulina en una zona con lipohipertrofia puede producir una absorción menos predecible, aumentar la variación de la glucosa y dificultar el control de la diabetes. También pueden provocar niveles más altos de hemoglobina glucosilada, mayor riesgo de hipoglucemia y necesidad de utilizar dosis de insulina hasta un 25% más elevadas para alcanzar un control glucémico.
Las recomendaciones para su prevención fueron desarrolladas por un panel formado por 13 especialistas internacionales con experiencia en endocrinología, atención primaria, investigación y manejo de la diabetes. Después de una revisión de la literatura y cinco rondas de evaluación, el grupo acordó 15 recomendaciones basadas en consenso relacionadas con los factores de riesgo, la detección, la prevención, el manejo y la educación sobre la lipohipertrofia.
Mariana Buss, PhD, profesional de Medical Affairs en embecta Latinoamérica, explica que “muchas personas continúan utilizando la misma zona porque allí las inyecciones resultan menos dolorosas. Sin embargo, esa práctica favorece el desarrollo de la lipohipertrofia y puede alterar la absorción de la insulina”.
La falta de una rotación sistemática de los sitios de aplicación de insulina fue identificada por los especialistas como el principal factor de riesgo modificable para desarrollar lipohipertrofia. De acuerdo con el artículo, las personas que aplican insulina repetidamente en el mismo sitio presentan un riesgo nueve veces mayor de desarrollarla que aquellas que sí realizan ésta rotación.
En lugar de aplicar la insulina de manera aleatoria, cada zona puede dividirse en cuadrantes o secciones, utilizando una sección diferente cada semana. Cada inyección debe realizarse a una distancia mínima de un centímetro de la aplicación anterior, aproximadamente el ancho de un dedo adulto. Las diferentes zonas también necesitan periodos de descanso antes de volver a ser utilizadas.

Otros factores de riesgo incluyen: utilizar insulina durante más de dos años, reutilizar una misma aguja más de cuatro veces, necesitar dosis o concentraciones más altas de insulina y no haber recibido una capacitación adecuada sobre la técnica de aplicación. Algunos posibles signos que deben hacer sospechar lipohipertrofia son: un aumento de la dosis de insulina sin una explicación clara, mayor dificultad para controlar la glucosa o variaciones inesperadas de los niveles glucémicos.
Los especialistas recomiendan que todas las personas que utilizan insulina subcutánea tengan sus sitios de aplicación evaluados de manera sistemática cada seis meses durante los primeros dos años de tratamiento y, posteriormente, una vez al año. Las personas con mayor riesgo pueden necesitar una evaluación cada tres meses. Éstas son quienes reutilizan agujas, no rotan correctamente los sitios, ya presentaron lipohipertrofia, utilizan dosis más altas o tienen una historia más prolongada de tratamiento con insulina.
Buss señala que “no siempre es posible identificar la lipohipertrofia únicamente mirando la piel. Por eso, también palparla de manera organizada puede ayudar a detectarlas”. El ultrasonido puede considerarse cuando exista sospecha de lipohipertrofia subclínica o cuando el examen clínico no sea concluyente.
El panel también recomienda utilizar una aguja nueva en cada aplicación. La reutilización está asociada con un mayor riesgo de lipohipertrofia y puede aumentar el daño repetido al tejido. Para la mayoría de las personas, recomiendan agujas de 4 mm para las plumas de insulina o de 6 mm para las jeringas, generalmente con un calibre 32G.
“Una persona no debe simplemente abandonar una zona afectada y continuar utilizando la misma dosis sin acompañamiento médico. Cuando la absorción mejora, la dosis anterior puede volverse excesiva. El equipo de salud debe orientar esta transición y evaluar si es necesario ajustar el tratamiento”, explica Buss, ya que puede aumentar el riesgo de hipoglucemia y hacer necesario reducir la dosis entre un 10% y un 25%.
El artículo también resalta que la educación sobre la técnica de aplicación debe comenzar desde el inicio del tratamiento con insulina y ser reforzada regularmente. La orientación debe incluir las zonas adecuadas para la aplicación, la rotación organizada, el uso correcto de las agujas, el reconocimiento de los primeros cambios en la piel y la importancia de comunicar cualquier alteración al profesional de la salud.
“La técnica de inyección correcta no debe enseñarse solo una vez”, concluye Buss. “Es necesario revisarla durante las consultas, ya que pequeños hábitos como elegir siempre el mismo lugar de inyección o reutilizar la aguja, pueden afectar la eficacia de la insulina”
Para más información general sobre diabetes, consulte fuentes oficiales o profesionales de la salud: atencion_diabetes@embecta.com / www.embecta.com/mx/es-mx/

