Los mejores alimentos para la salud de tu cerebro

Un bajo consumo de omega-3 se ha relacionado con deterioro cognitivo

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Bienestar
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CDMX. 1 de julio de 2026. La salud cerebral está estrechamente relacionada con lo que comemos todos los días. El cerebro trabaja sin descanso para regular la memoria, el estado de ánimo y la concentración, y depende de nutrimentos específicos para funcionar adecuadamente a lo largo del tiempo.

Un estudio publicado en la revista Neuron mostró que, aunque el cerebro representa apenas el 2% del cuerpo, consume alrededor del 20% del oxígeno disponible en el organismo. Esto significa que también utiliza el 20% de las calorías consumidas, ya que el cuerpo necesita oxígeno para metabolizar los alimentos y producir energía. Por cada litro de oxígeno que respiramos, se queman cinco calorías.

El cerebro necesita una enorme cantidad de energía para funcionar y trabaja mejor cuando recibe un suministro constante de estos nutrimentos. La Dra. Krystal López, médica de atención primaria del Hospital Houston Methodist, explico que aunque parezca sorprendente, el cerebro está compuesto en un 60% por grasa, específicamente ácidos grasos poliinsaturados (PUFAs, por sus siglas en inglés).

Estas grasas se consideran “ácidos grasos esenciales” porque deben obtenerse a través de la alimentación y deben formar parte habitual de la dieta. Un bajo consumo de omega-3 se ha relacionado con deterioro cognitivo asociado al envejecimiento y con un mayor riesgo de desarrollar enfermedad de Alzheimer. Dos tipos clave de omega-3 son el ácido eicosapentaenoico (EPA, por sus siglas en inglés) y el ácido docosahexaenoico (DHA, por sus siglas en inglés), ya que ayudan a combatir la inflamación, reparar células cerebrales e integrarse en la capa protectora de las células nerviosas. “Las grasas omega-3 tienen un efecto neuroprotector. Ayudan a mantener la estructura de las membranas neuronales, algo fundamental para la comunicación y el funcionamiento de las células cerebrales”, explicó la especialista.

“Las vitaminas del complejo B, especialmente el folato, contribuyen de forma importante a la función cognitiva. En algunas personas con deterioro cognitivo leve, se ha observado que ayudan a ralentizar ciertos tipos de atrofia cerebral. Tener niveles bajos de vitaminas B puede afectar la salud mental y se asocia con un deterioro progresivo de la función cerebral. Las vitaminas B y el folato también son fundamentales para descomponer la homocisteína, un aminoácido presente en las proteínas. Los niveles elevados de homocisteína se consideran un factor de riesgo para desarrollar demencia y enfermedad de Alzheimer”, explicó.

El cerebro es especialmente vulnerable a la inflamación, muchas veces causada por los radicales libres: moléculas inestables de oxígeno que pueden dañar células, proteínas y ADN. Los antioxidantes, incluidas las vitaminas C y E, así como diversos fitonutrimentos, ayudan a proteger al organismo del daño provocado por los radicales libres y el estrés crónico. Los fitonutrimentos son compuestos químicos naturales presentes en frutas y verduras que ayudan a proteger a las plantas contra bacterias, plagas y hongos. Estas sustancias también pueden ayudar a proteger a las personas frente a distintas enfermedades. Hasta ahora se han identificado más de 10,000 fitonutrimentos en plantas utilizadas en la alimentación, y muchos de ellos se consideran flavonoides.

Diversos flavonoides pueden atravesar la barrera hematoencefálica, lo que significa que pueden actuar directamente sobre el cerebro. Un alto consumo de alimentos ricos en flavonoides se asocia con un menor deterioro cognitivo, incluido un retraso en enfermedades como Parkinson, Alzheimer y padecimientos isquémicos como el accidente cerebrovascular y el infarto. “El cerebro es especialmente vulnerable al estrés oxidativo. Los antioxidantes ayudan a proteger contra ese daño, por eso los alimentos de origen vegetal desempeñan un papel tan importante en la salud cerebral”, resaltó la especialista.

La vitamina D probablemente es más conocida por su papel en la salud ósea, pero también es un componente esencial para todas las células del cuerpo. Esta vitamina es importante para la función neuromuscular y, por ello, niveles bajos pueden afectar la salud cerebral. “Los niveles bajos de vitamina D se han asociado con deterioro cognitivo. Es uno de esos nutrimentos que influye en mucho más que la salud de los huesos”, añadió.

Los mejores alimentos para la salud cerebral

Estos alimentos contienen nutrimentos que el cerebro necesita y que han demostrado tener efectos protectores sobre este órgano. Los frutos rojos son pequeñas potencias antioxidantes con altas concentraciones de fitonutrimentos, especialmente polifenoles. Muchas variedades contienen grandes cantidades de antocianinas, responsables de los colores azul, rojo o morado. También aportan abundante fibra: una taza de frambuesas o moras contiene ocho gramos de fibra; una taza de arándanos aporta cuatro gramos y una taza de fresas, tres. Los antioxidantes se concentran principalmente en la piel de los frutos, por lo que, mientras más intenso sea el color, mayor será la cantidad de antioxidantes disponibles. Por ejemplo, al comprar fresas, conviene elegir las de color rojo profundo y oscuro en lugar de las más claras.

Las verduras de hoja verde son ricas en vitamina K, betacaroteno, luteína, folato y muchos otros nutrimentos. Un estudio observacional publicado en 2018 mostró que consumir una porción diaria de verduras de hoja verde podría ayudar a ralentizar el deterioro cognitivo asociado al envejecimiento. De hecho, los participantes que consumían más verduras verdes presentaban cerebros que parecían hasta 11 años más jóvenes en comparación con quienes consumían menos.
También vale la pena recordar que las verduras verdes son una excelente forma de sazonar los alimentos.

Las hierbas secas siguen considerándose verduras de hoja verde. Aunque algunos estudios muestran que las hierbas frescas suelen contener más polifenoles por gramo que las secas, lo más importante es cocinar con ingredientes que realmente se utilicen.

Comprar hierbas frescas para dejarlas marchitar en el refrigerador no aportará beneficios al cerebro, así que las hierbas secas también son una excelente opción. Al igual que ocurre con las frutas, consumir verduras de distintos colores ayuda a obtener una mayor diversidad de flavonoides. Además, las verduras contribuyen a alcanzar el consumo diario recomendado de fibra, algo importante no solo para la digestión, sino también para mejorar la absorción de flavonoides.

Cuando se busca favorecer la salud cerebral, la carne roja, el cerdo y las aves deberían ocupar un papel secundario en el plato, no ser los protagonistas. Lo ideal es que representen apenas una cuarta parte de la comida. En cambio, conviene aumentar el consumo y variedad de pescados y mariscos a una o más porciones por semana. ¿La razón? Son ricos en ácidos grasos omega-3, vitaminas D y B12, además de colina.

Un estudio mostró que las personas con dietas bajas en omega-3 obtuvieron peores resultados en pruebas de memoria visual y función ejecutiva que quienes consumían mayores cantidades de estos ácidos grasos. Las nueces y semillas son muy importantes en la alimentación.

Contienen mucha vitamina E y también pueden aportar omega-3, aunque es importante moderar las porciones porque son alimentos con alta densidad calórica. Las almendras contienen más vitamina E que cualquier otro fruto seco, mientras que las nueces destacan por su contenido de ácido alfa-linolénico (ALA, por sus siglas en inglés), un tipo de omega-3. Las semillas de chía y linaza también son ricas en ALA.  

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