Ciudad de México, México, 8 de septiembre. Durante años, hablar de menopausia se concentró principalmente en síntomas como bochornos, alteraciones del sueño o cambios emocionales. Sin embargo, existe otra transformación menos visible, pero fundamental: la salud metabólica.
En el curso de la transición menopáusica pueden producirse cambios en la composición corporal y en algunos parámetros metabólicos, aunque no ocurren de la misma manera en todas las mujeres. Esta etapa puede representar una oportunidad para revisar factores de riesgo cardiometabólico y promover medidas de prevención y seguimiento individualizadas.
En el marco de la 7.ª edición del Foro Internacional “Ser Mujer”, que se llevará a cabo este 10 de septiembre en Puebla, esta conversación cobra especial relevancia: la prevención puede comenzar por un estilo de vida saludable con acciones cotidianas como mantener una alimentación equilibrada, realizar actividad física (incluido el entrenamiento de fuerza) y dormir adecuadamente. Pero también implica acudir a revisiones para identificar a tiempo cambios en peso, composición corporal, glucosa, presión arterial y lípidos.
“La menopausia es un momento de la vida en el que vale la pena hacer una pausa y revisar cómo está funcionando nuestro metabolismo. No debemos asumir que aumentar de cintura, perder músculo o alterar la glucosa es simplemente parte de la edad, son señales que pueden y deben evaluarse y atenderse”, explica el Doctor Ernesto García Rubí, endocrinólogo experto en diabetes y obesidad.
Tras la menopausia, la disminución de estrógenos tiende a provocar que la grasa se acumule a menudo en forma de grasa abdominal. La disminución de testosterona puede reducir la fuerza muscular y aumentar la proporción de grasa con respecto al músculo. Estos cambios pueden favorecer una mayor resistencia a la insulina, es decir, que el organismo necesite producir más insulina para mantener la glucosa bajo control. En presencia de otros factores de riesgo, estas alteraciones metabólicas pueden contribuir a un mayor riesgo de desarrollar diabetes tipo 2.
Y el vínculo funciona también en sentido contrario. La obesidad y la diabetes no son consecuencias inevitables de la menopausia, pero cuando están presentes pueden contribuir a un perfil cardiometabólico más complejo, por lo que resulta importante evaluar los factores de riesgo de manera individual. Por eso, más que observar cada condición por separado, es necesario entenderlas como parte de un mismo escenario.
De acuerdo con proyecciones del Consejo Nacional de Población (CONAPO), para el año 2050, 33.5 millones de mujeres atravesarán por la menopausia.
Cuando además existe obesidad, la evaluación clínica debe ir más allá del peso corporal e incluir, según corresponda, los antecedentes de la persona, la composición corporal, los hábitos, las condiciones asociadas y el riesgo cardiometabólico. Esta valoración permite orientar un abordaje individualizado que puede incluir intervenciones sobre el estilo de vida y, cuando esté indicado, otras opciones terapéuticas.
Entre las opciones disponibles para el manejo de determinadas condiciones metabólicas se encuentran algunos medicamentos basados en GLP-1, que cuentan con indicaciones aprobadas para el tratamiento de la diabetes tipo 2 y/o de la obesidad, dependiendo del medicamento y de la indicación autorizada. Es importante precisar que estos medicamentos no son tratamientos para la menopausia. Pueden formar parte del manejo de condiciones metabólicas que coincidan con esta etapa, siempre bajo valoración y seguimiento médico.
“Hoy contamos con más herramientas para tratar la obesidad y la diabetes, pero eso no significa que exista una solución universal. Los medicamentos deben formar parte de una estrategia integral y utilizarse cuando realmente están indicados, la alimentación, el ejercicio y el seguimiento médico siguen siendo fundamentales”, señala el Doctor García Rubí.
En las mujeres que además viven con diabetes y utilizan insulina, la educación sobre una técnica de inyección adecuada constituye otro componente relevante del manejo, además de contar con el tratamiento indicado. La educación terapéutica debe enseñar a seleccionar y rotar los sitios de inyección, utilizar correctamente el dispositivo de administración indicado y evitar áreas con alteraciones del tejido, de acuerdo con las recomendaciones aplicables, ya que una técnica inadecuada puede afectar la absorción de la insulina y dificultar el control de la glucosa.
“La educación en diabetes no debería terminar cuando el paciente sale del consultorio con una receta. Enseñar cómo, dónde y cuándo aplicar la insulina es parte de la prescripción. Una técnica adecuada puede ayudar a que el tratamiento funcione de la manera esperada y, sobre todo, da al paciente herramientas para participar activamente en el cuidado de su salud”, enfatiza el especialista.
Como compañía especializada en dispositivos para la administración de insulina, embecta apoya iniciativas de educación en diabetes orientadas a promover el uso adecuado de las terapias inyectables y una mayor participación de las personas en el cuidado de su salud.
Para más información general sobre diabetes, consulte fuentes oficiales o profesionales de la salud: atencion_diabetes@embecta.com / www.embecta.com/mx/es-mx/

